Amanda Maria Souza de Oliveira, una mujer de casi 40 años, fue condenada en Brasil luego de ser descubierta tras hacerse pasar durante años por una menor de edad para conseguir alojamiento, ayuda económica y el cuidado de distintas familias. Según la investigación, utilizaba identidades falsas y relatos de supuestos abusos, abandono y enfermedades para generar confianza y despertar compasión.
Su último engaño salió a la luz en junio de este año, cuando fue detenida en Joinville, en el estado de Santa Catarina. Allí llevaba aproximadamente 14 meses viviendo con una familia que la conocía como “Gabriele” y que creía haber recibido en su hogar a una adolescente de 12 años en situación de vulnerabilidad.
Para sostener la identidad que había construido, Amanda hablaba con voz infantil, utilizaba objetos asociados a la niñez y afirmaba haber sufrido abusos y abandono. También aseguraba tener problemas de salud y llegó a explicar su apariencia física diciendo que durante su infancia había sido obligada a consumir hormonas.
La familia que la recibió terminó tratándola como a una hija. Le prepararon una habitación, le compraron juguetes, organizaron un cumpleaños y se hicieron cargo de su alimentación, medicamentos y otros gastos. Incluso intentaron avanzar con los trámites necesarios para inscribirla en una escuela y regularizar su situación.
Sin embargo, cada vez que surgía la posibilidad de verificar oficialmente su identidad, Amanda encontraba la manera de evitar los controles.
Una búsqueda en internet descubrió el engaño
La farsa comenzó a desmoronarse cuando una familiar de la pareja que la había alojado empezó a sospechar de su historia. Al buscar información en internet, encontró noticias sobre otros casos ocurridos en distintas ciudades de Brasil que presentaban llamativas similitudes.
Las fotografías y el método utilizado permitieron establecer posibles conexiones con investigaciones anteriores. La denuncia llegó entonces a la Policía Civil de Santa Catarina, que comenzó a reconstruir la verdadera identidad de “Gabriele”.
Los investigadores analizaron el teléfono de la mujer, reunieron testimonios y finalmente determinaron que se trataba de Amanda Maria Souza de Oliveira, quien ya había sido vinculada a episodios similares en otros estados brasileños.
Un engaño que se repitió durante años
El caso de Joinville no fue aislado. De acuerdo con las investigaciones, Amanda habría utilizado diferentes nombres y edades para presentarse como una menor vulnerable y conseguir que desconocidos la ayudaran.
Entre las identidades que utilizó aparecen “Gabrielly”, “Maria Eduarda”, “Gabriele”, “Ana Clara” y “Emily”. Generalmente decía tener entre 11 y 13 años y relataba historias relacionadas con violencia, abandono, explotación sexual o enfermedades.
Uno de los episodios investigados ocurrió en 2023, en Río de Janeiro. Allí se presentó como “Maria Eduarda” y aseguró tener 12 años y haber escapado de una supuesta red de explotación sexual vinculada a su familia.
Una nutricionista, Renata Magalhães, y una amiga decidieron ayudarla y la alojaron durante un mes y medio. Se hicieron cargo de su alimentación, ropa, atención médica y otros gastos. Renata calculó que había desembolsado entre 4.000 y 5.000 reales brasileños.
La mujer incluso llegó a considerar la posibilidad de adoptarla. Pero cuando comenzó a reunir la documentación necesaria, surgieron las primeras dudas sobre su identidad.
Renata tomó fotografías de Amanda y se las envió a una conocida que trabajaba como investigadora de la Policía Civil. Los agentes identificaron a la supuesta adolescente y citaron a ambas con la excusa de avanzar con los trámites de adopción.
Al llegar a la dependencia policial, Renata descubrió que la persona a la que había cuidado como una niña era en realidad una mujer adulta vinculada a otros episodios similares.
“Me manipuló”, expresó posteriormente al recordar aquella experiencia.
Historias similares en distintos estados
Las investigaciones también encontraron antecedentes en Paraná, Goiás y Rio Grande do Sul.
En Paraná, una de las personas que había desarrollado un fuerte vínculo con Amanda llegó a tatuarse en la muñeca uno de los nombres falsos que utilizaba. En ese caso, la mujer se había presentado como “Emily”, una adolescente de 13 años que supuestamente atravesaba un tratamiento contra la leucemia.
En Goiás, en tanto, fue investigada por presentarse como una joven que necesitaba ayuda después de haber sufrido supuestos abusos. En otros episodios, sus relatos incluían violencia familiar, explotación sexual y hasta referencias a rituales de magia negra.
En Rio Grande do Sul llegó a presentarse como Gabrielly da Silva Ferreira y tuvo contacto con familias, iglesias, hospitales y organismos de protección de menores.
Según la investigación, Amanda también se trasladaba entre distintas ciudades y en algunas ocasiones viajaba haciendo dedo con camioneros.
La causa judicial
Amanda había sido detenida anteriormente en Rio Grande do Sul por una causa relacionada con fraude y permaneció seis meses privada de su libertad. Sin embargo, aquella condena posteriormente fue anulada.
En una causa iniciada en ese estado en 2022, distintos profesionales realizaron evaluaciones psicológicas y psiquiátricas. Los informes incorporados al expediente mencionaron trastorno facticio, pseudología fantástica y trastorno límite de la personalidad.
Una de las pericias concluyó que, al momento de los hechos investigados, Amanda presentaba una capacidad parcialmente disminuida para comprender la ilegalidad de sus actos.
Tras su nueva detención en Santa Catarina, la Justicia retomó el expediente y finalmente fue condenada a un año de prisión por fraude.
El caso generó conmoción en Brasil por la duración del engaño y por la capacidad de la mujer para construir vínculos afectivos con las personas que la recibían, convencidas de que estaban ayudando a una menor en situación de extrema vulnerabilidad.
Fuente: TN