Las primeras audiencias del juicio por la desaparición de Loan Peña no solo comenzaron a trazar el camino judicial del caso. También dejaron al descubierto, en gestos, silencios y actitudes, cómo atraviesan el proceso los imputados sentados en el banquillo.
En ese clima cargado, una de las postales más llamativas fue la del comisario Walter Maciel. Ya sin esposas, pasó buena parte de la primera jornada escribiendo de forma constante en un cuaderno de tapa verde. Con la mirada baja y concentrado, tomó notas mientras avanzaban las exposiciones, por momentos ajeno a lo que ocurría a su alrededor.
A pocos metros, la situación de Laudelina Peña reflejó otra cara del impacto del juicio. Según su abogada, Mónica Chirivín, la mujer sufre episodios de presión alta desde los días previos al inicio del debate, en un contexto de desgaste acumulado desde el comienzo de la causa. Durante un cuarto intermedio, incluso, el abogado Rodolfo Baqué se acercó para ofrecerle algo de comer, en un gesto que pasó casi inadvertido.
Las tensiones también se evidenciaron en el vínculo entre los acusados. Carlos Pérez y María Victoria Caillava evitaron el contacto con Peña: en varias oportunidades le dieron la espalda y eludieron miradas, marcando una distancia visible dentro de la sala.
El desarrollo de las audiencias estuvo atravesado por momentos de tensión y dificultades técnicas que, por instantes, afectaron el ritmo del debate. En ese contexto, se destacó la participación remota de Mónica Millapi, quien siguió el juicio por Zoom desde Neuquén con autorización del tribunal. Su conexión presentó fallas en distintos tramos, lo que obligó a reiterados llamados de atención antes de que retomara la audiencia desde su celular.
Otro de los acusados, Daniel Ramírez, mostró una actitud desafiante en varios pasajes. Se lo vio activo, intercambiando comentarios en voz baja con sus defensores durante buena parte de la jornada.
Por su parte, Antonio Benítez evidenció un cambio de postura entre una audiencia y otra: de una actitud retraída y cabizbaja pasó a mostrarse más erguido, atento y firme en su asiento.
En la sala del Escuadrón N°48 de la Gendarmería Nacional también estuvieron presentes imputados de la denominada causa de la Fundación Dupuy —con excepción de Rossi Colombo—, quienes llegaron en libertad, a diferencia de los acusados principales.
Se trata de detalles que no forman parte de las pruebas judiciales, pero que ayudan a reconstruir el clima interno de un juicio atravesado por la gravedad del caso y la fuerte exposición mediática. En esos pequeños gestos, cada acusado parece dejar ver cómo enfrenta, a su manera, el avance de un proceso que podría extenderse hasta fin de año.
