La actividad, históricamente asociada a mujeres y trans, registró en los últimos años un crecimiento sostenido de hombres que ofrecen servicios sexuales, impulsados por crisis económica, una demanda más diversificada y un mercado que privilegia la discreción
En un contexto de caída general del consumo, emergió con fuerza un segmento que hasta hace pocos años permanecía en segundo plano: el de los hombres que ofrecen servicios sexuales de manera profesional.
El crecimiento comenzó a hacerse visible a partir de 2023, cuando organizaciones vinculadas a la actividad detectaron un aumento sostenido de trabajadores sexuales masculinos. De acuerdo con relevamientos de AMMAR San Juan, actualmente se estimó la presencia de alrededor de 70 hombres dentro del circuito provincial, en su mayoría jóvenes, que encontraron en esta práctica una alternativa laboral o un ingreso complementario.
A diferencia de otros momentos, la expansión no respondió únicamente a la necesidad económica. El fenómeno estuvo acompañado por una transformación en la demanda, con un protagonismo creciente del mercado femenino. Mujeres adultas comenzaron a contratar este tipo de servicios de manera regular, priorizando la discreción, la confidencialidad y la posibilidad de evitar vínculos personales no deseados.
El nuevo escenario también modificó las formas de contacto. Mientras el trabajo sexual femenino mantuvo una mayor visibilidad en el espacio público, la actividad masculina se organizó principalmente a través de plataformas digitales, sitios web especializados y recomendaciones privadas. Este esquema permitió construir una clientela estable, identificada y de bajo perfil.
La oferta mostró una marcada diversificación. Los perfiles incluyeron hombres desde los 18 años hasta más de 40, con propuestas dirigidas tanto al mercado masculino como al femenino, además de servicios para parejas y tríos. A esto, se sumaron modalidades que ampliaron el abanico tradicional: acompañantes, masajes, striptease, servicios virtuales, prácticas de BDSM y distintos fetiches.
En términos económicos, el segmento masculino evidenció una rentabilidad superior al promedio del sector. Las tarifas variaron según el tipo de servicio, el nivel de exclusividad y el vínculo con la clientela, con valores que en algunos casos alcanzaron hasta $200.000 por encuentros completos. Referentes del sector señalaron que el mercado masculino resultó más rentable que el femenino, aun en un contexto general de retracción.
Aunque históricamente hubo hombres vinculados al trabajo sexual, su presencia era marginal. El crecimiento reciente marcó un quiebre en la lógica tradicional de la actividad y expuso una reconfiguración del mercado, atravesada por la crisis, la digitalización y nuevas formas de consumo, que comenzó a consolidarse como una tendencia estructural.
