El camino interno de una finca comenzó a ser utilizada por diferentes vehículos para evitar la congestión de la Ruta 315 (Camino del Perú), para ahorrar tiempo ante el caos que significa circular por donde se debería
Por la redacción de SIN CODIGO
Una arteria al límite: tres municipios y dos carriles en ruinas
El Camino del Perú, conocido técnicamente como la Ruta Provincial 315, se ha transformado en el símbolo perfecto del colapso vial en la provincia de Tucumán. Esta arteria clave actúa como el cordón umbilical que une tres de las jurisdicciones más pobladas y dinámicas del Gran San Miguel: Tafí Viejo, Yerba Buena y San Miguel de Tucumán.
Sin embargo, el explosivo crecimiento inmobiliario y la proliferación masiva de barrios privados y countries a lo largo de las tres municipalidades han sobrepasado por completo una infraestructura obsoleta que parece congelada en el tiempo.
Actualmente, la arteria soporta un caudal vehicular descomunal con apenas dos carriles de circulación en un estado paupérrimo. La falta de mantenimiento preventivo, la proliferación de baches profundos, la ausencia de semáforos inteligentes, la falta de cruces peatonales seguros y la permanente convivencia entre el tránsito pesado, los colectivos de línea y los vehículos particulares convierten el trayecto diario en un verdadero caos.
Proyectos encajonados y la inacción metropolitana
El cuadro se vuelve aún más frustrante al recordar que las soluciones estructurales fueron prometidas en reiteradas oportunidades. Proyectos para transformar el corredor en una autovía de cuatro carriles, ensanchar la traza y repavimentarla de forma integral han sido anunciados por distintas administraciones.
Sin embargo, como ocurre con tantas obras en la provincia, las iniciativas jamás pasaron de los anuncios y carpetas técnicas.
Frente a la inacción coordinada de los municipios de Tafí Viejo, Yerba Buena y San Miguel de Tucumán -que deberían abordar el problema mediante un plan metropolitano conjunto con la Provincia-, la franja limítrofe terminó convertida en una suerte de “tierra de nadie”.
Ninguna jurisdicción asume la solución de fondo y la parálisis burocrática condena diariamente a miles de tucumanos.
La picardía ciudadana ante la inacción de las autoridades competentes: atajar por la propiedad privada
Cansados de perder entre 15 y 20 minutos atrapados en embotellamientos a paso de hombre, los conductores locales decidieron tomar cartas en el asunto. Para esquivar el nudo crítico del Camino del Perú, autos, camionetas y motocicletas comenzaron a utilizar una antigua traza interna y un callejón que atraviesa una finca de limones.

Esta desviación informal reduce el tiempo de viaje entre una ciudad y otra. Sin embargo, lo que a simple vista parece una astuta solución vecinal es en realidad un síntoma alarmante de degradación institucional: implica transitar de forma irregular violando la propiedad privada, circulando por caminos de tierra desprovistos de iluminación, sin control y con accesos riesgosos.
Un reflejo institucional preocupante
El contraste entre tardar seis minutos cruzando una quinta privada o padecer 15 minutos en una ruta provincial deteriorada grafica de forma demoledora la realidad de la gestión vial.
La picardía de los automovilistas no es la causa, sino la consecuencia directa de la falta de respuestas estatales. Mientras las autoridades continúan dilatando las obras necesarias, el día a día de miles de tucumanos transcurre entre el peligro, la resignación y atajos al margen de las normas.