Los estudiantes secundarios llevan más de dos semanas de protestas por falta de docentes, escuelas deterioradas y jornadas agotadoras. El conflicto sumó respaldo de familias y sindicatos, mientras crece la tensión por la intervención policial
El malestar estudiantil se convirtió en un conflicto de alcance nacional en Francia. Los bloqueos de establecimientos y las movilizaciones, iniciados en septiembre, llegaron este martes 6 de octubre a una nueva jornada de protesta para exigir mejores condiciones en la educación pública. Cientos de liceos sufrieron interrupciones de clases, aunque el impacto no alcanza por igual a todo el sistema secundario.
La movilización comenzó el 17 de septiembre en Créteil, en la periferia de París. Desde allí se extendió a otras ciudades, impulsada por reclamos cotidianos que los alumnos consideran desatendidos: profesores ausentes sin reemplazo, cursos numerosos y edificios que necesitan reparaciones.

Uno de los principales cuestionamientos es la falta de personal. Los estudiantes denuncian clases con entre 30 y 35 alumnos y períodos prolongados sin enseñanza de determinadas materias cuando un docente no es sustituido. También, señalan diferencias entre las condiciones de los establecimientos de zonas periféricas y los de grandes centros urbanos.
El deterioro edilicio ocupa otro lugar central. Los reclamos incluyen mobiliario envejecido, problemas de higiene y deficiencias de aislamiento que dificultan estudiar durante episodios de calor extremo. A eso se agregan horarios que pueden extenderse desde las 8 hasta las 18, con espacios sin clases entre materias que alargan la permanencia en el establecimiento.

Los jóvenes también cuestionan Parcoursup, la plataforma de acceso a la educación superior. Consideran que la selección y el peso de las calificaciones generan ansiedad e incertidumbre sobre su futuro académico.
La protesta ganó respaldo de profesores, familias y organizaciones sindicales. Sin embargo, los incidentes y la respuesta policial añadieron tensión: este martes hubo enfrentamientos y uso de gases lacrimógenos. Mientras sectores estudiantiles cuestionan el trato a menores, el Gobierno sostiene que las intervenciones responden a episodios de violencia.
El Primer Ministro, Sébastien Lecornu, pidió atender las demandas y buscar soluciones. Por ahora, el desafío del Ejecutivo es convertir esas respuestas en mejoras concretas que permitan recuperar las clases y destrabar un conflicto que puso las condiciones de estudio en el centro del debate francés.
Los créditos fotográficos son de: Teresa Suarez/AP y Jeremias Gonzalez/AP