El artista tenía 54 años. Lo hallaron descompensado en la sede de su escuela de percusión ubicada en Ciudad Jardín, vecino a El Palomar. Sufría asma. La Justicia investiga las causas
El ex baterista de Los Piojos Daniel Buira murió durante la madrugada de este sábado en la escuela de percusión La Chilinga, ubicada en Ciudad Jardín, lindante a El Palomar, en el partido bonaerense de Tres de Febrero, que había sido fundada por él en 1995.
Según confirmaron fuentes policiales, el músico estaba en un patio interno del lugar y cerca de las 4 empezó a pedir ayuda diciendo que no podía respirar.
Un vecino de nombre Hernán se acercó a asistirlo pero, de acuerdo a su testimonio, Buira se descompensó, perdió el conocimiento y falleció.
La Justicia abrió una causa por averiguación de causales de muerte que tramita en la UFI 8 de Morón.

Para esto solicitaron algunas medidas de seguridad en el lugar. Fuentes del caso aclararon que no hay cámaras de seguridad en el interior del establecimiento y solo cuentan con las imágenes del exterior, que podrían ser evaluadas.
Casi 40 años atrás, también en Ciudad Jardín, Buira junto a Miguel Ángel Rodríguez (Micky) en bajo, Daniel Fernández en guitarra, Juan Villagra en guitarra, Diego Chávez en voz y Rosana Obeaga en coros, le darían la forma seminal a uno de los grupos más importantes del rock nacional, Los Piojos, que, en 1989, asentó su formación con la llegada de Andrés Ciro Martínez quien, aparte de cantar y reemplazar a Chávez, se desempeñó como armonicista y letrista.
Buira fue clave para el desarrollo del sonido inicial de la banda al incorporar ritmos rioplatenses como la murga y el candombe. Durante su etapa, compuso junto a Andrés Ciro Martínez temas como “Cancheros” y “Te diría”, además de colaborar con Gustavo Kupinski en canciones de los discos Chactuchac (1992), Ay ay ay (1994) y Azul (1998).
Su participación en el grupo concluyó tras la publicación de Ritual (1999), un álbum grabado en vivo, y su salida se produjo en 2000 luego de un conflicto con Kupinski. La posterior inclusión de su composición “Motumbo” en Máquina de sangre (2003) evidenció la vigencia de su aporte.
El retorno de Buira de Brasil en 1995 marcó el nacimiento de La Chilinga, una escuela de percusión que en la actualidad cuenta con más de 900 alumnos, 30 profesores y varias sedes en CABA y el conurbano: Florencio Varela, Quilmes, Banfield, Saavedra, Avellaneda, Palomar, Sarandi, Córdoba y Congreso.
El proyecto, dirigido por Buira, editó cinco discos, entre ellos “Percusión” (1998) y “Banda Fantasma” (2010), y colaboró con figuras como Mercedes Sosa, Fito Páez y Calle 13.
Además de su labor educativa, Buira integró como invitado proyectos de artistas como Fabiana Cantilo y Arbolito, produjo junto a Juan Subirá los discos de Carnaval Porteño y participó como baterista en el proyecto solista de Vicentico. Su banda No Bailo exploraba la fusión de rock y percusión.
