El país europeo cuenta con un sistema de alertas que permite enviar mensajes de emergencia, acompañados de una potente alarma sonora, a los teléfonos celulares ubicados en zonas de riesgo. Las advertencias buscan anticipar inundaciones y otras catástrofes. La tragedia de Valencia, que dejó más de 200 muertos en 2024, puso en evidencia la importancia de avisar a tiempo. ¿Podría Tucumán implementar un mecanismo similar?
Por la redacción de SIN CODIGO TUCUMÁN
España dispone de una herramienta de protección civil que permite advertir directamente a la población cuando existe un peligro grave o inminente. El sistema puede hacer sonar miles de teléfonos celulares simultáneamente dentro de una zona determinada, incluso cuando sus propietarios no instalaron ninguna aplicación especial.
Se trata de ES-Alert, una tecnología diseñada para llegar rápidamente a quienes se encuentran en lugares amenazados por inundaciones, lluvias torrenciales, incendios u otras emergencias.
La herramienta adquiere especial importancia durante los episodios de lluvias extremas que afectan distintas regiones españolas, donde unos minutos de anticipación pueden marcar la diferencia entre permanecer a salvo o quedar atrapado por el agua.
Cómo funcionan las alertas y por qué suenan los celulares
A diferencia de los mensajes tradicionales, ES-Alert utiliza una tecnología denominada Cell Broadcast, que permite transmitir una advertencia a todos los teléfonos compatibles conectados a las antenas de telefonía de una zona seleccionada.
El sistema presenta características particulares:
- No requiere descargar una aplicación ni registrarse.
- Puede llegar tanto a residentes como a turistas que se encuentren en la zona afectada.
- El teléfono emite un sonido intenso y muestra un mensaje de emergencia.
- La advertencia incluye instrucciones de protección, evacuación o confinamiento, según el peligro.
- No necesita conocer individualmente el número telefónico de cada destinatario.
Esto significa que una persona que esté trabajando, conduciendo o descansando puede recibir una advertencia oficial sobre una situación potencialmente peligrosa. El mensaje aparece directamente en la pantalla y exige la atención del usuario.
Cómo se dividen las alertas: amarillo, naranja y rojo
España utiliza tres niveles principales de avisos meteorológicos, establecidos por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).
Alerta amarilla: precaución
Existe un peligro meteorológico bajo, aunque puede afectar especialmente a personas vulnerables o zonas expuestas. Se recomienda mantenerse informado y seguir las previsiones.
Alerta naranja: peligro importante
Pueden producirse daños graves. Se aconseja limitar actividades no esenciales, evitar zonas peligrosas y prepararse para adoptar medidas de protección.
Alerta roja: peligro extraordinario
Existe riesgo de daños muy graves o catastróficos. Las autoridades recomiendan evitar desplazamientos salvo que sean estrictamente necesarios y cumplir las instrucciones de Protección Civil.
Es importante distinguir que estos colores corresponden a los avisos meteorológicos de AEMET. El sistema de mensajes ES-Alert tiene su propia clasificación de alertas de Protección Civil.
¿Qué ocurre cuando se declara una alerta roja?
La alerta roja representa el nivel máximo de peligro meteorológico. Sin embargo, no significa automáticamente que todos los comercios deban cerrar ni que las personas tengan una o dos horas obligatorias para regresar a sus hogares.
Estas medidas pueden ser ordenadas por las autoridades de cada comunidad autónoma según la gravedad de la emergencia.
En determinadas circunstancias se puede disponer la suspensión de clases, el cierre de establecimientos, la interrupción de actividades y restricciones de circulación.
También pueden establecerse plazos para finalizar actividades y buscar refugio, pero no existe una regla nacional que fije siempre una o dos horas.
Incluso regresar a casa puede resultar peligroso si las calles ya están inundadas. Por eso, las instrucciones pueden indicar permanecer donde uno se encuentra, subir a plantas superiores o evacuar hacia lugares seguros.
