Faltan poco más de siete meses para las elecciones provinciales y la campaña ya parece lanzada a toda velocidad. El peronismo vuelve a exhibir sus internas mientras La Libertad Avanza busca convertir el respaldo nacional de Javier Milei en construcción territorial. Pero una elección larga no necesariamente la gana quien arranca más rápido. La fábula de la liebre y la tortuga todavía tiene algo que enseñarles a todos
Por Enzo Perea para la redacción de SIN CODIGO TUCUMÁN
Las elecciones provinciales ya tienen fecha: 9 de mayo de 2027. Ese día Tucumán elegirá gobernador y vicegobernador, legisladores, intendentes, concejales y 93 delegados comunales. En términos de calendario faltan algo más de siete meses. En política, sin embargo, siete meses pueden ser una eternidad.
Una semana, un escándalo, una crisis económica, una causa judicial, una pelea interna o una decisión equivocada pueden alterar aquello que parecía escrito. Por eso resulta curioso observar cómo algunos dirigentes comenzaron la carrera electoral como si faltaran apenas cuatro semanas para llegar a las urnas.
Y las elecciones no son una carrera de 100 metros. Son una carrera de fondo.
El ciudadano está mirando otra película
Existe además una cuestión que la dirigencia suele olvidar cuando entra en modo electoral: la gente no necesariamente vive pendiente de la política con la misma intensidad que los políticos.
Mientras unos discuten candidaturas, lugares en las listas, acoples, alianzas y fotografías, buena parte de los tucumanos tiene preocupaciones mucho más inmediatas: llegar a fin de mes, conservar el trabajo, pagar impuestos y servicios, conseguir atención médica, mandar los chicos a la escuela o simplemente transitar por una calle en condiciones.
Saturar durante siete meses al ciudadano con actos, discursos, slogans y promesas puede terminar provocando exactamente lo contrario de lo que busca una campaña: más distancia entre el elector y la dirigencia.
Hay un momento para acelerar. Hacerlo demasiado temprano también desgasta.
El peronismo y su eterna novela familiar
En el peronismo tucumano reeditó una escena conocida: diferencias internas, declaraciones cruzadas, fotografías que generan interpretaciones y dirigentes que comienzan a marcar territorio.
La disputa entre Osvaldo Jaldo y Juan Manzur dejó de ser un secreto. Durante septiembre ambos intercambiaron públicamente cuestionamientos políticos, particularmente alrededor de la relación del Gobierno provincial con la Administración de Javier Milei.
En los últimos días se sumaron fotografías y movimientos de otros protagonistas del PJ que alimentaron las interpretaciones sobre cómo terminará ordenándose el espacio. Pero ninguna foto, por sí sola, prueba una ruptura definitiva ni permite anticipar cómo quedarán conformadas las alianzas cuando llegue el momento de presentar candidaturas.
El peronismo conoce perfectamente estas historias.
Se atribuye a Juan Domingo Perón aquella célebre frase según la cual los peronistas son como los gatos: cuando parece que se están peleando, en realidad se están reproduciendo.
Quizás durante décadas esa capacidad para discutir, dividirse y posteriormente volver a reunirse haya sido una de sus mayores fortalezas electorales. Pero aparece una pregunta incómoda: ¿funcionará eternamente?
Hay acusaciones que un abrazo no borra
Una cosa es una interna política. Otra muy diferente ocurre cuando durante esas disputas aparecen acusaciones de corrupción, traición o manejo irregular del Estado.
Las diferencias sobre políticas públicas pueden quedar atrás mediante un acuerdo. Las acusaciones graves son mucho más difíciles de guardar en un cajón.
Porque después llega el momento de la unidad, aparece la fotografía conjunta, los mismos dirigentes que se cuestionaron comienzan a compartir escenario y el elector puede legítimamente preguntarse: ¿En qué quedaron todas aquellas denuncias?
Aquí aparece una diferencia respecto de otras épocas. La última elección todavía está demasiado cerca y las redes sociales construyeron un archivo prácticamente permanente. Lo que un político dijo hace seis meses puede reaparecer en un video de treinta segundos justo cuando está abrazando a quien había cuestionado.
