El peronismo en Tucumán: la eterna promesa de un poder que no transforma

Las recientes declaraciones de Javier Noguera afirmando que el peronismo puede recuperar municipios gobernados por otras fuerzas políticas como Yerba Buena, y los mensajes de unidad y continuidad expresados por Osvaldo Jaldo, vuelven a poner sobre la mesa la pregunta que nos hacemos muchos tucumanos: ¿para qué quieren seguir gobernando?

Por Facundo Vergara

Cuando uno recorre la provincia y camina sus ciudades, ve al entorno y a sus habitantes como suspendidos en el tiempo. Ve la misma postal que vieron los padres y abuelos de un chico de veinte años. Sólo algunas pocas diferencias pueden observarse en contados espacios. El peronismo ya tuvo su tiempo. Mucho tiempo. Más de cuatro décadas administrando el poder provincial, controlando la estructura del Estado, definiendo prioridades presupuestarias, conduciendo municipios, legislatura y organismos públicos que en vez de dar soluciones y generar bienestar, entorpece la vida de los tucumanos. Cuatro décadas deberían haber alcanzado para transformar profundamente la provincia, sin embargo, todo sigue igual. Vemos el mismo paisaje y los mismos actores.

Mientras los dirigentes peronistas hablan de recuperar territorios políticos, gran parte de la sociedad sigue esperando que alguien recupere las calles destruidas, los sistemas de drenaje colapsados, el transporte deficiente, la falta de planificación urbana y una economía incapaz de generar autonomía financiera.

Tucumán sigue dependiendo de los recursos que llegan desde Buenos Aires. Distintos informes señalan que alrededor del 75% de los ingresos provinciales provienen de fondos nacionales, principalmente de la coparticipación, mientras que apenas el 25% proviene de impuestos propios como Ingresos Brutos, inmobiliario y tasas. Incluso el propio Jaldo lo reconoció al explicar el impacto que tiene la caída de la recaudación nacional sobre las cuentas provinciales. El mandatario admitió que Tucumán pierde miles de millones de pesos cuando disminuye la coparticipación y que esa situación afecta directamente la capacidad financiera del Estado provincial.

Paralelamente, las provincias que lograron fortalecer sus finanzas desarrollaron sectores productivos estratégicos, promovieron inversiones sostenidas y ampliaron su matriz económica, permitiéndoles reducir la dependencia ante los vaivenes del poder central. Tucumán, en cambio, continúa apoyándose en una estructura económica limitada, con escasa diversificación y con una fuerte dependencia del empleo público como motor del consumo interno.

Este panorama no solo se observa en los números, también lo vemos en el territorio. Basta con recorrer el Gran San Miguel de Tucumán para encontrar un paisaje que contradice los relatos de la gestión peronista. Calles y veredas deterioradas, baches permanentes, problemas de iluminación y desagües insuficientes. Tucumán tiene una infraestructura envejecida y poco funcional a lo que demanda el crecimiento demográfico. Aquí la planificación urbana –si la hay- corre por detrás de los problemas en lugar de anticiparlos.

Insisto. El peronismo gobernó durante décadas y debe asumir la responsabilidad por el estado actual de la infraestructura provincial. Señalar la falta de recursos nacionales o culpar a administraciones anteriores cuando el propio oficialismo ha sido la administración anterior, no alcanza. Es más, esto parece una burla.

Parece una burla escuchar a algunos dirigentes hablar de recuperar municipios opositores cuando todavía existen enormes deudas de gestión en los territorios que históricamente estuvieron bajo control peronista. Hace falta aquí una autocrítica seria respecto de los resultados obtenidos tras décadas de hegemonía política.

Hoy no es importante discutir quién gobierna Yerba Buena, Concepción o cualquier otro municipio. El cuestionamiento central gira en torno a la falta de gestión; en encontrar respuesta a “los por qué”: por qué Tucumán sigue exhibiendo indicadores de dependencia estructural, por qué no logró convertirse en un polo económico más dinámico del norte argentino y por qué los ciudadanos continúan percibiendo que los problemas esenciales permanecen inalterables pese al paso de distintos gobernadores de un mismo signo político.

Recientemente el diputado Javier Noguera manifestó que el peronismo está en condiciones de recuperar los municipios opositores mientras que Jaldo afirmó que en 2027 seguirán gobernando la provincia. Tal vez tengan razón desde el punto de vista electoral. Pero lo que no queda claro –y la historia lo demuestra- es si el peronismo tucumano, luego de décadas de gobierno, cuenta con un proyecto transformador para ofrecer.

Sabemos muy bien que ganar elecciones no es lo mismo que cambiar la provincia. Esto último es lo que la ciudadanía sigue esperando.

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