El dirigente Fernando Juri Debo, muy cercano al senador Juan Manzur, dejó definiciones en una entrevista a un medio tucumano que dejó “de cama” al jaldismo que trata de sostener una frágil unidad de cara a las elecciones del 2027
Por la Redacción de SIN CODIGO
Las declaraciones del peronista Fernando Juri Debo no fueron un desliz; fueron un misil teledirigido al corazón de la Casa de Gobierno de Tucumán. En la víspera de un clima social que ni el mundial de fútbol logrará adormecer, el manzurismo duro ha blanqueado lo que se tejía en secreto: Juan Manzur quiere volver a sentarse en el sillón de Lucas Córdoba en 2027.
Pero la verdadera bomba no es la candidatura en sí, sino la estrategia de ruptura total: ir por afuera de la estructura oficial del Partido Justicialista, según manifiesta Juri Debo.
La fractura ideológica: “Gobernabilidad” vs. Populismo K
La grieta interna del peronismo tucumano, abierta en aquella feroz interna de 2021, nunca cerró del todo. Los acuerdos electorales de 2023 y 2025 funcionaron como un respirador artificial para garantizar el triunfo local, pero las identidades políticas actuales son irreconciliables.
Osvaldo Jaldo gestiona con un ojo en el presupuesto y otro en la Casa Rosada. Su pragmatismo “dialoguista” con la Administración de Javier Milei —justificado bajo la necesidad extrema de recursos para una provincia dependiente de la coparticipación— se ha mimetizado, a los ojos del PJ duro, con las formas y políticas de la derecha libertaria.
Desde su banca en el Senado de la Nación, Manzur se hamaca en el rol de opositor frontal a Milei, reteniendo las banderas del kirchnerismo y el populismo de izquierda. Es el polo de atracción de la dirigencia que mastica rabia en silencio ante el alineamiento de Jaldo con la Nación.
La estrategia del “Sello Propio” y la sombra de Kicillof
La confesión de Juri Debo revela lucidez táctica: Manzur sabe que meterse en una interna contra quien maneja la “lapicera” del Estado provincial es un suicidio político. El aparato partidario responde a las cajas y al control territorial que hoy ostenta Jaldo.
Por eso, el plan contemplaría esquivar la interna del PJ y competir directamente en las generales de 2027 a través de una plataforma externa. Fuentes del entorno sugieren que el vehículo electoral no será un partido provincial endeble, sino una estructura con alcance nacional. Las miradas apuntan de inmediato a Buenos Aires: ¿Es el sello federal que impulsa Axel Kicillof para su propio proyecto presidencial y el Movimiento Derecho al Futuro (MDF)?
Una alianza Manzur-Kicillof blindaría el relato ideológico y le daría al exgobernador una chapa nacional para perforar el oficialismo local.
El doble juego de los intendentes: Teléfonos en modo incógnito
El dato más corrosivo para la mesa chica de Jaldo es la confirmación, según declara Juri Debo, de que intendentes y delegados comunales mantienen líneas de comunicación permanentes y extraoficiales con Manzur.
“En Tucumán, el peronismo es vertical por necesidad pero horizontal por instinto. Hoy la lapicera la tiene Jaldo, y por eso le sonríen en las fotos oficiales; pero el corazón —y la expectativa de futuro de muchos— sigue reportando a Manzur”, confiesa un armador territorial que pide estricto ‘off the record’.
Este doble juego expone la fragilidad de la paz jaldista: un esquema sostenido por el flujo de fondos que podría desmoronarse si el proyecto de Manzur demuestra viabilidad económica y política de cara al 2027.
¿Qué cartas le quedan a Jaldo?
Ante el avance discursivo de Juri Debo, el gobernador enfrenta una encrucijada. Mantener la unidad es su única garantía de supervivencia para retener la provincia en 2027. Si cede a la provocación e inicia una purga de los “sospechosos de siempre”, acelerará la diáspora. Si calla, el manzurismo seguirá perforando las bases de su poder territorial. El partido de ajedrez político en Tucumán acaba de ingresar a su fase más violenta, y esta vez, las urnas de la interna partidaria no serán el campo de batalla.
