La llegada de un Super Niño preocupa a la Argentina por una posible alteración climática

Modelos globales meteorológicos de Estados Unidos y Europa anticipan un fenómeno extremo para el último trimestre de 2026. Las anomalías oceánicas podrían afectar especialmente a la agricultura y el caudal hídrico

Las agencias meteorológicas internacionales lanzaron una advertencia sobre la posible formación de un “Super El Niño” durante el segundo semestre de 2026, un evento que podría transformar el clima en todo el planeta y afectar de manera directa a América del Sur, particularmente a la Argentina.

Un informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), acompañado por las proyecciones del Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Medio Plazo (ECMWF) y comentarios de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), coloca el foco sobre un fenómeno con potencial para alterar la agricultura, la seguridad alimentaria y las estrategias de gestión de recursos hídricos en la región.

Según la NOAA, la probabilidad de que se desarrolle un evento El Niño significativo en los próximos meses creció hasta un 61% entre mayo y julio, con una chance del 25% de que el episodio evolucione hacia la categoría de “Super El Niño”.

Para alcanzar este umbral, la temperatura superficial del mar en el Pacífico central debe superar los 2 °C por encima del promedio, condición que solo se cumplió en tres oportunidades desde mediados del siglo pasado, de acuerdo con los datos históricos de la OMM y la NOAA. El ECMWF prevé anomalías que podrían llegar a 3,3 °C hacia septiembre, lo que refuerza la preocupación por la posible magnitud del fenómeno.

La OMM recuerda que los episodios más intensos registrados—1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016—provocaron impactos sustanciales en los sistemas climáticos globales y en la economía mundial. El fenómeno de 1997-1998, según la OMM y la NOAA, generó pérdidas económicas por más de USD 30.000 millones y dejó cerca de 24.000 víctimas mortales, mientras que el evento de 2015-2016 fijó récords de calor, sequías en África y América Central e inundaciones en América del Sur.

Frente a este antecedente, la comunidad científica alerta sobre la importancia de monitorear la evolución del evento durante el segundo semestre del año.

Qué es un Super Niño y cómo podría impactar en Sudamérica

El Niño se define como un patrón climático recurrente en el que las aguas superficiales del océano Pacífico central y oriental registran un calentamiento anómalo. Un “Super El Niño” corresponde a un episodio en el que las temperaturas en la región Niño 3.4 del Pacífico central superan los 2 °C por encima de la media durante varios meses, según los parámetros establecidos por la NOAA.

Este fenómeno, menos frecuente, se asocia a alteraciones de gran escala en el clima global, con consecuencias directas en la producción agrícola, la disponibilidad de agua y la salud pública.

De acuerdo con la OMM, “los Super Niño de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 causaron alteraciones sustanciales en los sistemas climáticos globales”. El evento de 1997-1998, por ejemplo, generó pérdidas económicas por más de USD 30.000 millones y cerca de 24.000 víctimas mortales, según datos recopilados por la OMM y la NOAA. En 2015-2016 se registraron récords de calor global, sequías en África y América Central, e inundaciones en América del Sur.

Los modelos actuales del ECMWF y la NOAA coinciden en un alza de las probabilidades para 2026, aunque advierten que la magnitud final se confirmará en los próximos meses conforme se recopile nueva información satelital y oceánica.

La NOAA indicó: “Las condiciones ENSO-neutrales predominan actualmente, pero se observa una expansión de temperaturas superficiales del mar por encima de lo normal desde mediados de abril”. El ECMWF subrayó: “Los modelos muestran un rango amplio de posibles anomalías, aunque cerca de la mitad de las simulaciones superan los 2,5 °C antes de fin de año”.

Un “Super El Niño” puede desencadenar cambios drásticos en los patrones de lluvia, temperatura y vientos en distintas regiones del mundo, según análisis de la NOAA. En Estados Unidos, el fenómeno suele asociarse con aumento de calor y humedad en el oeste, así como condiciones cálidas y secas en el sur.

