Los brasileños definirán este domingo 25 de octubre quién conducirá el país. Datafolha los ubica empatados con el 50% de los votos válidos, mientras PoderData muestra una leve ventaja numérica del candidato del Partido Liberal. Una campaña marcada por la polarización enfrenta dos proyectos económicos y políticos distintos
Brasil entra en las últimas horas de campaña con una elección presidencial sin ganador asegurado. El Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), y el senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, disputarán este domingo una segunda vuelta que encuentra al electorado prácticamente dividido por mitades.
La definición enfrenta la continuidad del proyecto de Lula con el regreso del bolsonarismo al Palacio del Planalto, esta vez encabezado por el hijo mayor del exmandatario.
Qué dicen las últimas encuestas
Dos relevamientos difundidos este jueves 22 de octubre muestran una competencia muy ajustada.
Según Datafolha:
- Flávio Bolsonaro 50%
- Lula da Silva 50%
Poder Data/Aya:
- Flávio Bolsonaro 51%
- Lula da Silva 49%
Los porcentajes corresponden a votos válidos. Ambos estudios configuran un empate técnico.
Datafolha entrevistó a 2.520 personas en 154 ciudades entre el 20 y el 22 de octubre. PoderData realizó 4.000 entrevistas telefónicas entre el 19 y el 21. En sus respectivas mediciones anteriores, los resultados eran de 51% a 49% y de 52% a 48%, siempre a favor de Flávio. Las nuevas cifras muestran un acercamiento de Lula, aunque las variaciones se encuentran dentro de los márgenes de error.
La lectura exige prudencia: las encuestas describen un escenario competitivo y no permiten dar por asegurada la victoria de ninguno.
Una previa intensa en las calles, las redes y la televisión
La campaña transcurre entre actos, movilización digital y fuertes acusaciones cruzadas. Los dos espacios buscan entusiasmar a sus seguidores y conquistar los votos que todavía pueden cambiar de destino. El último debate televisivo de este viernes concentra parte de esa expectativa.
El enfrentamiento del domingo pasado en la cadena Band dejó una muestra del clima político: hubo discusiones sobre seguridad, economía y corrupción, junto con provocaciones personales e intervenciones de los moderadores para ordenar el intercambio.
En una elección tan estrecha, la participación también puede inclinar la balanza. Las campañas intentan atraer a quienes apoyaron a otros candidatos y a los millones de brasileños que no concurrieron a votar en la primera vuelta. Conseguir que un simpatizante llegue a la urna puede resultar tan decisivo como convencer a un indeciso.
Qué significaría una victoria de Lula
Una reelección ratificaría el liderazgo del PT y daría continuidad a un proyecto que propone un Estado activo en la inversión, la industria, la infraestructura y las políticas sociales.
Su programa plantea mantener el marco fiscal, impulsar inversiones públicas y privadas y preservar las políticas sociales. El desafío sería compatibilizar esos objetivos con el control del gasto y la sostenibilidad de las cuentas públicas.
En política exterior, Lula propone fortalecer los vínculos con el Sur Global y sostener relaciones con distintas regiones del mundo. Su continuidad preservaría esa orientación diplomática.
Qué significaría una victoria de Flávio Bolsonaro
Un triunfo del senador devolvería la presidencia al bolsonarismo y consolidaría su capacidad de competir bajo un nuevo liderazgo familiar.
Flávio propone reducir ministerios y gastos administrativos, retomar las desestatizaciones y ampliar el financiamiento privado de infraestructura mediante concesiones y asociaciones público-privadas. Su principal prueba sería convertir esas promesas de ajuste y eficiencia en medidas viables, con resultados económicos y respaldo político.
En seguridad, defiende penas más duras contra las organizaciones criminales y una ampliación del sistema penitenciario.
Su programa exterior propone una mayor aproximación a Estados Unidos, Israel y Argentina. Para el Gobierno de Javier Milei, esa orientación abriría, en términos políticos, una oportunidad de mayor sintonía bilateral, aunque los acuerdos concretos dependerían de las decisiones de ambos gobiernos.
Brasil llegará así al domingo con dos proyectos diferentes y una incertidumbre compartida. Las últimas encuestas dejan la presidencia abierta: la respuesta definitiva dependerá de los votos y de cuántos electores decidan participar.