A pesar de acumular dos décadas de denuncias por enriquecimiento ilícito y lavado de activos, la familia del líder camionero consolidó un patrimonio de propiedades de lujo, chacras y empresas proveedoras de la propia obra social de su gremio
Mientras la Obra Social de Choferes de Camiones (OSCHOCA) acumula un déficit estimado en cerca de 60.000 millones de pesos, el patrimonio atribuible al entorno directo de Hugo Moyano no para de expandirse. Mansiones con lago artificial, equinos de raza cotizados en decenas de miles de dólares y múltiples pisos en zonas exclusivas de la Ciudad de Buenos Aires conforman el mapa del lujoso estilo de vida que rodea al reconocido clan sindical.
La controversia volvió al centro del debate público tras recientes polémicas que involucraron al exdiputado Facundo Moyano. Sin embargo, detrás de la exposición pública, se esconde una aceitada red económica familiar que combina negocios inmobiliarios, sociedades proveedoras del gremio y fuertes internas familiares.
Lujo en el country y caballos de elite
En el exclusivo Barrio Privado Campos de Roca, ubicado en el partido bonaerense de Coronel Brandsen, la familia controla al menos tres chacras y un lote adicional, cuyas dimensiones oscilan entre la hectárea y media y las dos hectáreas. Las expensas combinadas de estos inmuebles alcanzan los $9 millones mensuales.
Entre las propiedades destaca la presencia de Valeria Salerno, hijastra de Hugo Moyano e hija de su actual esposa, Liliana Zulet. Salerno encabeza varias de las firmas del grupo y comparte en sus terrenos una costosa afición: cuatro ejemplares de caballos de raza frisona, con un valor de mercado que ronda los 50.000 dólares por animal.
Por su parte, el histórico líder camionero, actualmente alejado de las primeras líneas de la escena pública, fija residencia en un departamento ubicado entre la Avenida Montes de Oca y Uspallata, en la Ciudad de Buenos Aires (CABA), donde el clan posee al menos cuatro pisos en el mismo edificio.
El circuito cerrado de los negocios familiares
El engranaje económico del clan gira sobre tres sociedades anónimas clave: Dixey S.A., Iarai S.A. y Aconra S.A. Dirigidas alternadamente por Liliana Zulet y sus hijos (Valeria Salerno y Juan Manuel Noriega Zulet), estas empresas cubren rubros que van desde la limpieza, confección de ropa y servicios informáticos, hasta asistencia sanitaria y construcción.
La controversia judicial y sindical radica en que el principal y casi exclusivo cliente de este conglomerado de empresas es el propio Sindicato de Camioneros y su Obra Social. A través de esta triangulación, diversos integrantes del grupo familiar figuran formalmente en las nóminas salariales de dichas compañías; entre ellos, Jerónimo Moyano (hijo menor del dirigente) y el propio Facundo Moyano, registrado como empleado de la constructora Aconra S.A.
Fideicomisos bajo la lupa judicial
El entramado económico suma un nuevo capítulo tras las denuncias presentadas por la exlegisladora Graciela Ocaña. Según las acusaciones, durante el año 2024 se habrían desviado alrededor de $900 millones hacia tres fideicomisos constituidos en el mismo domicilio legal que comparten las empresas familiares (Avenida Belgrano 1255).
El contraste resulta alarmante para los analistas de la gestión sindical: la obra social de Camioneros recibe mensualmente unos 4.750 millones de pesos del Fondo Solidario de Redistribución manejado por la Superintendencia de Servicios de Salud. Sin embargo, su delicado estado financiero contrasta bruscamente con la prosperidad económica del círculo íntimo de sus conductores.
Rupturas internas y herencia política
A la par del frente judicial y patrimonial, la familia atraviesa un momento de severa fragmentación interna. Pablo Moyano, señalado históricamente como el heredero político del gremio, mantiene una distancia absoluta y sin diálogo con sus hermanos, en un contexto donde las disputas por el control y los estilos de vida terminaron por fracturar la unidad del clan más poderoso del sindicalismo argentino.