El Xeneize se impuso en La Bombonera con un gol de Lautaro Di Lollo y se quedó con el partido más esperado del fútbol argentino. River sufrió las expulsiones de Lucas Martínez Quarta y Gonzalo Montiel, mientras que el árbitro Nicolás Ramírez quedó en el centro de la polémica por sus decisiones y la intervención del VAR
Por la redacción de SIN CODIGO TUCUMÁN
El Superclásico de este domingo 1 de noviembre tuvo todos los condimentos: un gol decisivo, dos tarjetas rojas, fuertes protestas y un arbitraje que generó discusiones. Boca festejó ante su gente y River terminó con nueve jugadores en un encuentro que quedó condicionado desde los primeros minutos.
Boca Juniors derrotó este domingo a River Plate por 1 a 0 en La Bombonera, en el encuentro correspondiente a la fecha 15 del Torneo Clausura 2026.
El único gol del partido lo convirtió Lautaro Di Lollo, a los 27 minutos del primer tiempo, con un cabezazo tras un tiro de esquina ejecutado por Sebastián Villa.
Sin embargo, el resultado deportivo no fue el único protagonista de la jornada. El Superclásico estuvo atravesado por las decisiones del árbitro Nicolás Ramírez, las intervenciones del VAR y dos expulsiones que dejaron al conjunto de Núñez con nueve futbolistas.
La primera polémica llegó antes de los diez minutos
El partido cambió de rumbo cuando apenas se habían disputado nueve minutos. Lucas Martínez Quarta sujetó a Miguel Merentiel cuando el delantero de Boca avanzaba hacia el arco rival.
Tras ser convocado por el VAR, Nicolás Ramírez revisó la jugada y decidió mostrarle la tarjeta roja directa al defensor de River por impedir una ocasión manifiesta de gol.
La decisión obligó al equipo visitante a modificar rápidamente su planteo y afrontar casi todo el encuentro en inferioridad numérica.
Boca aprovechó su oportunidad y golpeó de cabeza
Con un futbolista más, Boca comenzó a encontrar espacios y a controlar buena parte del desarrollo. A los 27 minutos, Sebastián Villa ejecutó un tiro de esquina y Lautaro Di Lollo apareció en el área para conectar un cabezazo que terminó en la red.
El gol desató el festejo de La Bombonera y le permitió al equipo local manejar el marcador. River intentó reaccionar, pero encontró dificultades para generar situaciones claras de peligro.
Otra expulsión dejó a River con nueve
En el segundo tiempo, cuando River buscaba llegar al empate, se produjo otra jugada determinante. Gonzalo Montiel cometió una fuerte infracción sobre Lautaro Blanco y recibió la tarjeta roja directa.
De esta manera, el conjunto visitante terminó el Superclásico con nueve futbolistas, una desventaja que complicó todavía más sus posibilidades de revertir el resultado.
El arbitraje, en el centro de la discusión
La actuación de Nicolás Ramírez fue uno de los principales focos de controversia. Además de las expulsiones de Martínez Quarta y Montiel, los jugadores y el cuerpo técnico de River reclamaron por otras acciones que, a su entender, merecían sanciones más severas para futbolistas de Boca.
Entre ellas estuvieron una infracción de Lautaro Blanco sobre Tobías Andrada y otra de Leandro Paredes, que ya había sido amonestado, sobre Tomás Galván.
El árbitro no aplicó las expulsiones reclamadas por el equipo visitante. Las decisiones generaron fuertes cuestionamientos, aunque las protestas no demuestran por sí mismas que haya existido una actuación arbitral incorrecta.
El VAR también quedó bajo la lupa por su participación en la primera tarjeta roja, una intervención que terminó modificando el desarrollo del encuentro.
Boca festejó y River se fue con bronca
El triunfo tuvo un valor especial para Boca, no solamente por tratarse del Superclásico, sino también por su importancia en la definición de las posiciones del campeonato y la clasificación a las competencias internacionales.
Para River, en cambio, fue una tarde de frustración: perdió frente a su histórico rival y sufrió dos expulsiones que condicionaron el partido.
Boca se quedó con los tres puntos y con el festejo de su gente. River terminó con nueve jugadores y fuertes cuestionamientos al arbitraje.
El Superclásico volvió a demostrar que, en el fútbol argentino, un partido entre los dos grandes puede definirse por un gol, pero seguir discutiéndose durante días por las decisiones del árbitro.