San Miguel de Tucumán a ciegas: la desidia municipal que transforma el tránsito en un caos cotidiano

Cortes sorpresivos por obras o eventos, falta total de señalización previa y un centro tomado por la doble fila. La Dirección de Tránsito desaprueba año a año mientras los conductores quedan atrapados en embotellamientos evitables

Por Redacción SIN CODIGO

Salir a circular por la capital tucumana se ha convertido en una prueba de paciencia que roza el despropósito. Entre calles cortadas sin aviso previo, zonas prohibidas convertidas en estacionamientos VIP y agentes de tránsito que brillan por su ausencia en las horas pico, San Miguel de Tucumán atraviesa un estado de anarquía vial sostenido por la ineficiencia municipal.

La queja no es nueva, pero la desidia parece renovarse en cada gestión. Hoy, el área a cargo del ordenamiento urbano tiene una asignatura pendiente que aplaza sistemáticamente: la Dirección de Tránsito.

El “atrapamoscas” de los cortes no informados

Obras públicas, actos oficiales, ferias o manifestaciones. Cualquier excusa es válida para cerrar una arteria clave del micro o macrocentro. El problema no es solo la interrupción del flujo vehicular, sino la nula vocación de la Municipalidad por avisar a tiempo.

Publicar una placa en redes sociales no es gestionar el tránsito. Miles de tucumanos no revisan el feed de Instagram del municipio antes de encender el auto. La solución es elemental y no requiere presupuestos millonarios:

Un simple cartel a 200 o 300 metros de advertencia, “Señor conductor: corte a 200m, tome vías alternativas”.

Agentes en esquinas previas: Personal apostado dos o tres cuadras antes del bloqueo para desviar el flujo vehicular antes de que los autos queden embotellados.

En lugar de eso, la Municipalidad prefiere la emboscada urbana: el conductor avanza a paso de hombre y recién al llegar a la esquina del corte descubre que debe doblar a la fuerza junto a cientos de vehículos, generando cuellos de botella kilométricos, demoras en compromisos laborales y un nivel de crispación inadmisible. Como ocurrió este viernes en la intersección de calles Córdoba y Marco Avellaneda, motivo de la queja de una ciudadana a SIN CODIGO que llegó tarde a su trabajo, y no es la primera vez.

Doble y triple fila: la ley de la selva

Si la señalización es mala, el control del estacionamiento es directamente inexistente. El microcentro tucumano quedó chico para el parque automotor actual, pero la falta de autoridad profundiza el colapso: Frente a escuelas, bancos, sanatorios, oficinas públicas y obras sociales, las normas de tránsito son de cumplimiento opcional. Autos detenidos en doble y hasta triple fila obstruyen avenidas y calles estrechas sin que un solo inspector municipal mueva un dedo para liberar la calzada.

Mientas tanto, en las arterias donde rige la prohibición de estacionar, decenas de vehículos permanecen estacionados durante horas a la vista de todos. La impunidad es absoluta.

¿Falta de recursos o incapacidad funcional?

La pregunta que se hacen los vecinos es inevitable: ¿se necesita una fortuna para poner orden en las calles o se trata simplemente de funcionarios ineptos? Vale aclarar que estos problemas se repiten en las diferentes gestiones municipales.

San Miguel de Tucumán cuenta con personal municipal suficiente para cubrir los puntos críticos en los horarios de mayor congestión (de 7:00 a 9:00 y de 12:00 a 14:00). Sin embargo, cuando la ciudad explota en bocinazos y embotellamientos, los uniformados no están.

Pasaron distintas gestiones y colores políticos, pero la apatía es la misma. El ordenamiento vehicular sigue sin ser una prioridad para las autoridades capitalinas. Para el Municipio, parece que organizar el tránsito da demasiado trabajo; para los ciudadanos, circular por la capital es, día a día, un castigo sin sentido.

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