El domingo 21 de junio es el balotaje. Se enfrentan el populista de derecha Abelardo De la Espriella, quien ganó en primera vuelta por un estrecho margen, y el oficialista de izquierda Iván Cepeda
Los dos candidatos ya cerraron oficialmente sus campañas el domingo con actos multitudinarios en distintos puntos del país. Por ley, aquí en la última semana antes de la elección sólo se permiten los actos privados. Así, el populista de derecha Abelardo De la Espriella, quien sorprendió al ganar la primera vuelta, con el 43,78% de los votos, contra el 40,98% del oficialista Iván Cepeda, favorito hasta entonces, prometió ganar “la batalla espiritual”.
El enfrentamiento ahora se traslada a las redes y a encuentros privados, donde los dos –con sus estilos diametralmente opuestos- buscan seducir a los votantes del centro, que no sienten atracción por ninguna de las dos opciones.
Modelos antagónicos
Lo que está claro es que este domingo se enfrentan dos modelos antagónicos, dos ideas opuestas del rumbo que debería tomar Colombia a partir del 7 de agosto, cuando termine el mandato de Petro.
“Se enfrentan dos modelos muy marcados. No hay matices. Iván Cepeda representa la continuidad del proceso de cambio que inició Petro. Abelardo De la Espriella es la figura que está en contra de los establecido, y que atrae a una porción importante de quienes están desencantados con los políticos tradicionales”, explica a Clarín el analista Carlos Augusto Chacón, director ejecutivo del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga.
De la Espriella, un “outsider” de la política que hizo fortuna como abogado y con sus marcas de indumentaria, vinos y otras empresas, respaldado por Donald Trump y admirador de presidentes como Javier Milei o el salvadoreño Nayib Bukele, logró crear “una identidad, una imagen: él encarna la patria, la familia, la libre empresa, el orden”, señala Chacón.

Sin posibilidad de reelección, Petro termina su Gobierno con una alta popularidad entre las clases bajas, favorecidas por una reducción de la pobreza, salarios más altos y menor desempleo en uno de los países más desiguales del mundo.
Pero otra mitad del país lo responsabiliza por la peor ola de violencia en la última década, marcada por atentados con coches bomba, drones explosivos y el asesinato de un candidato presidencial el año pasado, y por una compleja situación económica con inflación y alto déficit fiscal.
Apodado “El Tigre”, de 47 años, De la Espriella encarna el rechazo a Petro y el proyecto de enfrentar sin tregua a guerrillas y narcotraficantes en el país con la mayor producción de cocaína del mundo.
En la primera vuelta del 31 de mayo logró vencer por estrecho margen a Cepeda, hasta entonces favorito, un filósofo de 63 años, defensor de derechos humanos y pieza clave en las políticas de paz con las que Petro intentó sin éxito negociar con los grupos que siguieron en armas tras el acuerdo con las FARC en 2016.
Aquí la sensación es que esta elección es también un referendo sobre el Gobierno de Petro, el primero de izquierda en Colombia, donde las élites tradicionales habían gobernado durante más de un siglo. Y aunque a muchos no les convence el estilo agresivo, irreverente y provocador de De la Espriella, lo cierto es que muchos lo votarán sobre todo por rechazo a Petro.
“Vamos a votar por lo menos malo”, dice a Clarín Oscar, de 22 años, quien trabaja desde hace años como chofer. Sus palabras resumen lo que piensan muchos aquí.
Como se ha visto en los últimos procesos electorales en varios países de América Latina, los partidos tradicionales de centro y de derecha se han hundido, en una profunda crisis del orden político tradicional.
“A Colombia la voy a defender por la razón o por la fuerza, de Petro y cualquier otra alimaña”, lanzó De la Espriella en su acto el domingo, en la localidad de Buga. El “Tigre”, como le gusta que lo llamen, promete construir megacárceles donde los presos se alimenten a “pan y agua” y estén “10 pisos bajo tierra”, bombardear a los grupos del narcotráfico con apoyo de Washington y de Israel y eliminar el tribunal surgido del acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, en 2016.
De nacionalidad colombiana y estadounidense, ha dicho que lo “ideal” sería dolarizar la economía, recortar en un 40% el Estado y bajar impuestos para reducir un déficit fiscal de casi el 7% del Producto Interno Bruto.
El senador Cepeda, en cambio, hijo de un político comunista asesinado por agentes estatales en alianza con paramilitares, califica a Trump como un “magnate convicto” y advierte que Colombia no será “colonia” de Estados Unidos.

Defensor de las víctimas del conflicto armado, Cepeda moderó algunas de sus propuestas tras la primera vuelta y en estos últimos días tendió puentes a los referentes del centro político para lograr su apoyo.
Este miércoles se aseguró el respaldo de la ex alcaldesa de Bogotá y ex candidata presidencial Claudia López. “Este respaldo, querido Iván, no es una adhesión. Es un voto independiente basado en el respeto, la confianza y la concertación democrática”, afirmó López en una declaración a los medios.
En estos últimos tres días, en medio de la pasión mundialista y las banderas de Colombia desplegadas en balcones y vidrieras para alentar al equipo, los candidatos se juegan sus últimas cartas. En mensajes en las redes sociales y en muy escasas apariciones públicas, los dos candidatos lanzan sus últimos cartuchos para convencer a los indecisos. Pero gane quien gane, no será sencillo gobernar en un país profundamente dividido y desencantado.
