Una textil de Tucumán pidió el concurso preventivo para sanear sus deudas y no desaparecer: “La última apuesta para sobrevivir”

Hilados SA, del Grupo TN & Platex, tomó ese camino ante la delicada situación financiera en la que se encuentra

La emblemática firma Hilado SA, integrante del grupo TN & Platex, formalizó su pedido de concurso preventivo de acreedores, que vuelve a marcar la recesión de la industria. La decisión, confirmada por la propia compañía, busca reordenar una deuda y garantizar la supervivencia de sus plantas tras un 2025 que combinó una parálisis del consumo local con una apertura comercial, que dejó al sector textil local contra las cuerdas.

La crisis de la empresa no es un hecho aislado sino el resultado de un combo que diezmó su rentabilidad. La situación se volvió insostenible debido a un cóctel de factores: la irrupción masiva de indumentaria importada, la desregulación de ventas digitales extranjeras y el auge del comercio de ropa usada.

A este escenario se sumaron costos financieros que, durante gran parte del año pasado, corrieron muy por encima de la inflación, pulverizando cualquier intento de financiamiento operativo.

Desde Hilado SA admitieron que, a pesar de haber intentado un proceso de reestructuración previa que incluyó inversiones tecnológicas y recortes de gastos, el desplome de la actividad obligó a judicializar su situación financiera.

“El objetivo es ordenar los pasivos y facilitar la venta de activos no estratégicos”, señalaron fuentes de la empresa, quienes calificaron la medida como “no deseada” pero indispensable para evitar el cierre definitivo y proteger los puestos de trabajo que aún se mantienen en pie.

En la planta de Los Gutiérrez, Tucumán, la actividad cesó por tiempo indefinido, dejando a 190 operarios en una situación compleja. Si bien la compañía asegura estar en tratativas con otras firmas de la provincia para intentar reubicar a parte del personal suspendido, hoy solo unos 30 empleados permanece en el predio para llevar adelante tareas de logística y administración.

Para la histórica firma, con 70 años en el mercado, el proceso judicial es la última apuesta para sobrevivir a una crisis que ya forzó el achique de su estructura productiva.

El desplome de Hilado SA se inserta en un escenario de fragilidad extrema para la manufactura nacional. Según los últimos datos del INDEC y de cámaras sectoriales como la Fundación Pro Tejer, la industria textil cerró un 2025 crítico, operando con apenas el 32,5% de su capacidad instalada. Esto significa que casi siete de cada diez máquinas en el país están apagadas, un nivel de actividad que los empresarios comparan con los peores meses de la pandemia de 2020.

Las cifras de la crisis son contundentes: entre finales de 2023 y el cierre de 2025, el sector textil y de calzado perdió más de 16.000 puestos de trabajo formales. Solo en el último año, la actividad del rubro se desplomó un 24% interanual, una caída que triplica el promedio de la industria manufacturera general. El principal factor de presión ha sido el ingreso de productos terminados del exterior, con importaciones que sumaron USD 1.506 millones, en un contexto donde el consumo interno no logra traccionar.

El caso de Hilado SA es el más reciente en una lista de empresas que han tenido que bajar la persiana o achicar sus estructuras para no desaparecer. Apenas iniciado el 2026, la centenaria firma Emilio Alal confirmó el cierre definitivo de sus plantas en Corrientes y Chaco, dejando a 260 trabajadores en la calle.

Por su parte, la emblemática Textilana, en Mar del Plata, mantiene suspendidos a 175 operarios debido al sobrestock y la falta de ventas, mientras que otras firmas como Luxo y Vulcalar también han cesado operaciones en los últimos meses.

Este panorama evidencia que la crisis ya no solo afecta a los pequeños talleres, sino que ha comenzado a devorar a los grandes holdings que históricamente lideraron el mercado. Con una rentabilidad inexistente y costos de financiamiento que asfixian cualquier intento de recuperación, el concurso de Hilado SA aparece como un síntoma de alerta máxima para un sector que emplea a más de 100.000 personas de manera directa en todo el país.

Con información de Matías Bonelli

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