Un equipo de científicos y voluntarios logró recuperar una pieza de relevancia paleontológica en la Reserva Natural Centinela del Mar, situada al Sur del balneario bonaerense
Hace más de 100.000 años, un Notiomastodon platensis recorría las planicies donde hoy se extienden las playas bonaerenses de Centinela del Mar.
El tiempo ocultó sus huellas bajo metros de sedimentos, hasta que un grupo de científicos y voluntarios logró recuperar un colmillo fósil de más de un metro y medio de longitud, convirtiéndose en el hallazgo paleontológico más destacado de la región en los últimos años.
El descubrimiento, liderado por el Museo Municipal de Ciencias Naturales de Miramar “Punta Hermengo”, suma una nueva pieza al rompecabezas de la megafauna que habitó la provincia de Buenos Aires durante el Cuaternario o Era del Hielo.
El hallazgo tuvo lugar en la Reserva Natural Centinela del Mar, ubicada unos 50 kilómetros al sur de Miramar.
El equipo técnico del museo local, junto a voluntarios de la Tecnicatura en Paleontología de Miramar y especialistas del Museo de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia de Mar del Plata, trabajó durante varias jornadas para extraer y preservar la pieza.
El fósil encontrado es una defensa –el término científico para los colmillos de estos animales– con una leve curvatura y una conservación que sorprendió a los investigadores. La pieza de alto valor científico y patrimonial ya se encuentra en el laboratorio del museo, donde se realizarán tareas de acondicionamiento antes de su exhibición pública.
El Notiomastodon platensis pertenecía a la familia de los gonfoterios, conocidos popularmente como mastodontes, lejanos parientes de los elefantes actuales. Estos mamíferos de gran tamaño alcanzaban entre 2,5 y 3 metros de altura y un peso estimado de 3 a 5 toneladas.

Su dentadura, especialmente sus defensas, presentaba diferencias clave respecto al elefante moderno, lo que permite diferenciarlos en los registros fósiles.
Estos animales llegaron a Sudamérica desde Norteamérica hace unos 2,5 millones de años, en el marco del llamado Gran Intercambio Biótico Americano, cuando el istmo de Panamá permitió la migración de especies entre ambos continentes. Junto a los mastodontes, ingresaron especies como Smilodon (el tigre dientes de sable), osos, pumas, ciervos, guanacos, caballos y distintos tipos de cánidos, que coexistieron con la fauna autóctona, como gliptodontes y perezosos gigantes.
