Once años del crimen de Nisman: cuando el poder mata y la Justicia mira para otro lado

Luego de la etapa kirchnerista, la Justicia avanza sobre inteligencia ilegal y encubrimiento político. Se apunta a ex funcionarios judiciales y políticos por supuestos intentos de desvío del caso, para que parezca un suicidio

Por SIN CODIGO

A 11 años del asesinato del Fiscal Federal Alberto Nisman, la Argentina sigue sin respuestas, sin culpables y sin justicia. Un caso que expone el costado más oscuro del poder, los encubrimientos del Estado y una sociedad que corre el riesgo de naturalizar la impunidad. La memoria como deber democrático.

Qué investigaba Alberto Nisman cuando apareció muerto

Alberto Nisman era el Fiscal especial a cargo de la Causa AMIA, el mayor atentado terrorista de la historia argentina. En enero de 2015 se encontraba en el punto más sensible de su investigación: había denunciado a la entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner, al Canciller Héctor Timerman -falleció en 2018- y a otros funcionarios por el encubrimiento de los ciudadanos iraníes acusados del atentado, a través del polémico Memorándum de Entendimiento con Irán.

Nisman sostenía que ese Acuerdo no buscaba justicia, sino garantizar impunidad a los sospechosos iraníes a cambio de beneficios geopolíticos y comerciales.

Cuatro días después de presentar la denuncia y un día antes de exponerla en el Congreso, apareció muerto en el baño de su departamento de Puerto Madero, el 18 de enero de 2015.

¿Suicidio o asesinato?

Durante años, desde sectores del poder político y judicial se intentó instalar la hipótesis del suicidio. Sin embargo, múltiples peritajes independientes y judiciales concluyeron que Nisman fue asesinado.

La Justicia Federal determinó que fue un homicidio, cometido por al menos dos personas, aprovechando la vulnerabilidad del Fiscal y la llamativa ausencia de protección estatal adecuada, pese a las amenazas que él mismo había denunciado.

A once años del hecho, nadie está condenado.

Sospechosos, sombras y encubrimientos

El caso está plagado de irregularidades desde el primer día:
• La escena del crimen fue contaminada.
• Hubo demoras injustificadas.
• Funcionarios del Ejecutivo de entonces intervinieron de manera directa o indirecta.
• La custodia del Fiscal incurrió en graves contradicciones.

El rol de los servicios de inteligencia, el manejo político del expediente y las presiones sobre jueces y fiscales convirtieron a la causa Nisman en un símbolo de cómo el poder puede bloquear la verdad.

No sólo no se esclareció el crimen, sino que durante años se persiguió judicialmente a quienes sostenían la hipótesis del asesinato.

La causa hoy: estancamiento y desconfianza

Actualmente, la causa sigue abierta, pero avanza lentamente, atrapada entre apelaciones, cambios de jueces y una desconfianza social cada vez mayor. El asesinato de un Fiscal Federal en democracia continúa sin responsables, sin condenas y sin una verdad judicial firme.

Esto no es un detalle menor: cuando un fiscal que investiga al poder aparece muerto y el sistema no da respuestas, la democracia entera queda bajo sospecha.

Memoria, verdad y una pregunta incómoda

Once años después, la pregunta sigue siendo la misma y cada vez más incómoda:
¿Cómo puede ser que en la Argentina se asesine a un Fiscal Federal y nadie pague por ello?

Recordar a Alberto Nisman no es una consigna partidaria. Es un acto de memoria republicana.
Es exigir que el Estado garantice justicia. Es negarse a aceptar que el paso del tiempo sea la mejor coartada de la impunidad.

Porque cuando un crimen de esta magnitud queda sin resolver, el mensaje es claro y peligroso: el poder puede más que la ley.

COMPARTIR NOTICIAS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *