El peronismo/kirchnerismo y La Libertad Avanza serán los protagonistas, en el 2027, de la disputa por ganar la gobernación de Tucumán. Mientras Jaldo hace un sobre esfuerzo por mostrar unidad e intenta escapar del desgaste de la gestión, los libertarios avanzan paciente y constantemente, con alianzas sólidas y convincentes para un electorado que quiere un cambio
Por SIN CODIGO
El peronismo tucumano —y nacional— atraviesan su momento de mayor fragilidad en décadas: sin liderazgo claro, con internas abiertas y una sociedad que parece haberle soltado la mano. En la vereda opuesta, La Libertad Avanza (LLA) crece en silencio, capitaliza el desgaste del poder y se perfila como la alternativa que hoy entusiasma a un electorado cansado del pasado.
El peronismo/kirchnerismo está herido. No de muerte —porque difícilmente se muera—, pero sí en terapia intensiva y con pronóstico reservado. La versión que dominó la política argentina durante décadas muestra signos claros de agotamiento. Con su máxima líder presa –Cristina Kirchner-, sin un liderazgo convocante y con un desgaste social como nunca antes visto, el movimiento no logra reagruparse ni ilusionar a los propios.
A nivel nacional, Axel Kicillof, quien se perfilaba como el heredero natural de Cristina K, se va desdibujando día a día. El desgaste de su gestión, una administración fallida y el gobierno de una de las provincias más inseguras y con mayor pobreza humana del país lo debilitan. A eso se suma su radicalización ideológica, casi comunista, en un intento desesperado por diferenciarse de Javier Milei, una estrategia que claramente resta más de lo que suma.
Sergio Massa, por su parte, es un candidato presidencial fallido. Y en el peronismo hay una regla no escrita pero infalible: te perdonan todo, menos ser perdedor. Además, Massa carga con una mochila cada vez más pesada vinculada a los negociados de la AFA, que tarde o temprano terminarán por salpicarlo formalmente.
Quedan algunos gobernadores dialoguistas con buena imagen, pero esa aprobación se limita a sus provincias. No tienen proyección nacional, y la historia reciente demuestra que buena imagen no siempre se traduce en intención de voto.
Tucumán: un peronismo partido y un gobernador que “la rema” solo
En Tucumán, Osvaldo Jaldo, gobernador dialoguista, conserva una imagen positiva. Pero conviene aclararlo: buena imagen no es sinónimo de caudal electoral, mucho menos en un escenario nacional adverso.
Jaldo viene “remando en dulce de leche” desde 2021, cuando tuvo la osadía de enfrentar en una interna al entonces gobernador Juan Manzur. El azar político —o el universo— lo dejó al frente de la gobernación cuando Manzur fue Jefe de Gabinete, lo que le permitió posicionarse y ganar en 2023. Sin embargo, desde aquella interna el peronismo tucumano no volvió a ser el mismo.
El partido se partió. Jaldo intentó pegar las piezas, pero nunca logró recomponerlo del todo. Las internas están a la orden del día, aunque pocos se animan a decirlo públicamente: el “comisario”, como lo llaman en off, no perdona la deslealtad y, además, maneja la lapicera.
En las últimas elecciones, tras amenazas de sectores manzuristas y la posibilidad real de una nueva interna, Jaldo cerró un acuerdo de último momento con Manzur, una unidad endeble que solo sirvió para el día de la votación.
Uno de sus detractores históricos, Javier Noguera, terminó electo diputado y obligado a integrar el bloque jaldista (Independencia), pese a ser un kirchnerista acérrimo y anti Milei. La convivencia duró poco: a la hora de votar el Presupuesto 2026, Noguera se ausentó. Su odio a Milei fue más fuerte que su compromiso con el gobernador.
Manzur -actual senador nacional por la provincia- directamente desapareció de escena. Pablo Yedlin -diputado nacional por Tucumán- no puede ni ver a Jaldo -en realidad ambos no se soportan- ni a Milei. Carlos Cisneros -otro diputado nacional tucumano- es un caso aparte: autónomo, nadie le reclama nada, nadie le exige disciplina. ¿Le tienen miedo? Hoy es claramente kirchnerista, anti Milei y anti Jaldo.