La memoria electoral ya no depende exclusivamente de recordar. Ahora también se puede buscar.
LLA tampoco debería confundirse
Del otro lado aparece La Libertad Avanza, una fuerza mucho más nueva en la política provincial y que tiene como principal referencia nacional al Presidente Milei.
Su candidato a gobernador, Lisandro Catalán, ya fue presentado oficialmente y el espacio comenzó hace semanas su despliegue electoral.
LLA tiene una ventaja evidente respecto del peronismo tucumano: nunca gobernó la provincia, por lo que no carga con un historial de gestión provincial que deba defender.
Eso no significa que esté libre de problemas internos, discusiones por candidaturas o disputas por espacios de poder.
Y existe, sobre todo, un riesgo político que los libertarios harían bien en no subestimar: creer que alcanza con Milei. Una elección provincial no necesariamente reproduce una elección nacional.
Tampoco alcanza con señalar todos los días en Instagram, X o TikTok los problemas del Gobierno provincial.
Las redes pueden instalar una denuncia, viralizar un video y movilizar simpatizantes. Pero Tucumán también se disputa caminando barrios, municipios y comunas, formando fiscales, construyendo equipos y explicándole al ciudadano –cara a cara– qué se propone hacer concretamente con la provincia.
Catalán presentó en agosto un programa que incluye reducción de impuestos, cambios en el Estado, seguridad y modificaciones del sistema electoral. Ahora comienza otra etapa: convertir esas propuestas y la estructura partidaria en presencia territorial.
La liebre y la tortuga tucumanas
Quizás una vieja fábula atribuida a Esopo explique mejor este momento político que cualquier encuesta: La liebre y la tortuga.
La liebre tiene velocidad y confía tanto en sus capacidades que termina subestimando a su adversario. Cree que la diferencia es suficientemente grande y se relaja.
La tortuga sabe que es más lenta. Por eso avanza constantemente. No se distrae, no abandona y continúa hacia su objetivo.
La enseñanza no consiste en que ser lento sea mejor que ser rápido. Es bastante más profunda: el talento sin disciplina puede desperdiciarse y la perseverancia puede compensar muchas desventajas iniciales.
El peronismo tucumano podría cometer el error de sentirse liebre simplemente porque gobierna la provincia desde hace décadas y posee una poderosa estructura territorial.
LLA podría cometer exactamente el mismo error si interpreta que el nombre de Milei, la fortaleza en las redes sociales o los resultados nacionales alcanzan automáticamente para conquistar la Gobernación.
Ambos pueden sentirse liebre. Y cualquiera puede terminar descubriendo que era la tortuga quien venía avanzando mientras los demás estaban distraídos.
Nadie tiene la vaca atada
La elección del 9 de mayo todavía está lejos. Y siete meses en política alcanzan para construir mucho, pero también para destruir mucho.
El peronismo deberá resolver hasta dónde llegan sus diferencias y cómo administrará sus contradicciones. La Libertad Avanza deberá demostrar si puede transformar identidad nacional y comunicación digital en organización provincial. Las restantes fuerzas políticas, por su parte, todavía tienen margen para definir estrategias y alianzas.
Y finalmente estará el único protagonista que no necesita aparecer todos los días en televisión ni llenar las redes sociales de videos: El Elector, al que tampoco hay que subestimar.
Será él quien determine cuánto pesan las estructuras partidarias, cuánto influye Milei en una elección provincial, cuánto conserva el peronismo de su histórica capacidad territorial y cuánto castiga o perdona las contradicciones de unos y otros.
Por eso, cuando todavía faltan más de siete meses, quizá la frase más prudente para todos sea también la más sencilla: En Tucumán nadie tiene “la vaca atada”. Ni el peronismo. Ni La Libertad Avanza.
Y el que se crea ganador antes de correr la carrera tiene el riesgo de repetir el error más famoso de aquella vieja liebre.