Brasil elegirá presidente este domingo 4 de octubre en una elección extremadamente polarizada y con impacto regional. Luiz Inácio Lula da Silva llega primero en la mayoría de las encuestas, pero sin el caudal necesario para evitar una segunda vuelta. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, aparece como su principal rival y en varios sondeos queda prácticamente empatado con el mandatario en un eventual balotaje. Si nadie supera el 50% de los votos válidos, la definición será el 25 de octubre
Por la redacción de SIN CODIGO TUCUMÁN
Brasil vuelve este domingo a convertirse en el centro político de América Latina. Más de 150 millones de electores están convocados a las urnas para definir no solamente quién gobernará el país más poblado y económicamente más importante de Sudamérica, sino también qué orientación política tendrá una de las principales potencias regionales durante los próximos años.
El Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), próximo a cumpolir 81 años, buscará un nuevo mandato. Enfrente aparece como principal adversario el senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal, de 45 años, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y heredero político del espacio conservador que gobernó Brasil entre 2019 y 2022.
La elección llega marcada por una profunda polarización, preocupaciones por el costo de vida y la seguridad, acusaciones de corrupción que alcanzaron a distintos sectores y un debate creciente sobre la posición internacional de Brasil frente a Estados Unidos y China.
Lula llegaría primero, pero no le alcanzaría para ganar este domingo
La fotografía que ofrecen las encuestas a horas de la elección es bastante consistente en un punto: Lula aparece primero en la mayoría de los relevamientos de primera vuelta, pero lejos del 50% necesario para ganar sin balotaje.
Datafolha, uno de los institutos más tradicionales de Brasil, registró a Lula con 42% sobre el total de entrevistados y 45% de los votos válidos, contra 38% y 40%, respectivamente, para Bolsonaro. El estudio entrevistó a 2.506 electores y tiene un margen de error de dos puntos.
Este sábado, el último estudio de CNT/MDA mostró a Lula con 43,1% y a Bolsonaro con 38%. Cuando se consideran solamente los votos válidos, el presidente llega al 47,8%, todavía por debajo de la mayoría absoluta necesaria.
Quaest había ubicado previamente a Lula en 39% contra 34% de Bolsonaro; RealTime Big Data registró 43% a 39%; Meio/Ideia, 39,4% a 38,4%; Atlas/Bloomberg, 45,3% a 42,2%; y Palver mostró un empate de 44% a 44%.
Tomados en conjunto, los principales relevamientos sugieren una ventaja de Lula en la primera vuelta de alrededor de tres a cinco puntos, aunque con diferencias importantes entre institutos. Un promedio elaborado por El País sobre los sondeos disponibles le asigna aproximadamente tres puntos de ventaja al presidente.
El verdadero suspenso aparece en el balotaje
Si este domingo nadie consigue más del 50% de los votos válidos, Brasil volverá a las urnas el domingo 25 de octubre para elegir entre los dos candidatos más votados.
Y allí el panorama cambia radicalmente. Los estudios muestran una elección virtualmente empatada.
Datafolha ubica a Lula con 48% y a Flávio Bolsonaro con 45%, una diferencia considerada técnicamente empatada por el margen de error.
RealTime Big Data da vuelta la relación y coloca a Bolsonaro en 46% contra 45% de Lula. Meio/Ideia registra 48,5% para Lula y 48% para Bolsonaro. Atlas/Bloomberg prácticamente no encuentra diferencia: 47,6% Lula y 47,7% Bolsonaro. Y Palver coloca a Bolsonaro con 47% frente a 45% de Lula.
CNT/MDA, en cambio, mantiene a Lula por delante con 47,3% contra 43,1%.
La conclusión es clara: ninguno llega al domingo pudiendo considerarse dueño de una eventual segunda vuelta.
Un análisis de los sondeos realizado por El País encuentra incluso una diferencia promedio de apenas dos décimas a favor de Flávio Bolsonaro en el balotaje, una distancia estadísticamente insignificante.
La elección puede terminar de inclinar América Latina hacia la derecha
El resultado brasileño excede largamente sus fronteras.
