Quien crea que el Mundial de Fútbol paraliza la política está equivocado. En realidad ocurre exactamente lo contrario. Mientras millones de personas tienen la atención puesta en los partidos, los dirigentes aprovechan para seguir tejiendo alianzas, cerrando acuerdos y acomodando fichas lejos de los reflectores
Por Enzo Perea. SIN CODIGO
Si existe una sensación generalizada de que el tiempo pasa cada vez más rápido, la política tucumana se encarga de confirmarlo. Aún restan un año y medio de gestión, pero la campaña electoral para 2027 ya comenzó. Los movimientos son cada vez más evidentes y las distintas fuerzas empiezan a posicionarse para una disputa que promete ser una de las más importantes de las últimas décadas.
La primera discusión gira alrededor de las fechas. Según la Constitución provincial, las elecciones deberían realizarse tres meses antes del recambio institucional, es decir, en agosto de 2027. Sin embargo, todo indica que los tucumanos volverán a votar en mayo. Una situación que vuelve a abrir el debate sobre el respeto a las normas y sobre la costumbre de adaptar las reglas de juego a las conveniencias políticas del momento.
A esta altura, las dos fuerzas con posibilidades reales de disputar la Gobernación son el peronismo y La Libertad Avanza.
Del peronismo tucumano poco queda por decir que no se conozca. Lleva más de cuatro décadas gobernando la provincia, alternando nombres pero conservando el control de los principales cargos ejecutivos y de la Legislatura. También mantiene una dinámica que parece repetirse elección tras elección: los distintos sectores internos pasan años enfrentados, intercambian críticas y disputan espacios de poder, pero cuando se acerca el momento de votar terminan encontrando un punto de acuerdo.
Luego llegan los repartos de candidaturas, las listas de consenso y la foto de unidad. Ganan las elecciones, vuelven a distanciarse y el ciclo comienza otra vez.
En ese contexto, también se repiten las promesas. Obras, modernización, transparencia y desarrollo suelen formar parte del menú electoral. Sin embargo, muchas de esas propuestas quedan archivadas después de los comicios.
Un ejemplo es la reforma electoral prometida por el gobernador Osvaldo Jaldo. Desde el inicio de su gestión habló de terminar con el sistema de acoples y avanzar hacia la boleta única. Nada de eso ocurrió. El sistema sigue intacto y, lejos de ser una casualidad, responde a una lógica política evidente: el peronismo ha sabido construir buena parte de su fortaleza electoral alrededor de una estructura que le resulta funcional.
Los acoples y la proliferación de boletas generan cuestionamientos desde hace años. Sus defensores sostienen que amplían la participación política; sus detractores creen que favorecen la confusión y dificultan la transparencia electoral.
Mientras tanto, el oficialismo continúa administrando una maquinaria política que le ha permitido conservar el poder durante décadas.
Del otro lado aparece La Libertad Avanza. Desde la irrupción de Javier Milei en 2023, el espacio libertario viene creciendo elección tras elección y comienza a construir una estructura territorial que antes no tenía. Todavía está lejos de igualar la presencia territorial del peronismo, pero muestra una tendencia ascendente que preocupa al oficialismo.
También existen diferencias internas y disputas de liderazgo. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en el peronismo, las decisiones suelen resolverse rápidamente mediante una conducción vertical encabezada por Karina Milei, “El Jefe”.
Muchos analistas coinciden en que una elección provincial realizada el mismo día que las nacionales y con boleta única modificaría sustancialmente el escenario político tucumano. Pero mientras el oficialismo conserve el control institucional, resulta difícil imaginar cambios profundos en las reglas electorales.
Dentro del peronismo, la interna continúa siendo intensa. Por un lado, el jaldismo mantiene una relación pragmática y dialoguista con el Gobierno Nacional. Por el otro, sectores identificados con el exgobernador y actual senador nacional, Juan Manzur, sostienen una postura mucho más cercana al kirchnerismo y crítica de la Administración de Javier Milei.
Sin embargo, la experiencia indica que esas diferencias probablemente terminen cediendo frente a la necesidad de conservar el poder. Los compañeros podrán discutir durante meses, pero la historia reciente demuestra que suelen encontrar una tregua cuando llega la hora de las definiciones.
Una incógnita importante es el papel que jugará el diputado nacional Carlos Cisneros. El dirigente bancario ha construido una estructura propia y se ha caracterizado por mantener autonomía respecto de las distintas corrientes internas del peronismo. Tal vez no represente un caudal electoral decisivo por sí solo, pero dispone de recursos políticos, económicos, sindicales y comunicacionales (sería el dueño de varios medios de Tucumán) suficientes para convertirse en un factor de peso dentro de cualquier negociación, y con cierta capacidad de “daño”.
También aparece la figura de la intendente de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla. Su gestión le ha otorgado visibilidad y protagonismo, convirtiéndola en una dirigente imprescindible para cualquier estrategia electoral peronista en la Capital. Sin embargo, su fuerte personalidad y sus decisiones políticas también le han generado resistencias internas. La pregunta sigue abierta: llegado el momento de votar, ¿todos los sectores del peronismo capitalino trabajarán con el mismo entusiasmo para respaldarla?
Más allá de los nombres propios, Tucumán enfrenta problemas estructurales que continúan sin resolverse. Déficits de infraestructura, cuestionamientos sobre la calidad institucional, falta de transparencia y una dirigencia que se repite desde hace décadas forman parte de una realidad que muchos ciudadanos observan con creciente cansancio.
En cualquier democracia, la alternancia es un valor saludable. No garantiza soluciones mágicas ni asegura buenos gobiernos, pero funciona como un mecanismo de control sobre quienes ejercen el poder. Cuando una misma fuerza gobierna durante períodos excesivamente prolongados, aumenta el riesgo de confundir Estado con partido político y de consolidar estructuras difíciles de controlar.
Con las reglas actuales, el camino parece favorable para que el peronismo vuelva a competir con ventajas importantes. Sin embargo, ninguna elección está definida de antemano. La decisión final seguirá estando en manos de los tucumanos.
Y quizás el verdadero debate de 2027 no sea quién gana la elección, sino si la sociedad está dispuesta a seguir apostando por lo conocido o animarse, finalmente, a probar algo diferente.
