Orgullo tucumano: la pasión por los caballos le hizo ganar… felicidad

“Los caballos tienen un corazón tan puro que nos ayuda a sanar el nuestro”

Adrián “Andy” De Fusco nació y vive en Tucumán. De una familia de cinco hermanos y papá empresario, su mandato, quizás, era continuar el legado familiar (los negocios).

Desde chico comenzó a manifestar el amor hacia los caballos. Si tenía que elegir entre bicicletas, pelotas o caballos, se inclinaba por estos últimos. “Nací y ya había caballos en mi casa”, comenta Andy. En la casa familiar, de San Javier, comenzó “su conexión” con los caballos que se incrementó y nunca se cortó hasta la actualidad; “y será hasta que deje este mundo”, cuenta Andy.

Lo que era un juego, se convirtió en un deporte a los 12 años de edad. Primero fue en la Escuela de Equitación “Los Lapachos”, en Yerba Buena. Luego, pasó al Club Hípico Tucumán. En el años 1988, cuando se funda la Escuela de Equitación del Jockey Club, comienza a practicar ahí, hasta el día de hoy (es el socio más “veterano”, “no de edad”, aclara).

“Mi primer caballo deportivo fue ´‘Tía Norma’ y con ella empecé a practicar salto. Pero luego de tener una carrera mala como jinete de salto, en el año 1994 incursioné en el Dressage, hasta hoy”, cuenta De Fusco. (N.R.: La doma clásica o adiestramiento​ (en francés e inglés: dressage) es una de las disciplinas olímpicas que forman la equitación). En esa disciplina, De Fusco se consagró Campeón Nacional en dos oportunidades: “El caballo era ‘Villa Valeria Rango’, regalo de una gran amiga, Annie Busso Perkins de Vigil, amazona internacional”.

Actualmente, Andy se dedica a entrenar y enseñar Dressage a muchas personas, hombres y mujeres, de diferentes edades; tanto en el Jockey Club como en el Club Las Moras de Concepción. Además de ser jurado en distintos campeonatos, dicta “clínicas”, varias veces al año. “Andy” es un referente de la equitación, es consultor y colabora con muchos clubs de la provincia y afuera también, “aunque mi corazoncito está en el Jockey Club”, aclara. “Una de las personas que me ayudó mucho en mi progreso deportivo es Césare Lopardo Grana (Buenos Aires), un gran jinete, entrenador y jurado internacional”, recuerda.

Aclara que el cuidado de los caballos es muy exquisito, “como a un niño”. “Tenemos veterinarios permanentemente, que se ocupan no solo de la salud del animal sino de la alimentación. Existen los llamados ‘petiseros’ que viven y cuidan día a día a los caballos, dándoles de comer, bañándoles, cepillando su pelaje”.

“Hay quienes sostienen que los caballos son símbolos de libertad, resistencia, majestuosidad, espíritu, determinación y coraje. Son criaturas conocidas por esforzarse y no se rinden fácilmente”, expresa Andy.

“Hay algo increíble que me pasó y terminó de confirmar lo que significan los caballos para mí. En enero de 2023 mi mamá (‘kika’ para la familia), falleció repentinamente. Ella y yo éramos el uno para el otro, era todo para mí. Creí que el mundo se me venía abajo. Decidí refugiarme en mi lugar en el mundo´ que es la casa de San Javier; y allí llegó ‘Rodolfo’, un caballo que cayó como ´regalo del cielo´, y él me ayudó a transitar el duelo de mi pérdida. Para aquellos que no lo crean, yo les puedo asegurar que el caballo es uno de los seres más nobles que te ayudarán a sanar”.

Los caballos son todo lo que “Andy” necesita. Le dieron aprendizaje, logros y orgullo, amigos, alguna tristeza, pero lo que más le dio es FELICIDAD.

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