Durante los últimos dos años, América Latina registró una secuencia de victorias de fuerzas conservadoras o de derecha. Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Panamá, Colombia y Perú forman parte de ese desplazamiento político regional. Reuters describió este proceso como una reversión de la denominada “marea rosa” que había llevado gobiernos de izquierda o centroizquierda al poder a comienzos de la década.
Brasil aparece ahora como la gran pieza que puede frenar o profundizar esa tendencia.
Una reelección de Lula mantendría en el poder al principal referente de la izquierda sudamericana y conservaría un contrapeso importante dentro de una región que se desplazó hacia posiciones más conservadoras. Una victoria de Flávio Bolsonaro, en cambio, incorporaría a Brasil —la mayor economía latinoamericana— al bloque de gobiernos de derecha que viene ganando terreno.
Eso no significa que América Latina pueda dividirse simplemente entre dos bandos homogéneos. Cada gobierno tiene intereses nacionales propios y existen fuertes diferencias incluso entre administraciones que comparten etiquetas ideológicas. Pero el peso específico de Brasil convierte esta elección en algo diferente.
Lula y Bolsonaro representan dos relaciones distintas con Estados Unidos
La política exterior es otro de los grandes contrastes. Lula mantuvo durante su actual mandato una política de mayor autonomía respecto de Washington, fortaleció los vínculos con China, defendió el papel de los BRICS y reivindicó una política exterior latinoamericana menos dependiente de Estados Unidos.
Flávio Bolsonaro, en cambio, está políticamente mucho más próximo al presidente estadounidense Donald Trump y se espera que, de llegar al poder, promueva una relación más estrecha con Washington.
Esta diferencia adquiere enorme relevancia porque China es el principal socio comercial de Brasil y porque Washington viene intentando recuperar influencia estratégica en América Latina.
Por eso, una eventual administración Bolsonaro no supondría solamente un cambio interno: podría modificar el equilibrio diplomático regional entre Estados Unidos, China y los países sudamericanos.
El peso de Argentina
Para Argentina, el resultado tampoco será indiferente. Brasil es su principal socio comercial y un actor central dentro del Mercosur.
Una victoria de Flávio Bolsonaro probablemente generaría mayor afinidad ideológica con el gobierno argentino de Javier Milei, aunque esa coincidencia no garantiza automáticamente acuerdos comerciales o diplomáticos en todos los temas.
Una reelección de Lula mantendría una relación bilateral institucionalmente activa, pero atravesada por diferencias ideológicas evidentes entre los gobiernos de Buenos Aires y Brasilia.
En cualquiera de los dos escenarios, la dimensión económica seguirá imponiéndose: Argentina y Brasil están obligados a mantener una relación intensa por comercio, industria automotriz, energía y Mercosur.
Mucho más que Lula contra Bolsonaro
Este domingo los brasileños no elegirán solamente Presidente. También renovarán los 513 miembros de la Cámara de Diputados, dos tercios del Senado, gobernadores y legislaturas estaduales, lo que significa que el resultado parlamentario será tan importante como el presidencial para determinar la capacidad del próximo mandatario para gobernar.
Brasil posee además un sistema político altamente fragmentado, por lo que cualquier presidente necesita construir coaliciones amplias en el Congreso. Incluso quien gane la Presidencia podría encontrarse con un Poder Legislativo más conservador que el Ejecutivo, una variable particularmente relevante si Lula consigue la reelección.
Un domingo que probablemente no dará la última palabra
Las encuestas coinciden en algo más: la posibilidad de que la elección termine este domingo es baja. Lula se encuentra cerca pero todavía por debajo del 50% de los votos válidos, mientras Bolsonaro logró consolidarse como el único rival con posibilidades reales de disputarle la Presidencia.
El domingo probablemente servirá para responder una primera pregunta: cuánto respaldo real tiene cada uno cuando los sondeos dejan paso a las urnas.
La segunda —y decisiva— podría quedar pendiente hasta el 25 de octubre.
Brasil deberá elegir entonces entre continuar con Lula o devolver a la derecha al Palacio del Planalto de la mano de otro Bolsonaro.
Y por el peso político, económico y diplomático del gigante sudamericano, lo que ocurra en Brasil no quedará en Brasil. Puede convertirse en uno de los acontecimientos que terminen definiendo hacia dónde se mueve políticamente América Latina durante los próximos años.