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Sus familias tienen un proyecto de vivienda independiente, algo inédito en el país

Agustina, Mateo y Leandro Otero y López Padros son “un ejemplo de que se puede”, dicen sus madres. Recuerdan que cuando sus hijos nacieron, ellas aceptaron el diagnóstico, pero no la etiqueta del “no podrán hacer esto o aquello”. Con dedicación y amor y el asesoramiento de la Asociación Síndrome de Down (ASDRA), asistieron a jardines, primarias y secundarias inclusivas y realizaron cursos de capacitación en el mundo laboral.

En ese camino, los cuatro amigos se encontraron con muchos peros y prejuicios, pero los derribaron a todos. Ahora, con ese mismo empuje, contención y amor, sueñan con una casa en la que se imaginan independientes y como anfitriones de reuniones familiares.

Agustina Segnati, de 28 años; Leandro López Padrós, de 32; Leandro Otero, de 30; y Mateo Kawaguchi, de 29, son jóvenes con Síndrome de Down y no solo tienen trabajos formales. Van a clases de teatro, disfrutan de sus terapias, hacen actividades físicas y viajan solos en colectivo, subte o tren para ir de un lado a otro.

Todos viven con sus padres, pero sueñan con abandonar el nido, tal como lo hicieron ya algunos de sus hermanos. “Somos 4 jóvenes con Síndrome de Down que buscamos apoyo para vivir solos”, se lee desde su cuenta de Instagram Amasando prejuicios, en donde muestran su recorrido hacia ese objetivo.

“Que un hijo sea independiente y feliz es el deseo de todo padre. Más aún, sabiendo que en algún momento no vamos a estar”, cuentan las madres de los cuatro amigos, Gladys, Marcela, Liliana y Gabriela. “Para ese entonces, queremos que sus hermanos y familiares sigan relacionándose con ellos como lo que son, no como cuidadores”, explica Gabriela.

Para lograr ese sueño, ellas y sus familias tienen una idea o proyecto de “vivienda independiente” para personas con discapacidad de aprendizaje, algo que aún no se ha visto en el país, pero que puede ser la punta de lanza para que las personas con distintas discapacidades intelectuales logren “irse a vivir solas”.

“Me quiero ir a vivir solo con mis amigos porque tengo ganas”, dice Leandro Otero y lanza una carcajada contagiosa que se repite en los diferentes cuadritos de la videollamada en la que se logró reunir a estos jóvenes, un día de semana por la tarde. Todos se conocieron, desde muy pequeños, gracias a que sus madres se hicieron amigas en la sala de espera de las terapias de estimulación temprana para niños con Síndrome de Down.

Leandro trabaja en la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, donde da charlas y capacitaciones internas. Además, es maestro pizzero y pastelero como sus tres amigos.

Mateo trabaja, dos veces por semana, como apoyo en las clases de la Escuela de la Asociación de Propietarios de Pizzerías y Casas de Empanadas de Argentina (Appyce), donde estudió. Allí es una gloria, ya que en 2017 representó al país en el Mundial de la Pizza en Italia y obtuvo el 4° puesto en “Pizza al Molde”. También trabaja en una cadena de pizzerías y como mozo en la Jefatura de Gobierno porteño. “Con mis trabajos me puedo ir a vivir solo”, dice.

Agustina acota: “Me gustaría vivir con mis amigos porque es más divertido. Yo trabajo en una YPF (en el local de comida de la marca) y me encanta trabajar en equipo. Así que todos nos podemos organizar para compartir gastos”. Su expertise es la administración y la atención al público; además ama hacer danza con telas.

Leandro López Padros habla desde el consultorio odontológico donde trabaja. Él es el primer asistente dental con Síndrome de Down del país. Recibe a los pacientes, esteriliza los instrumentos. Con una gran sonrisa, habla de vivir con sus amigos y dice que hay cosas que ya aprendieron.

“Si bien el objetivo es que sean lo más independientes posibles, tenemos que aprender a equilibrar las habilidades y las necesidades reales de cada uno. Por eso una persona debería oficiar como ´cuidadora´. Nos imaginamos alguien relacionado con trabajo social, pero no un agente de salud”, indica Gabriela.

Para empezar con el proyecto, lo que los jóvenes necesitan primero es una vivienda, sea a través de una empresa que los quiera sponsorear, de una persona que la done porque nadie de su familia la usa y está venida a menos, o a través de una colecta.

La vivienda (casa o departamento) debería tener cuatro cuartos, para que cada uno tenga su privacidad y que esté ubicada en un barrio con accesibilidad a diferentes medios de transporte para que puedan movilizarse fácilmente.

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