Durante las primeras horas de la mañana del sábado, un padre y su hijo fueron interceptados por un grupo de delincuentes cuando se dirigían a trabajar en bicicleta por la zona sur de San Miguel de Tucumán
La violencia delictiva volvió a mostrar su rostro más cruel en San Miguel de Tucumán. Un padre y su hijo fueron brutalmente atacados por delincuentes cuando se dirigían a trabajar en bicicleta por la zona sur de la capital. El violento episodio terminó con el robo de sus rodados y con uno de ellos internado a raíz de las graves lesiones sufridas durante el asalto. Las víctimas fueron identificadas como Juan Patricio Herrera, un zapatero conocido por vecinos y allegados por su participación en actividades solidarias, y su hijo José Orlando Herrera.
El hecho ocurrió durante las primeras horas de la mañana del sábado, en la intersección de Avenida Independencia y Coronel Zelaya, un sector de intenso tránsito de trabajadores que diariamente se trasladan desde los barrios del sur hacia distintos puntos de la capital. Según trascendió, fueron interceptadas por un grupo de delincuentes que las agredió para apoderarse de las bicicletas, único medio de transporte que utilizaban para llegar a sus respectivos trabajos. De acuerdo con la denuncia, Juan Patricio Herrera sufrió cortes en distintas partes del cuerpo y del rostro, mientras que su hijo recibió una profunda herida en el cuello. Juan Patricio Herrera recibió el alta médica y actualmente continúa recuperándose en su domicilio, mientras que José Orlando Herrera permanece internado en terapia intermedia bajo seguimiento médico luego de la grave lesión sufrida en el cuello.
La brutalidad del ataque generó indignación entre vecinos y usuarios de las redes sociales, quienes reclamaron mayores medidas de seguridad en una zona donde los robos y hechos violentos son cada vez más frecuentes.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa una realidad que preocupa a miles de tucumanos: trabajadores que salen de sus hogares antes del amanecer para ganarse el sustento diario y terminan convirtiéndose en víctimas de la delincuencia.
La imagen de un padre y su hijo atacados cuando simplemente intentaban llegar a sus lugares de trabajo refleja el nivel de vulnerabilidad que padecen muchos ciudadanos. No se trató solamente del robo de dos bicicletas; detrás de ese delito hay familias afectadas, proyectos interrumpidos y una sensación de inseguridad que crece día tras día.
La sociedad reclama respuestas concretas. Porque cuando quienes salen a trabajar son golpeados y despojados de sus herramientas de movilidad, el delito deja de ser una estadística para convertirse en una tragedia cotidiana que golpea directamente a los sectores que más esfuerzo realizan para salir adelante.
La causa continúa bajo investigación judicial y fue iniciada a partir de una denuncia por un hecho que inicialmente fue encuadrado como homicidio en grado de tentativa, debido a la gravedad de las lesiones sufridas por las víctimas.
