Especialistas explican la función de estas terapias hormonales a las que recurren cada vez más personas
“Son implantes subcutáneos sólidos, fragmentos cilíndricos que se colocan en la grasa del glúteo o el abdomen. Se los llama pellets que liberan y vehiculizan un principio activo como testosterona, estrógenos o progesterona de manera gradual durante varios meses”, explica Adrián Gaspar, médico especialista en bienestar, calidad de vida y longevidad saludable, y director del posgrado de la UBA en esa área.
Estos implantes pueden colocarse tanto en hombres como en mujeres, siempre que exista una indicación médica. “Hoy vivimos un proceso de envejecimiento plagado de dolencias: dormimos mal, comemos procesados, somos sedentarios. Todo eso acelera la senescencia y hace que el cuerpo deje de producir de manera eficiente ciertas hormonas que nos dan energía, como la testosterona. En esos casos, los médicos la prescribimos, y los pellets son una de las formas más cómodas de administración. Pero siempre requieren diagnóstico y control médico previo”, concluye Gaspar.
Los especialistas subrayan que estos tratamientos solo se indican cuando está comprobada una deficiencia en la producción de hormonas. Los casos más frecuentes son la menopausia en las mujeres y la andropausia en los hombres, menos conocida y muchas veces invisibilizada.
Andropausia: el lado masculino del envejecimiento hormonal
La andropausia es el descenso progresivo de testosterona en los hombres, que suele comenzar a partir de los 45 años. A diferencia de la menopausia femenina —que implica el cese definitivo de la función ovárica—, en los varones la disminución hormonal es lenta y variable.
“En el hombre el descenso hormonal es más solapado que en la mujer: no hay un corte abrupto como la menopausia, pero sí un declive que se traduce en cansancio, falta de energía y pérdida de deseo sexual. La andropausia muchas veces pasa desapercibida, aunque los síntomas afectan la calidad de vida”, explica Gaspar.
Omar Marcelo Espinoza, Jefe de la Sección de Piso Pélvico y Urología Funcional del Hospital Posadas, señala: “Muchos lo llaman andropausia, pero desde el punto de vista médico hablamos de déficit de testosterona de inicio tardío. No todos los hombres lo padecen, y muchos síntomas pueden tener otras causas, incluso factores metabólicos asociados al estilo de vida”.
Entre estos síntomas más frecuentes, se cuentan la disminución del deseo sexual y dificultades en la erección; irritabilidad, menor energía y cansancio; pérdida de masa muscular y ósea, y aumento de grasa abdominal; e insomnio y problemas de concentración.
El diagnóstico de la andropausia no se limita a los síntomas: requiere una historia clínica detallada, examen físico y análisis de laboratorio que midan testosterona total y biodisponible. A esto se suman controles prostáticos y estudios generales para descartar riesgos asociados. “Por eso no alcanza con cómo se siente el paciente: hacen falta estudios bien realizados, al menos dos mediciones matinales de testosterona, una evaluación clínica completa y análisis metabólicos”, enfatiza Espinoza.
Terapias hormonales: opciones y costos
Cuando los niveles de testosterona están bajos y los síntomas afectan la calidad de vida, los médicos pueden indicar terapia de reemplazo hormonal. Entre las opciones se encuentran:
- Pellets subdérmicos: procedimiento ambulatorio, liberan testosterona durante 3 a 4 meses en mujeres y de 6 a 8 meses en hombres.
- Geles o parches transdérmicos: aplicación diaria sobre la piel.
- Inyecciones intramusculares: dosis periódicas cada 15 días o cada 3 meses, según el tipo.
Los costos varían según la presentación y la duración del tratamiento. Un mes de gel ronda entre $60.000 y $95.000, mientras que las inyecciones intramusculares van de $38.000 a $270.000 según la dosis. Los pellets son más caros y se expresan en dólares: entre USD 1.000 y USD 1.500 para hombres, y entre USD 300 y USD 400 para mujeres. A pesar de su valor, suelen ser los más elegidos por su practicidad y duración, siempre que el bolsillo del paciente lo permita.
Los beneficios reportados incluyen mejoras en el rendimiento sexual, aumento de masa muscular, mejor ánimo, concentración y densidad ósea. Sin embargo, también existen posibles efectos secundarios como acné o crecimiento de vello facial en mujeres, que se regulan adecuando la dosis.
“El pellet es cómodo porque el paciente se olvida durante meses. Pero no es mágico: para ganar masa muscular o mejorar energía, también hay que hacer actividad física, comer bien y dormir mejor. El balance hormonal es solo una parte del mapa de la longevidad saludable. Si el escenario del paciente no se corrige, el resultado no es el esperado”, advierte Gaspar.
Los especialistas remarcan que estos tratamientos requieren estudios clínicos previos y seguimiento estricto. No se recomiendan en hombres con patología prostática y siempre deben ser controlados por un urólogo o andrólogo, ya que la seguridad y eficacia depende de una evaluación médica cuidadosa.
Qué pasa en las mujeres
La menopausia es un hecho puntual: la última menstruación, consecuencia del agotamiento de la reserva folicular ovárica. El climaterio, en cambio, es un período más amplio que marca la transición entre la edad adulta y la vejez, y puede extenderse por décadas.
Entre el 70% y el 80% de las mujeres atraviesan síntomas que van desde sofocos, insomnio y cambios de ánimo en el corto plazo, hasta atrofia urogenital en el mediano plazo y mayor riesgo cardiovascular y óseo en el largo plazo.
En este contexto, la terapia hormonal de la menopausia (THM) vuelve a ocupar un lugar central. “Estamos en un momento histórico para la terapia hormonal y las mujeres en menopausia”, afirma Mónica Ñañez, presidenta de la Asociación Argentina de Menopausia y Andropausia. La especialista destaca que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) eliminó las advertencias más severas en el etiquetado de estos productos, tras una revisión exhaustiva de la evidencia científica.
La reevaluación mostró que los riesgos iniciales estaban sobredimensionados y que los beneficios son claros cuando la terapia se inicia en la llamada “ventana de oportunidad”: antes de los 60 años o dentro de los 10 años posteriores a la menopausia.
“Los estudios señalan reducciones de hasta un 50% en el riesgo cardiovascular y de Alzheimer, menos fracturas óseas y una reducción de la mortalidad. Además de los estrógenos, la testosterona puede indicarse en mujeres con deseo sexual hipoactivo, mejorando la memoria, energía y masa muscular”, explica Ñañez, quien destaca que los pellets, cremas y geles son formas de administración siempre bajo control médico. “La terapia hormonal es un traje a medida, y el sastre es el ginecólogo especialista en climaterio”, resume.
