El plan Milei que la oposición quiere boicotear: superávit, salario y el fin del curro político

Antes de leer esta nota, respondete estas preguntas ¿Conocés algún político pobre? ¿Conocés algún político que haya llegado al poder y no se haya hecho millonario? ¿De dónde sacaron plata si su único trabajo es la función pública?

Por SIN CODIGO

En apenas un año y medio, el Gobierno Nacional logró equilibrar las cuentas, reducir la inflación y sacar de la pobreza a millones. Mientras tanto, la política tradicional tiembla: se le está acabando el negocio.

Desde que Javier Milei asumió la presidencia, repite una y otra vez un objetivo central: equilibrio fiscal. Que el Estado no gaste más de lo que recauda. Suena básico, casi de sentido común, pero durante décadas fue una utopía en la Argentina de la inflación eterna y el gasto sin control. Hoy, con 19 meses de gestión, ese equilibrio ya es una realidad.

Inflación a la baja, superávit fiscal y menos pobreza

Los números son concretos: inflación en descenso, superávit fiscal y, según datos oficiales, más de 11 millones de personas salieron de la pobreza multidimensional. En otras palabras: el impuesto más brutal, silencioso y regresivo que sufre el pueblo argentino -la inflación- está siendo desactivado, de a poco.

Esto no es gratis ni indoloro. El ajuste fue -y sigue siendo- profundo y, para muchos, doloroso. Pero Milei fue claro desde el primer día: no hay crecimiento posible con una economía quebrada y una moneda en la que nadie confía.

El objetivo de la Administración Milei no es solo económico: quiere que el salario real de los trabajadores mejore, pero de manera genuina, no ficticia. No con billetes impresos sin respaldo que se licúan en semanas, sino con una moneda estable, que valga y que rinda.

Y también tiene otro frente claro: quiere terminar con el CURRO de la política, no con la política. Esa estructura parasitaria donde políticos que entran al Estado con sueldos promedio, a los pocos años son millonarios sin haber creado una empresa ni producido nada.

El Estado como botín político

Argentina construyó, a lo largo de los años, un Estado sobredimensionado, lento, caro e ineficiente. Pero más grave aún: convertido en un botín político. Allí se refugian militantes, punteros, familiares y amigos. Entraron sin concursos ni méritos. No para servir al Estado, sino para servirse de él.

Hay hospitales con más administrativos que médicos. Escuelas con más burócratas que docentes. Centros de investigación donde se hace más política que ciencia. Todo eso cuesta dinero -el tuyo que pagás con tus impuestos-, mucho dinero, y no mejora la vida de nadie. Solo engorda estructuras partidarias.

Hoy, los gobernadores, senadores y diputados están desesperados. Se les cerraron las “cajas” que manejaban a discreción. Ya no pueden “hacer política con la tuya”. No hay más fondos frescos para obras con sobreprecios, licitaciones amañadas ni “vueltos” para el funcionario de turno.

Por eso, el núcleo duro de la política tradicional ataca el corazón del modelo Milei: el equilibrio fiscal. Lo quieren romper. Porque saben que, si se fuerza al gobierno a emitir otra vez, todo volverá a ser como antes: inflación, pobreza y ellos, ricos.

Este momento requiere madurez política -difícil- y ciudadana -posible-. Entender que estamos en una transición. Que el ajuste es el puente hacia el crecimiento. Que no se puede gastar lo que no se tiene. Que no se puede vivir eternamente de la fantasía de la maquinita y el relato.

No volver atrás

Frenar este proceso sería retroceder, nuevamente. Volver a manos del populismo -que nos dejó un país fundido, millones de pobres y políticos ricos- sería repetir el mismo error de siempre.

El camino es difícil, sí. Pero por primera vez en décadas, la Argentina está haciendo las cosas que hay que hacer. No será inmediato. Pero ya se ven los primeros frutos. No dejemos que los mismos de siempre destruyan lo que, por fin, empieza a funcionar.

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