Sin respuestas firmes desde el Estado ni la conciencia plena de los ciudadanos, los accidentes viales, de cada día, constituyen una de las principales causas de muerte y discapacidad con alto costo sanitario, social y hasta económico
Por SIN CODIGO
En Tucumán, cada día, surgen noticias de siniestros totalmente evitables. Los mismos dejan muertes o secuelas para toda la vida. Dicen que en la India son los peores conduciendo pero, en Tucumán, los superan. En broma -pero parece en serio- se dice que muchos aprendieron a manejar a través de un video de YouTube. Desidia, irresponsabilidad, falta de amor a la vida, nula educación, ausencia de respeto a las normas, cualquiera de ellas -o todas- contribuyen a que haya siniestros que no deberían suceder, con consecuencias muchas veces irreparables.
La siniestralidad vial en Tucumán se ha convertido en una verdadera crisis sanitaria y social. Durante 2024, 335 personas perdieron la vida en las rutas y calles de la provincia, lo que equivale a una muerte cada 25 horas.
Pero la tragedia no termina allí: más de 13.000 personas resultaron heridas en accidentes de tránsito, y el 7% quedó con discapacidades permanentes, muchas de ellas jóvenes que vieron truncada su vida laboral y social de manera irreversible.
Un drama motorizado en dos ruedas
El dato más alarmante es que 8 de cada 10 accidentes/siniestros involucran motociclistas, en su mayoría hombres jóvenes de entre 22 y 41 años, y gran parte circulaba sin casco. Esta franja etaria, paradójicamente, es la más productiva de la población, lo que genera un impacto económico y social aún mayor.
Costos millonarios para la salud pública
La atención de los lesionados en el Sistema de Salud provincial implica un gasto que supera los $17 millones diarios, es decir, más de $6.000 millones al año (datos del 2024). Según el Ministerio de Salud, un paciente grave puede requerir internaciones prolongadas que alcanzan los $60 millones en atención médica.
Accidentes evitables
Los especialistas coinciden en que los siniestros viales no son “accidentes”, sino hechos evitables. El exceso de velocidad, el consumo de alcohol u otras sustancias, el uso del celular y el desconocimiento de normas básicas conforman un analfabetismo vial -también involucra el no uso de cinturón de seguridad o cascos en los motociclistas– que, junto con la falta de políticas sostenidas de control e infraestructura adecuada, alimenta esta pandemia vial.
Políticas públicas y conciencia ciudadana
En 2025, se firmó en Tucumán un convenio interministerial para crear un sistema integral de análisis de la siniestralidad. Sin embargo, los expertos señalan que sin controles efectivos y educación vial desde la escuela, las medidas serán insuficientes.
La otra parte de la solución depende de los propios ciudadanos: respetar las normas, conducir con responsabilidad y entender que al volante se transporta la vida propia y la de los demás.