La tragedia de Valencia que cambió la discusión sobre las emergencias
El 29 de octubre de 2024, una DANA provocó lluvias extraordinarias y devastadoras inundaciones en la Comunidad Valenciana.
La crecida del barranco del Poyo y otros cauces arrasó calles, viviendas, comercios y vehículos. La catástrofe dejó más de 200 víctimas mortales y se convirtió en una de las mayores tragedias naturales de la historia reciente de España.
Uno de los aspectos más cuestionados fue la demora en comunicar el peligro a la población.
AEMET había declarado la alerta roja a las 7:36 de aquella mañana. Sin embargo, el mensaje masivo a los teléfonos móviles de la población valenciana fue enviado recién a las 20:11, cuando numerosas localidades ya estaban inundadas.
El sistema ES-Alert existía antes de la tragedia: estaba operativo en toda España desde febrero de 2023. Lo ocurrido en Valencia puso bajo examen los protocolos de activación y, especialmente, la oportunidad con la que se emitieron las advertencias.
La tragedia dejó una enseñanza fundamental: disponer de tecnología para alertar no resulta suficiente si las decisiones no se toman a tiempo.
¿Por qué Tucumán debería estudiar un sistema similar?
Tucumán tiene características geográficas, climáticas y urbanas que justifican analizar herramientas de advertencia temprana adaptadas a sus propios riesgos. Durante la temporada de lluvias, diferentes localidades de la provincia pueden enfrentar crecidas de ríos, desbordes de canales, anegamientos urbanos y dificultades de circulación.
En sectores de San Miguel de Tucumán, una lluvia intensa puede complicar rápidamente el tránsito. En localidades del sur y en áreas próximas a cursos de agua, las crecidas pueden representar riesgos mayores.
Un sistema inspirado en el modelo español permitiría enviar advertencias diferenciadas según la ubicación de las personas. Por ejemplo, ante una crecida peligrosa en el sur provincial, las autoridades podrían dirigir una alarma exclusivamente a las localidades expuestas, sin necesidad de activar una advertencia para todo Tucumán.
Cómo podría funcionar en la provincia
Una propuesta adaptada a Tucumán podría contemplar distintas etapas.
- Primero, la anticipación. Integrar información del Servicio Meteorológico Nacional, estaciones meteorológicas, mediciones de ríos y organismos de Defensa Civil.
- Segundo, la localización. Identificar las ciudades, comunas, barrios y sectores rurales donde existe un riesgo concreto.
- Tercero, el aviso masivo. Enviar una señal sonora y un mensaje a los teléfonos compatibles dentro del área afectada, mediante acuerdos técnicos y regulatorios con los operadores de telefonía.
- Cuarto, las medidas de protección. Establecer instrucciones claras para suspender actividades, cerrar establecimientos, evitar rutas o evacuar, según la situación.
- Quinto, la prevención permanente. Realizar simulacros, campañas de información y protocolos especiales para escuelas, hospitales, comercios y establecimientos industriales.
No sería necesario aplicar exactamente las mismas medidas que en España. El sistema debería responder a las características de Tucumán y contemplar también a quienes viven en zonas rurales o tienen conectividad limitada.
Una alarma que podría dar tiempo para salvar vidas
La principal ventaja de un mecanismo de estas características es que permite llegar directamente a las personas, sin depender exclusivamente de que estén mirando televisión, escuchando radio o consultando redes sociales.
Pero la tecnología debe estar acompañada por información confiable, decisiones oportunas y una coordinación eficiente entre organismos nacionales, provinciales y municipales.
Tucumán conoce las consecuencias de las lluvias intensas y las inundaciones. La experiencia española ofrece una oportunidad para estudiar mecanismos de prevención que podrían reducir riesgos y mejorar la respuesta ante emergencias.
La pregunta que queda abierta es si Tucumán podría avanzar hacia un sistema en el que, antes de que llegue una inundación peligrosa, los teléfonos de miles de ciudadanos comiencen a sonar para advertirles qué hacer y cómo protegerse.
Porque ante una catástrofe natural, recibir una advertencia a tiempo puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.