Los festivales tienen valor cultural y movilizan la economía, pero el dinero público también debe construir caminos, mejorar el transporte y convertir los atractivos de la provincia en destinos accesibles durante todo el año
Por la redacción de SIN CODIGO TUCUMÁN
Tucumán sabe organizar fiestas. Lo que necesita demostrar es que también puede transformar sus atractivos naturales, históricos y religiosos en infraestructura que mejore la vida de sus habitantes y permita recibir más turistas.
Nadie discute el entusiasmo que despierta un festival con artistas de primera línea. Son encuentros que preservan tradiciones, ofrecen entretenimiento y generan oportunidades para comerciantes, gastronómicos y trabajadores locales. Pero cuando intervienen recursos públicos, la evaluación debe continuar después del último aplauso.
Una entrada gratuita significa que el espectador no paga en la puerta. No significa que el espectáculo no cueste. Si lo financia el Estado, la cuenta se cubre con recursos que también podrían destinarse a otras necesidades.
La pregunta es cuánto aporta cada administración, qué ingresos recupera y qué beneficio queda para la comunidad.
La fiesta también necesita rendir cuentas
La Fiesta Nacional e Internacional del Caballo de Trancas sirve para plantear ese debate, aunque corresponde una aclaración: la edición de 2026 anunció entradas generales de $20.000 por noche. Por lo tanto, no sería correcto describirla como un festival íntegramente gratuito. Su evaluación requiere conocer la recaudación, los auspicios, los gastos y los aportes públicos.
Los honorarios de las grandes figuras pueden representar sumas importantes. Un antecedente concreto aparece en el Boletín Oficial de Ushuaia: el contrato para la actuación de Abel Pintos en la Fiesta Nacional de la Noche Más Larga de 2025 estableció un caché de 120 millones de pesos. Ese monto corresponde a otra ciudad y otro evento; no permite afirmar cuánto cobró en Tucumán. Sí muestra por qué estas contrataciones merecen información pública detallada. A los honorarios se agregan escenario, sonido, iluminación, traslados, alojamiento y organización. Para discutir prioridades con seriedad hace falta conocer el balance completo, además del impacto que el encuentro produce en la economía local.
Un camino que puede generar oportunidades todo el año
En el propio departamento Trancas hay un ejemplo claro: el Pozo de San Francisco Solano, también conocido como Pozo del Pescado, reconocido por el Ente Tucumán Turismo como un atractivo religioso de la provincia. Su historia y la devoción que despierta ofrecen una base para desarrollar un destino con mayor alcance.
Un acceso seguro, señalización clara, sanitarios accesibles, espacios de descanso y servicios para los visitantes podrían beneficiar tanto a los peregrinos como a los vecinos. Una promoción sostenida permitiría integrar el lugar a recorridos históricos y religiosos, con oportunidades para guías, artesanos y pequeños emprendimientos.
Hay gestiones anunciadas para pavimentar el tramo que une Trancas con el Pozo de San Francisco Solano. En septiembre se informó una reunión entre el municipio y Vialidad Provincial para avanzar en el proyecto. Ese paso debe traducirse en un presupuesto, un calendario y resultados verificables.
Anunciar una obra tiene valor. Ejecutarla y mantenerla es lo que cambia la experiencia de quienes viven allí o llegan de visita.
Pensar una provincia mejor conectada
La discusión también alcanza al transporte. Tucumán debería estudiar una conexión pública frecuente, cómoda y previsible entre el aeropuerto y la capital, con espacio para equipaje e información sencilla para el pasajero.
Un tranvía hacia el aeropuerto, o corredores tranviarios por las grandes avenidas, pueden formar parte de una visión de largo plazo. Pero necesitan estudios de demanda, trazado, inversión y costos de funcionamiento. También corresponde comparar esas opciones con servicios de colectivos modernos y carriles prioritarios.
Sería poco serio prometer que reducir unos festivales alcanza para construir una red de tranvías. Lo razonable es reclamar que el presupuesto incluya planificación y proyectos capaces de mejorar la movilidad cotidiana.
El turista utiliza la misma infraestructura que el tucumano: calles, veredas, transporte, iluminación y espacios públicos. Una provincia más cómoda para sus habitantes también puede resultar más atractiva para quien la visita.
Preservar las tradiciones, ordenar las prioridades
Las fiestas tradicionales pueden sostenerse con una combinación de entradas, auspicios privados, concesiones y aportes públicos transparentes. El Estado debe explicar cuánto financia y por qué considera conveniente hacerlo.
También podría establecer una programación que permita dedicar una mayor proporción de los recursos a infraestructura permanente. Cada decisión debería compararse con las necesidades pendientes y con los beneficios esperados para la población.
Tucumán tiene motivos para convocar visitantes mucho más allá de una noche de música. Para aprovecharlos necesita accesos, servicios, conectividad y mantenimiento.
El escenario se desmonta. El camino queda. Y gobernar también consiste en decidir cuánto dinero se dedica a cada uno.