En la política argentina se suele decir que el fuego amigo es el que causa las heridas más profundas. En Tucumán, sin embargo, la situación ha cruzado la línea del pragmatismo para adentrarse en el terreno del absurdo: ni el propio peronismo se animó a tanto
Por la redacción de SIN CODIGO
Mientras el oficialismo provincial (PJ) observa en silencio y con una sonrisa de satisfacción, el diputado nacional Mariano Campero —ex radical y hoy ferviente aliado nacional del espacio libertario— ha desatado una cacería pública contra La Libertad Avanza (LLA) en su propia provincia. La contradicción salta a la vista: a nivel nacional vota y defiende la agenda del Gobierno, pero en el territorio tucumano parece dispuesto a dinamitar cualquier puente que no lo lleve a él como único protagonista.
La ambición personal sobre el proyecto común
“Manifiesto mi voluntad de que queremos lo mismo. Seguimos con la idea, queremos ser competitivos, hay que armar lo mejor y ganar Tucumán”, suele repetir Campero frente a los micrófonos. Sin embargo, sus hechos y sus declaraciones recientes dicen exactamente lo contrario. Sus dardos públicos no van dirigidos al aparato peronista que gobierna la provincia hace décadas, sino hacia Lisandro Catalán y hacia el diputado nacional Federico Pelli, una de las figuras emergentes de LLA con pretensiones firmes en Yerba Buena, la cuna política de Campero hoy administrada por su delfín, Pablo Macchiarola.
¿Qué hay detrás de semejante nivel de virulencia contra sus propios aliados ideológicos? La respuesta parece reducirse a un número de un solo dígito: la obsesión por la candidatura a gobernador.
El dilema de fondo: Tanto Catalán a nivel provincial como Pelli en el plano municipal cuentan con números y armado suficiente para ser candidatos altamente competitivos. Ante la posibilidad real de ser eclipsado, la estrategia de Campero no parece ser la construcción colectiva, sino que parecería un ataque preventivo para bloquear a como dé lugar el crecimiento libertario en Tucumán.
El límite de LLA y la paradoja del “candidato funcional”
En el armado de La Libertad Avanza en la provincia existe una línea roja implícita, y ese límite lleva nombre y apellido: Mariano Campero. Fuentes del espacio señalan que la resistencia a incorporar a Campero de forma directa no surge de un capricho ideológico, sino del desgaste que generan sus constantes giros pragmáticos y su predilección por la política personalista sobre la institucional.
Al atacar a los dirigentes de LLA que hoy tienen altas chances de dar pelea real en las urnas, Campero no solo fragmenta a la oposición: le garantiza al peronismo la tranquilidad que no podía conseguir por mérito propio.
¿Querés ganar Tucumán o cuidar tu quinta?
Cuando la ambición personal supera cualquier objetivo de cambio estructural, el discurso de “ganarle al peronismo” se convierte en una cáscara vacía.
Hoy la política tucumana presenciaba un espectáculo inédito donde el mayor obstáculo para que la oposición sea competitiva no es el aparato del PJ, sino un diputado que dice querer ganarles pero se dedica a tirotear a sus propios aliados. La pregunta que queda flotando en el aire ya no es si Mariano Campero es liberal o radical, sino algo mucho más pragmático: ¿Realmente quiere que la oposición gane Tucumán o terminó convirtiéndose en el mejor soldado del oficialismo?
