Conmoción por una disputa vecinal en un ataque con armas blancas y objetos contundentes en presencia de menores
Este jueves a la tarde, una familia del Barrio Cerco 2 sufrió la invasión de extraños armados con machetes y barretas. Fue un asalto deliberado al hogar, con amenazas de muerte pronunciadas en voz alta y la despreocupación más brutal frente a la presencia de menores. Los gritos de los niños, mezclados con golpes y amenazas, quedaron grabados en los celulares de las víctimas, que hoy presentan ese material ante la Justicia como prueba tangible del horror vivido.
Los denunciantes relatan una entrada violenta al predio particular, sin advertencias ni provocaciones previas que la justifiquen. Un agresor sosteniendo un machete de gran tamaño, mientras a su lado otro individuo empuña fierros de obra. No hubo consideración por la integridad de la familia ni por la presencia de niños: la motivación fue intimidatoria, buscando sembrar miedo y ejercer control mediante la violencia. La secuencia fue breve, pero suficiente para dejar a los ocupantes en estado de shock y con temor fundado de nuevas represalias.
La presentación del video ante las autoridades persigue, además de la identificación y el castigo de los responsables, la adopción de medidas de protección urgentes para quienes quedaron expuestos a esa violencia.
El episodio no puede leerse como un hecho aislado ni como una disputa menor: reproduce la lógica de la impunidad y del uso descontrolado de la fuerza en contextos vecinales. Los vecinos del Cerco 2 no solo demandan justicia por esta familia, sino acciones concretas que frenen la espiral de agresiones: presencia policial sostenida, investigación pronta y eficaz, y políticas locales para desactivar conflictos antes de que degeneren en atentados contra la seguridad ciudadana.
Mientras la Justicia analiza las pruebas y se evalúan responsabilidades penales, la comunidad queda a la espera de respuestas que recuperen la sensación de protección perdida. La indiferencia frente a menores en medio de ataques semejantes revela, además, una erosión ética que exige respuestas severas y ejemplificadoras por parte del Estado y de la sociedad.
