El milagro de Mamá Antula: la historia de la primera santa argentina y la curación inexplicable que la llevó a los altares

Fue canonizada en 2024 por el papa Francisco. Su vida, marcada por la fe y la valentía, y el milagro que la llevó a los altares. Esta es la primera historia de “Milagros argentinos”, una sección que recorre casos reconocidos por la Iglesia y otros que aún se encuentran en estudio.

Desde hoy y a lo largo de este año, Telenoche, TN y TN.com.ar presentarán “Milagros argentinos”, una serie de historias que relatan hechos extraordinarios avalados por la Iglesia católica y otros que, aunque todavía bajo análisis, para sus protagonistas no dejan lugar a dudas: la fe, la esperanza y la oración fueron más allá de la ciencia.

Contar la historia de Mamá Antula es adentrarse en ese límite difuso donde la medicina ya no encuentra respuestas y la fe toma el protagonismo. María Antonia de San José, conocida popularmente como Mamá Antula, es la primera santa argentina. Nacida en Santiago del Estero, caminó descalza miles de kilómetros durante el siglo XVIII y, siglos después, su figura continúa dejando huella.

La convicción de que una persona puede llegar a los altares no surge de una simple coincidencia, sino de hechos concretos ocurridos cuando el pronóstico era desolador. Así fue el caso de Claudio Perusini, cuya recuperación inexplicable resultó clave para que el Vaticano avanzara en la canonización de la santa santiagueña.

Claudio relató a TN su experiencia. En 2017, en Santa Fe, sufrió un ACV isquémico severo. El diagnóstico médico fue contundente: daño cerebral irreversible, sin posibilidad de recuperación. A su familia le advirtieron que solo quedaba esperar el desenlace o, en el mejor de los casos, un estado vegetativo permanente.

“Los médicos ya no daban esperanzas, era cuestión de esperar el final”, recordó Claudio con una serenidad que aún conmueve.

Durante los días de coma, un amigo sacerdote —hoy obispo de Mar del Plata— monseñor Ernesto Giobando, se acercó a la familia con una estampita de Mamá Antula. Junto a su esposa, comenzaron a rezar. Fue un pedido desesperado, un grito de auxilio en medio de la angustia.

Lo que ocurrió después desafió toda lógica médica. Contra cualquier pronóstico, Claudio comenzó a recuperar funciones vitales en pocos días y, con el paso del tiempo, logró una recuperación total, sin secuelas. Los profesionales de la salud no pudieron ofrecer una explicación científica para lo sucedido.

Para que el Vaticano reconozca oficialmente un milagro, deben cumplirse estrictos criterios médicos y teológicos. En 1904, Mamá Antula ya había sido protagonista de una curación inexplicable: la sanación de la hermana Rosa Vanina, quien padecía una grave colecistitis. Ese hecho permitió su beatificación.

El milagro de Claudio Perusini, ocurrido en 2017, fue el paso definitivo. Tras analizar exhaustivos informes médicos elaborados en Santa Fe, el Vaticano concluyó que su recuperación no tenía explicación científica y la consideró un milagro auténtico. Gracias a ese episodio, Mamá Antula fue canonizada en 2024.

Mamá Antula no fue una santa de convento ni de silencio. Fue una mujer de carácter fuerte, con tonada y coraje. Tras la expulsión de los jesuitas, se calzó el sayal y recorrió descalza extensos territorios para mantener viva la espiritualidad. En una época en la que las mujeres apenas tenían voz, se animó a desafiar estructuras y prejuicios.

Hoy, ver a Claudio caminar, hablar y disfrutar de su familia es una prueba viva de que la fuerza de Mamá Antula sigue presente. Como él mismo resume:
“Ella me dio una segunda oportunidad y no pienso desperdiciarla”.

Por Gustavo Tubio
04 de febrero de 2026 – 21:00 hs

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