Fue un joven mapuche que soñaba con convertirse en sacerdote para ayudar a su pueblo, pero murió de tuberculosis cuando tenía apenas 18 años. Más de nueve décadas después, una curación considerada inexplicable por la medicina y atribuida a su intercesión abrió el camino para que la Iglesia Católica lo declarara beato.
Ceferino Namuncurá nació el 26 de agosto de 1886 en Chimpay, Río Negro, y con el paso del tiempo se convirtió en una de las figuras religiosas más veneradas de la Patagonia argentina.
Hijo de Manuel Namuncurá y nieto del histórico cacique mapuche Juan Calfucurá, desde muy joven manifestó su deseo de estudiar y formarse como sacerdote. Su propósito era regresar algún día a su tierra y trabajar por su pueblo.
Sin embargo, su historia quedó truncada demasiado pronto. Ceferino enfermó de tuberculosis y murió el 11 de mayo de 1905 en Roma, con apenas 18 años.
Su corta vida dio origen a una devoción que fue creciendo durante décadas. Miles de fieles comenzaron a encomendarse a él, atribuyéndole gracias y favores, hasta convertirlo popularmente en el “Santito de la Patagonia”.
Pero hubo una historia que cambió definitivamente su camino dentro de la Iglesia.
El milagro que sorprendió a la medicina
Décadas después de la muerte de Ceferino, una joven argentina llamada Valeria Regina Herrera atravesó una grave enfermedad.
Los estudios médicos habían detectado un carcinoma de alta malignidad y su situación era delicada. En medio de la angustia, ella y su familia comenzaron a rezarle a Ceferino Namuncurá y a pedir su intercesión.
Con una estampa del joven mapuche entre sus manos, iniciaron una novena y depositaron su esperanza en la fe.
Tiempo después ocurrió lo inesperado.
Los controles médicos mostraron que la enfermedad había desaparecido. La recuperación fue completa y se mantuvo a lo largo de los años.
El caso llegó hasta el Vaticano y fue sometido a estudios médicos y religiosos para determinar si existía una explicación científica para lo ocurrido.
Finalmente, los especialistas convocados por la entonces Congregación para las Causas de los Santos determinaron que la curación había sido repentina, completa, duradera e inexplicable según los conocimientos médicos.
Para la Iglesia Católica, la recuperación se produjo por la intercesión de Ceferino Namuncurá.
Ese reconocimiento fue fundamental para su beatificación.
De la Patagonia a los altares
El papa Benedicto XVI aprobó el milagro y abrió el camino para que Ceferino fuera declarado beato.
El 11 de noviembre de 2007, miles de personas se reunieron en Chimpay, su tierra natal, para participar de la ceremonia de beatificación presidida por el cardenal Tarcisio Bertone.
La imagen de aquel joven mapuche que había muerto con apenas 18 años pasó oficialmente a ocupar un lugar en los altares de la Iglesia Católica.
Más de un siglo después de su muerte, su figura continúa convocando multitudes.
Cada año, peregrinos de distintos lugares llegan hasta Chimpay para rezar, agradecer favores o cumplir promesas frente a la imagen del “Lirio de la Patagonia”.
Y entre todas las historias de fe que rodean su nombre, permanece aquella que marcó un antes y un después: la de una joven gravemente enferma que pidió su intercesión, recuperó la salud y protagonizó el milagro que llevó a Ceferino Namuncurá a convertirse en beato. TN