“No podemos esperar que la gente respete la ley y el orden hasta que enseñemos respeto a los que hemos confiado para hacer cumplir esas leyes”, Hunter S. Thompson
Por la redacción de SIN CODIGO
El debate sobre el transporte público en San Miguel de Tucumán suele orbitar siempre en torno a los mismos reclamos: unidades desgastadas, frecuencias paupérrimas y tarifas en constante discusión. Son problemáticas harto conocidas por los usuarios y sistemáticamente ignoradas por las autoridades. Sin embargo, hay un factor cotidiano y alarmante que trasciende el estado del coche y apunta directamente al factor humano: la conducta al volante y la falta de empatía de los choferes.
Un colectivo no es un vehículo más; su masa y dimensión aventajan por completo a automóviles, motos y bicicletas. Sin embargo, la conducción en las calles tucumanas dista mucho de la responsabilidad que semejante porte exige. Desde frenadas bruscas e intempestivas hasta la costumbre de circular con las puertas abiertas —exponiendo a pasajeros parados o sentados sin cinturón a ser despedidos ante cualquier imprevisto—, la vulnerabilidad a bordo es permanente.
A esto se le suma una falta de consideración básica en las paradas: la negativa a arrimarse a la vereda, lo que convierte el primer escalón de la unidad en una prueba de atletismo inaccesible para adultos mayores o personas con movilidad reducida.
Esta imprudencia sistemática no es abstracta; tiene consecuencias directas y rostros concretos. Este lunes 3 de agosto, cerca de las 15:00 horas, la parada de la Línea 3 en Plaza Belgrano fue escenario de un episodio que rozó la tragedia. Una adolescente, de 14 años, intentaba abordar el interno 70 para dirigirse a la escuela cuando el chofer, por razones insólitas, aceleró antes de que la joven terminara de subir, provocando su caída al asfalto.
Ante la completa indiferencia del conductor, la adolescente logró ponerse de pie y abordar el coche invadida por el dolor. Horas más tarde, la asistencia médica constató golpes severos en ambas piernas y raspaduras en el brazo. La contabilidad del hecho refleja una “desgracia con suerte”: la distancia entre esas lesiones y las ruedas del colectivo fue de apenas unos centímetros.
Casos como este suceden a diario en la provincia, sumergidos en la invisibilización y el acostumbramiento. Tras el impacto y la angustia, la madre de la menor confirmó a SIN CODIGO que radicará la denuncia correspondiente. Aunque el sistema pocas veces aplique sanciones efectivas, el objetivo es dejar un precedente asentado del peligro que se vive en las calles.
El transporte provincial no solo necesita renovación de flota o reestructuración de recorridos; exige con urgencia controles severos de profesionalismo, capacitación en seguridad vial y la restitución de un principio elemental: el valor del cuidado de la vida humana al volante.