El próximo trimestre el Central acelerará la acumulación de reservas, al tiempo que se pone en marcha el plan para remonetizar la economía. La baja de encajes decidida por el BCRA va en esa dirección
La guerra en el Golfo Pérsico tuvo hasta ahora un impacto limitado en la economía argentina. El más notable fue la inevitable suba de la nafta. El aumento llegó a casi 20% e implica unas décimas más de inflación en marzo, que finalmente se ubicaría en torno al 3 por ciento.
La suba del barril de petróleo, que el viernes ya estaba por encima de los USD 110 generará un mayor ingreso de divisas. Las exportaciones energéticas podrían dejar hasta USD 5.000 millones más en el año. Las cotizaciones de las empresas argentinas del sector reflejan estas ganancias extraordinarias. Vista Energy, por ejemplo, ya sube 50% en el año, pero también hubo subas significativas en otros papeles como TGS, YPF o Pampa.
El mercado cambiario ni se enteró de la guerra. El peso argentino, de hecho, fue una de las pocas monedas del mundo que se fortalecieron en medio del conflicto bélico. La cotización minorista incluso llegó a caer por debajo de los $1.400 y el Banco Central compró todos los días, como lo viene haciendo desde principios de año.
En el primer trimestre el BCRA adquirió unos USD 3.500 millones. Pero la cifra debería aumentar significativamente en el segundo trimestre, teniendo en cuenta la liquidación de la cosecha gruesa en lo que fue una campaña agrícola muy favorable. No sería extraño que la cifra de compras sea por lo menos un 50% mayor que la del primer trimestre.
El inicio del segundo trimestre presenta mejores perspectivas. En primer lugar, hay buenas chances que la inflación presente una desaceleración significativa. El impacto de la suba de la nafta se supone que fue por única vez. Además, ya en la segunda parte de marzo se notó una fuerte desaceleración en el rubro alimentos y bebidas, el que más incidencia tiene en la medición.
La tranquilidad cambiaria es un factor relevante para que los precios se estabilicen en los próximos meses. Ya la inflación mayorista de febrero fue de solo 1%, lo que marca una menor presión sobre los costos de las empresas. Por eso, es esperable que el proceso de aceleración de precios que ya lleva diez meses toque un pico en marzo. Abril sería el primer mes en casi un año en el que se registraría una baja mensual. La última vez había sido mayo de 2025, cuando el IPC tocó un piso de 1,5% mensual.
La baja de 5 puntos de encajes, que decidió el Banco Central, es una señal clara para avanzar en el proceso de remonetización que se anunció a fines de 2025, y que hasta ahora no se había puesto en marcha. Los pesos emitidos para la compra de dólares fueron luego esterilizados en las licitaciones del Tesoro y también por distintos instrumentos emitidos por el Banco Central.
Ahora se avanza en una reversión de las medidas de emergencia que se tomaron en medio de la crisis cambiaria en la previa de las elecciones legislativas. En ese momento, se avanzó con un fuerte apretón monetario para controlar al dólar, que tuvo efectos secundarios: alza de la tasa de interés, freno del crédito, aumento de la morosidad y caída del consumo interno.
La baja de 5 puntos implica liberarle a los bancos unos 2,6 billones, aunque los efectos en el mercado serán menores. Sucede que la porción de los encajes que les liberaron a las entidades son los integrados con bonos y no con efectivo.
El anuncio generó un primer impacto, aunque no significativo, en la cotización del dólar. El oficial saltó desde un piso de $1.390 a $1.405 y el contado con liquidación saltó a niveles de 1.450 pesos.
El tipo de cambio real volvió a retrasarse en esta primera parte del año. La combinación de una inflación más alta y la caída nominal del dólar reabrieron la discusión sobre si la Argentina está muy cara en dólares. Imposible ponerse de acuerdo: el transporte público es “regalado” si se lo mide en moneda dura. Los autos bajaron de precio y la ropa va en el mismo camino. Pero comer afuera, el abono del celular o cortarse el pelo (es decir el segmento de servicios) se encarecieron fuertemente.
Luis “Toto” Caputo volvió sobre la cotización del dólar esta semana: “Si no estuviéramos comprando el dólar se iría a $ 1.200 o incluso menos”. A pesar de la presión bajista sobre el tipo de cambio, no hay por el momento señales de una mayor liberación del mercado. Tanto Javier Milei como Caputo prefieren manejarse con cautela y evitar cualquier sorpresa. Sobre todo prefieren llegar al 2027 sin arriesgarse a otra corrida. “Si el año pasado enfrentamos una corrida de USD 30.000 millones, imagínate en un año de elecciones presidenciales”.
Caída de ventas y consumo récord
Todos tienen algo de razón. Los comerciantes cuando se quejan por la caída de ventas y también Caputo cuando habla de “consumo récord”. Sin embargo, hay un desvío de la demanda hacia productos importados que se consumen localmente o directamente a través de plataformas internacionales.
Por ahora los pronósticos sobre la evolución del PBI para el año son variados. Todos coinciden que será otro año de crecimiento, a partir de una muy buena cosecha y otros sectores que traccionan, especialmente energía. Las proyecciones van desde 2 a 4%. La aceleración o no con el correr de los meses dependerá del comportamiento del mercado interno.
El nivel de actividad siguió positivo en eneroayudado por subas en sectores “perdedores”: industria y construcción crecieron 1,5% mensual y comercio +1,4 por ciento. “De esta forma, vemos que en enero los sectores ganadores cayeron, pero se mantienen +15,3% respecto al nivel de noviembre de 2023, mientras que los perdedores tuvieron una mejora, pero continúan -4,9% por debajo del nivel del inicio del gobierno”, agregan en Invecq.
Con información de Pablo Wende