En el sudeste asiático y partes del Medio Oriente, los modelos del ECMWF prevén lluvias superiores a lo normal y mayor riesgo de inundaciones. En América del Sur, se anticipan lluvias intensas en la costa oeste y sequías en el interior del continente, mientras que Australia podría experimentar déficit hídrico.

La OMM puntualizó que los efectos de El Niño “no son uniformes en todas las regiones”, y recomendó a los gobiernos mantener una vigilancia activa sobre los boletines climáticos oficiales y adaptar sus políticas de gestión de riesgos conforme se clarifiquen las proyecciones.

Los últimos informes de la NOAA y el ECMWF coinciden en que las condiciones oceánicas y atmosféricas apuntan a la formación de un episodio El Niño a partir de mediados de 2026, con una probabilidad de que alcance la categoría de “Super El Niño” en el último trimestre del año.

Expectativas y debate en Argentina

Mientras los modelos internacionales anticipan la posibilidad de un fenómeno extremo en el Pacífico, la atención en Argentina se centra en las posibles implicancias para la producción agropecuaria y la gestión de recursos hídricos. El informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), difundido esta semana, aporta una visión local que introduce matices y prudencia en la evaluación de los riesgos.

El reporte de la BCR aclara que “todavía no es posible determinar la intensidad del evento”, aunque reconoce que los modelos muestran una tendencia hacia El Niño para el segundo semestre de 2026. El reporte destaca que, por ahora, el escenario más probable para el invierno es de lluvias dentro de parámetros normales y sin señales concretas de un escenario extremo de excesos hídricos generalizados en la Argentina.

El análisis de la BCR se produce en un contexto de preocupación en el sector agropecuario, que todavía recuerda las inundaciones y los excesos hídricos registrados durante gran parte de 2025, especialmente en la provincia de Buenos Aires, y la acumulación de lluvias intensas en marzo y abril en varias regiones productivas. El informe señala que el centro-oeste bonaerense y el norte argentino fueron algunas de las zonas más afectadas, con registros que en algunos casos superaron los 300 milímetros durante abril.

Otro punto clave en el documento de la BCR es el comportamiento del océano Atlántico. Para 2026, algunos modelos empiezan a mostrar un enfriamiento significativo frente a las costas sudamericanas entre julio y septiembre, lo que podría limitar el aporte extra de humedad desde el Atlántico hacia el interior del continente.

El informe destaca que para considerar que se está frente a un “Niño” fuerte o muy fuerte deberían registrarse anomalías superiores a 2,5 °C durante dos o tres períodos consecutivos. Los modelos que sigue la BCR proyectan una anomalía cercana a 2,3 °C para diciembre de 2026, aunque el país llega al otoño con mejores reservas de humedad en los suelos gracias a las lluvias acumuladas durante 2025 y los aportes de marzo y abril.

Y señala que el reciente cambio en la circulación atmosférica y el final de la transición inestable entre verano y otoño permiten pensar en un escenario más normalizado para los próximos meses.

Como síntesis, la Bolsa indica que el Atlántico tendría un comportamiento menos favorable para los excesos de humedad durante el invierno, que se esperan lluvias normales para la primera parte de la campaña triguera, y que El Niño tendría mayor influencia entre octubre y marzo de 2027. Todavía resta al menos uno o dos meses para poder definir si el evento finalmente alcanzará una intensidad moderada o fuerte.

La OMM, la NOAA y el ECMWF coinciden en que un “super El Niño” podría elevar las temperaturas globales y aumentar la probabilidad de fenómenos extremos como sequías, lluvias intensas y olas de calor en distintas regiones. La información actualizada y la cooperación internacional serán determinantes para reducir los impactos y adaptar las medidas de respuesta ante la posible intensificación del fenómeno.

Con información de Víctor Ingrassia









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