Menos pasajeros, más crisis: el transporte público en Tucumán (y de la Argentina) frente a un cambio cultural que ya empezó

El verdadero desafío es repensar un sistema de transporte adaptándolo a los nuevos tiempos. Sólo pensar en aumentar el valor del boleto es ir directamente a la desaparición de un modelo que ya está en terapia intensiva

Por SIN CODIGO

Una reciente publicación de Ámbito Financiero advierte sobre una tendencia que se repite en distintas provincias argentinas: la caída sostenida en la cantidad de pasajeros que utilizan el transporte público de colectivos. El fenómeno no solo impacta en la recaudación del sistema, sino que además presiona sobre el precio del boleto.

En Tucumán, y particularmente en el área metropolitana de San Miguel de Tucumán, esta realidad también se hace cada vez más evidente. Las unidades circulan con menos pasajeros que hace algunos años (caída del 32%), mientras el sistema atraviesa un debate permanente por subsidios y aumentos tarifarios.

Sin embargo, reducir el problema únicamente a una cuestión económica sería simplificar demasiado un fenómeno que es mucho más complejo.

Un cambio cultural en la movilidad

La disminución de usuarios del transporte público es claramente multifactorial, pero también tiene un fuerte componente cultural, aquí y en el mundo.

En los últimos años surgieron nuevas formas de trasladarse que compiten directamente con el colectivo. Las aplicaciones de transporte y los servicios privados puerta a puerta ofrecen ventajas que muchos usuarios consideran decisivas:
Mayor rapidez
• Más seguridad
• Comodidad
• Precios competitivos
• Traslado puerta a puerta

Frente a esa alternativa, el colectivo pierde terreno, especialmente entre quienes priorizan optimizar el tiempo o evitar largas esperas en paradas, muchas veces inexistentes.

Los errores propios del sistema

Pero el retroceso del transporte público no puede explicarse únicamente por la competencia de las aplicaciones. El propio sistema de colectivos, al menos en Tucumán, arrastra problemas estructurales que terminaron alejando a los pasajeros.

Entre las principales críticas de los usuarios aparecen:
Impuntualidad en los horarios
• Unidades deterioradas o incómodas
• Costo del boleto elevado para el servicio que prestan
• Recorridos poco accesibles en muchos barrios
• Sensación de inseguridad en paradas, o lejanía desde sus casas

Cuando estas deficiencias se combinan, el resultado es previsible: el usuario busca alternativas.

Sólo pensar en subir el valor del boleto o pedir más subsidios del Estado no resuelve el problema

Ante la caída de pasajeros, el reclamo habitual de los empresarios del transporte suele ser el mismo: aumentar el precio del boleto o incrementar los subsidios estatales.

Sin embargo, esa solución puede generar el efecto contrario al buscado. Cada incremento tarifario empuja a más usuarios a abandonar el sistema, profundizando el círculo vicioso de menos pasajeros y mayor presión sobre el precio.

Pensar un nuevo modelo de transporte

Tal vez el verdadero desafío -para empresarios y Estado- sea repensar el sistema de transporte urbano adaptándolo a los nuevos tiempos.

Algunas alternativas que podrían discutirse incluyen:
Unidades más pequeñas y confortables, que permitan mayor frecuencia.
• Colectivos eléctricos o de menor consumo, reduciendo costos operativos.
• Mayor penetración en barrios, llegando a zonas hoy poco conectadas.
• Ingreso de unidades pequeñas al microcentro, facilitando recorridos más ágiles.
• Más frecuencias hacia pueblos del interior, evitando que las paradas estén solo a la vera de las rutas.

Un esquema con vehículos más chicos podría hacer el sistema más flexible, eficiente y cercano al usuario.

Adaptarse o quedar atrás

El transporte público atraviesa en todo el mundo un proceso de transformación. Las ciudades cambian, las tecnologías también, y los hábitos de movilidad de las personas evolucionan.

En Tucumán, el desafío parece claro: usar el ingenio y adaptarse a los nuevos tiempos.

Porque insistir únicamente en subir el precio del boleto o reclamar más subsidios puede ser una solución momentánea, pero difícilmente alcance para recuperar a los pasajeros que el sistema ya perdió.

El verdadero debate quizás no sea cuánto cuesta el transporte público, sino cómo volver a hacerlo atractivo para los tucumanos.

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