Un hombre de Minnesota, Estados Unidos, intentó contratar a un sicario a través de la dark web para asesinar a su esposa y quedarse con un millonario seguro de vida. El primer plan fracasó porque la página utilizada era una estafa e incluso el FBI llegó a advertirle a la mujer que alguien quería matarla. Sin embargo, meses después, el hombre concretó el crimen e intentó hacerlo pasar por un suicidio.
El caso ocurrió en 2016 y tuvo como protagonistas a Stephen y Amy Allwine, un matrimonio que vivía en Cottage Grove y tenía un hijo en común. A simple vista llevaban una vida normal, pero detrás de esa apariencia se escondía una trama de infidelidades, engaños y un plan de asesinato.
En febrero de ese año, Stephen recurrió a un sitio de la dark web llamado Besa Mafia, que ofrecía supuestos servicios de sicarios. Bajo el nombre de usuario “dogdayGod”, contactó a un administrador identificado como Yura y le proporcionó fotografías de su esposa, información sobre sus movimientos y hasta la dirección del hotel donde se alojaría durante un viaje de negocios a Illinois.
Para concretar el encargo transfirió al menos US$12.000 en bitcoins. Según la fiscalía, uno de sus principales objetivos era cobrar un seguro de vida de US$700.000 del que era beneficiario. Al no obtener resultados, insistió con el pedido y exploró otras alternativas para concretar el asesinato.
Pero la trama salió a la luz de manera inesperada. En abril de 2016, el sitio Besa Mafia fue hackeado y los mensajes entre sus administradores y clientes quedaron expuestos. La información llegó al FBI, que comenzó a identificar y contactar a las personas que figuraban como posibles víctimas.
En mayo, agentes federales y policías locales visitaron la vivienda de los Allwine para advertirle a Amy que alguien había intentado contratar a un sicario para matarla. Sin embargo, en ese momento la mujer desconocía que su propio esposo estaba detrás de la amenaza.
El asesinato y el intento de encubrirlo
El 13 de noviembre de 2016, Amy comenzó a sentirse mal mientras estaba en su casa. Presentaba mareos, confusión y sequedad en la boca. La investigación posterior determinó que tenía en su organismo una cantidad de escopolamina superior a la utilizada con fines terapéuticos.
Ese mismo día murió de un disparo en la cabeza. Cuando la Policía llegó a la vivienda, encontró su cuerpo en el dormitorio matrimonial con un arma apoyada sobre uno de sus brazos.
Stephen había llamado al 911 y sostuvo que creía que su esposa se había suicidado. Sin embargo, la escena despertó sospechas entre los investigadores. Había rastros de sangre, productos de limpieza y huellas que se extendían desde la habitación hasta el lavadero. Además, la posición del cuerpo y del arma presentaba inconsistencias con la hipótesis de un suicidio.
La investigación avanzó sobre los dispositivos electrónicos del sospechoso. Los peritos analizaron más de 60 aparatos secuestrados en la vivienda y encontraron registros del navegador Tor, utilizado para acceder a la dark web, búsquedas relacionadas con la escopolamina y datos que vinculaban a Stephen con el usuario “dogdayGod”.
También hallaron un código de 34 caracteres que coincidía con el utilizado para realizar los pagos a Besa Mafia, además de consultas sobre Moline, la ciudad donde Amy tenía previsto alojarse durante su viaje de negocios.
A estas pruebas se sumaron los resultados de la autopsia y los rastros de pólvora detectados en la mano derecha de Stephen.
El hombre fue detenido el 17 de enero de 2017. Inicialmente fue acusado de homicidio intencional en segundo grado, pero posteriormente la fiscalía elevó la imputación a homicidio premeditado en primer grado.
Prisión perpetua sin posibilidad de libertad
El juicio comenzó en enero de 2018. Durante el proceso, la defensa intentó desvincular a Stephen del asesinato y sostuvo que no se encontraba en la vivienda cuando murió su esposa.
Sin embargo, las pruebas digitales, los resultados forenses y la reconstrucción de los hechos terminaron comprometiendo su situación.
El 31 de enero de 2018, el jurado lo declaró culpable del asesinato de Amy Allwine. Finalmente, fue condenado a prisión perpetua sin posibilidad de recuperar la libertad.