En política, el que tiene la foto con el dueño del circo no necesita pedirle permiso a los acomodadores
Por Enzo Perea SIN CODIGO
En La Libertad Avanza (LLA) de Tucumán pareciera haber dos bandos. Por un lado, Lisandro Catalán -jefe oficial del partido- el encargado de cuidar el “purismo” del sello en la provincia, apuntado por muchos como un administrador de puertas cerradas y un liderazgo personalista que ha dejado afuera a varios heridos políticos que querían subirse a la ola violeta.
Por el otro, Mariano Campero, el “radical con peluca”, que es un aliado de LLA a nivel nacional pero que en la provincia no le dan cabida, niegan su pertenencia violeta. Expulsado de la UCR por su alineamiento explícito con Javier Milei en el Congreso, Campero no se quedó llorando el exilio partidario; se tiñó de violeta, armó bloque y se puso el traje de armador pragmático.
Mientras algunos se dedican a cerrar las puertas del partido con candado en la provincia, otros viajan a Buenos Aires y vuelven con la llave en la mano.
La tensión entre Lisandro Catalán y el diputado nacional Mariano Campero dejó de ser un secreto de pasillo para convertirse en una guerra de alta intensidad. Catalán, que maneja el sello local con una rigidez casi monástica, se ha encargado de freezar a todo aquel dirigente tucumano que ose arrimarle una propuesta de armado al proyecto de Milei. Un liderazgo personalista que muchos en el bando libertario ya tildan de “expulsivo” y mezquino. “¿Para qué sumar si podemos restar?”, parece ser la consigna en esa oficina.
Pero a Campero pareciera que no le asustan los portazos. Ya lo echaron de la UCR por levantar la mano a favor del veto presidencial en el Congreso, un precio que pagó gustoso a cambio de convertirse en el aliado más inquieto y pragmático de Milei en el Norte. La gran pregunta que desvela al microclima local es obvia: ¿las vallas que pone Catalán en la provincia tienen el aval de Karina Milei, o es un juego propio que está a punto de chocar de frente contra la realidad territorial?
Dos fotos y un viernes de rosca pura
En el entorno de los hermanos Milei, los gestos mudos valen más que cien solicitadas en los diarios. En menos de ocho días, Campero metió un doblete fotográfico que encendió todas las alarmas en el bando de Catalán.
El ala dura: Primero fue la foto con Patricia Bullrich el pasado 2 de junio, garantizando el padrinazgo de una de las dirigentes más valorada del país. “Reunido con la senadora Patricia Bullrich; desde aquí, empujamos las transformaciones que lidera el presidente Javier Milei”, posteó Campero.

El golpe de gracia: Pero el verdadero golpe político ocurrió este miércoles. Campero subió la foto que todos quieren y muy pocos consiguen: sonriente junto a Karina Milei. “Buena charla con el jefe, Karina Milei. Y a seguir transformando la Argentina”, posteó el yerbabuenense. En Olivos, donde el marcador indeleble de “El Jefe” tacha nombres sin que le tiemble el pulso, esa sonrisa ¿es un misil teledirigido a la conducción local?

Como si el espaldarazo de Buenos Aires fuera poco, Campero se asoció con el legislador José “Pepe” Seleme —otro radical que pegó el portazo histórico para teñirse de violeta— y este viernes 12 de junio copan el Club Estudiantes, en la capital tucumana. No es un simple encuentro de militancia; es la vidriera donde se van a mostrar todos los “desencontrados” y heridos que Catalán dejó afuera.

OJO con quiénes se muestren en el encuentro del Club Estudiantes. Con el Mundial de Fútbol a la vuelta de la esquina —la pantalla perfecta que el oficialismo usará para acelerar las definiciones bajo el radar—, la interna tucumana de LLA promete sorpresas y traiciones de manual. Los goles de Campero ya se están gritando entre sus seguidores; habrá que ver si a Catalán le queda resto para el segundo tiempo.