Alianzas por conveniencia y poder territorial
La senadora Sandra Mendoza, esposa del mellizo José Orellana, protagonizó un movimiento extraño: se fue del bloque kirchnerista pero no se alineó plenamente con Jaldo. Prefirió una autonomía estratégica que le permita negociar.
Lo mismo ocurre con Noguera. En ambos casos, el acercamiento a Jaldo tiene una explicación clara, la conveniencia: sus parejas gobiernan Tafí Viejo y Famaillá, y quien maneja la billetera provincial es el gobernador. Convicción política, poca; conveniencia, mucha.
Los dos grandes problemas de Jaldo: Chahla y Acevedo
Jaldo enfrenta además dos conflictos internos de peso. Con Rossana Chahla, intendente de San Miguel de Tucumán y llegada de la mano de Manzur, nunca hubo buena relación. El quiebre definitivo se produjo cuando el gobernador tucumano le pidió que lo acompañara como candidata testimonial a diputada en octubre de 2025. Chahla no solo dijo que no, sino que salió a criticar públicamente las candidaturas testimoniales.
El golpe final fue la derrota del peronismo en la capital, ganada por LLA. En la jerga política, “a Chahla le picaron el boleto”: hoy, dentro del esquema jaldista, ya no la cuentan -solo para la foto protocolar-. Muchos dicen que le quedan 20 meses de gestión y nada más. Veremos.
El otro problema es el vicegobernador Miguel Acevedo, impuesto por Manzur, anti Milei y de confianza limitada para Jaldo. Diplomático, correcto, pero distante. También le dijo no a la testimonial.
Un 2027 cuesta arriba
Jaldo enfrenta un escenario complejo hacia 2027. En este año no electoral se mostrará cercano al Gobierno Nacional, lo que le genera odio kirchnerista. Incluso se diferenció del peronismo al apoyar la intervención de Estados Unidos en Venezuela, una declaración que dejó atónitos a propios y ajenos.
Llegará a 2027 desgastado por la gestión, con un peronismo nacional desorientado y un peronismo local lleno de heridas abiertas. Lograron sobrevivir en 2021, 2023 y 2025. ¿Les alcanzará otra vez? Todo indica que la sociedad ya les “picó el boleto”.
La Libertad Avanza: crecimiento silencioso y expectativa social
En contraste, LLA hizo una gran elección en Tucumán -Octubre 2025-, aunque el oficialismo intente minimizarlo. Con un candidato desconocido como Federico Pelli, sin estructura territorial ni presupuesto, lograron dos de los cuatro diputados en juego y un 35% de los votos, frente a un peronismo que puso toda la carne al asador.
Lisandro Catalán, presidente del partido en la provincia y candidato virtual a gobernador en 2027, viene construyendo con paciencia, sin estridencias, con dirigentes que realmente quieren un cambio, una base que lo sustente para poder ganar. No con radicales devenidos en peronistas de ocasión, que durante décadas miraron para otro lado.
LLA teje alianzas serias y estratégicas, camina el territorio sin actos grandilocuentes. Según trascendidos, la fórmula sería Catalán gobernador, Paula Omodeo (CREO) vice, y Federico Pelli como candidato a intendente de la capital.
Dos modelos frente a frente
LLA tiene juventud, caras nuevas, cero desgaste de gestión y el respaldo político de Javier Milei. El peronismo, en cambio, no tiene nada nuevo para ofrecer: gobernó casi sin pausa durante 40 años y la provincia no avanzó, retrocedió.
La Libertad Avanza genera expectativa, especialmente entre los jóvenes. La alternancia es sana para la democracia y, aun con reglas electorales arcaicas —sin boleta única, con cientos de acoples y candidaturas testimoniales—, hoy es la opción que entusiasma a la mayoría.
Falta mucho… y falta poco. El 2027 empieza a escribirse ahora. De un lado, un peronismo agotado y dividido. Del otro, una libertad que avanza con la promesa de cambiar para siempre el estancamiento y el deterioro de Tucumán.
