La inflación en Argentina acumulará cerca de un 17% en el primer semestre de 2026, según estimaciones de las principales consultoras económicas. Si bien el dato supera el 15,5% registrado en el mismo período del año pasado, se trata de una de las cifras más bajas de los últimos cinco años y alimenta expectativas de una mayor desaceleración en los próximos meses.
Para junio, los analistas proyectan un Índice de Precios al Consumidor (IPC) en torno al 2%, en línea con el 1,9% de mayo, lo que confirma una tendencia de estabilidad en la dinámica mensual.
Un semestre marcado por ajustes y shocks externos
El comportamiento de los precios en la primera mitad del año estuvo condicionado por la suba de tarifas, la reducción de subsidios y el impacto del contexto internacional, especialmente por la tensión en Medio Oriente y su efecto sobre los costos energéticos.
A esto se sumó el fuerte incremento en el precio de la carne, que registró subas de entre el 28% y el 30% en los primeros meses del año, impulsado por una mayor demanda externa tras acuerdos comerciales y una caída del consumo interno.
“El primer semestre cerrará con una inflación más alta que la de 2025, explicada por el ajuste de precios regulados y factores externos”, señaló Lorenzo Sigaut Gravina, director de la consultora Equilibra.
Servicios en alza y bienes más contenidos
Otro de los rasgos del período fue la diferencia en la evolución de los precios: mientras los servicios acumularon subas más pronunciadas —cerca del 17,5% entre enero y mayo—, los bienes mostraron aumentos más moderados, en torno al 13,3%.
“Hay un cambio en la composición de la inflación, con mayor presión desde los servicios”, explicó Matías Sturt, socio de Invecq Consulting, quien también proyecta un IPC cercano al 2% para junio.
Desde distintas consultoras coinciden en que la desaceleración responde, en parte, a un menor ritmo de aumentos en precios regulados y a un contexto de mayor competencia en sectores de consumo masivo, que obliga a las empresas a ajustar márgenes.
Qué puede pasar en el segundo semestre
De cara a la segunda mitad del año, las perspectivas son moderadamente optimistas. Los economistas coinciden en que el grueso de los ajustes —tarifas, combustibles y correcciones de precios relativos— se concentró en el primer semestre, lo que abre margen para una inflación más baja en los próximos meses.
En ese escenario, algunas proyecciones estiman que la inflación mensual podría perforar el 2% en determinados tramos del segundo semestre, aunque descartan que se alcance una “inflación cero” en el corto plazo.
“La segunda mitad del año podría cerrar con una suba cercana al 12%, lo que llevaría la inflación anual a alrededor del 30%”, sostuvo Sturt.
El desafío, advierten los analistas, será sostener la desaceleración en un contexto de tensiones externas y dinámica electoral creciente, donde la política económica deberá equilibrar el objetivo de estabilidad con las demandas sociales y políticas.
Así, tras un inicio de año marcado por correcciones y presiones inflacionarias, el Gobierno apuesta a consolidar una tendencia a la baja que, de sostenerse, podría redefinir el escenario económico hacia el cierre de 2026.
