Rossana Chahla y Soledad Molinuevo empiezan a dibujar una elección que puede convertirse en mucho más que una disputa por el sillón municipal. Dos mujeres, dos espacios políticos y dos miradas diferentes sobre el rol del Estado se preparan para una batalla que tendrá a los capitalinos como protagonistas
Por la redacción de SIN CODIGO TUCUMÁN
A poco más de siete meses de las elecciones provinciales del 9 de mayo de 2027, el tablero político tucumano comienza a acomodar sus piezas.
La pelea por la Gobernación será, naturalmente, el gran premio. Pero hay otra elección que puede convertirse en el verdadero termómetro político de la provincia: la intendencia de San Miguel de Tucumán.
Habrá varios candidatos y distintos espacios intentarán disputar el municipio. Pero, si el escenario termina concentrándose en los dos principales polos políticos, los reflectores estarán puestos sobre Rossana Chahla, por el peronismo (PJ), y Soledad Molinuevo, por La Libertad Avanza (LLA).
Chahla ya anunció públicamente que buscará la reelección. La intendente reivindicó su gestión y planteó la necesidad de continuar con la transformación que, según sostiene, está en marcha.
Molinuevo, por su parte, confirmó su candidatura por LLA y ya comenzó a instalar sus principales cuestionamientos a la Administración Municipal. La diputada nacional plantea, entre otras cosas, una reducción de estructuras políticas y una revisión del gasto para liberar recursos destinados a obras y servicios.
Dos mujeres. Dos profesionales. Dos dirigentes con recorridos diferentes. Y un mismo objetivo: gobernar la capital tucumana.
La ventaja de estar en el poder
Chahla llega a la elección desde un lugar que puede ser simultáneamente una ventaja y una desventaja: es la intendente.
Tiene la posibilidad de mostrar obras, servicios, decisiones de gestión y una administración que lleva varios años al frente del municipio. Durante 2026, su agenda incluyó obras públicas, bacheo, movilidad urbana y asistencia social, entre otras áreas.
Pero el poder también tiene un costo electoral. Quien gobierna no solamente puede mostrar lo que hizo. También queda expuesto por lo que prometió y no hizo, por aquello que quedó pendiente y por los problemas que continúan sin solución.
Las calles, el tránsito, el transporte, la limpieza, el alumbrado, los espacios públicos, la seguridad urbana y la infraestructura serán parte inevitable de la discusión.
La oposición tendrá una tarea sencilla de explicar: cada problema de la ciudad puede convertirse en un argumento contra quien gobierna.
Molinuevo: crítica sin gestión ejecutiva
La diputada libertaria llega desde otro lugar. No gobierna el municipio. Por lo tanto, no carga con el desgaste cotidiano de administrar una ciudad de cientos de miles de habitantes.
Su principal activo será, precisamente, poder plantearse como alternativa al oficialismo. Pero también tendrá que responder una pregunta inevitable: ¿Cómo sería gobernar la ciudad desde una concepción libertaria?
Molinuevo es abogada y actualmente ocupa una banca en la Cámara de Diputados de la Nación por LLA. Su discurso apunta a revisar estructuras, reducir ineficiencias y discutir el tamaño y el costo de la política municipal. Esa propuesta deberá traducirse en un programa para una ciudad que necesita resolver problemas muy concretos.
Porque una cosa es señalar lo que funciona mal y otra, bastante diferente, es administrar el Estado municipal todos los días.
La verdadera discusión: ¿Qué modelo de ciudad?
Y aquí aparece la parte más interesante de esta elección. Porque la disputa entre Chahla y Molinuevo -si finalmente se transforma en la principal polarización electoral de la Capital- no será solamente una discusión sobre baches, luces, árboles o plazas. También será una discusión sobre qué Estado quieren los tucumanos para la ciudad.
Chahla representa al peronismo y reivindica explícitamente la idea de un Estado presente, con políticas públicas, asistencia social, obra pública y una participación activa del Estado en la vida de la comunidad. En su discurso de apertura de sesiones de 2026 defendió precisamente el rol del Estado local y la presencia institucional.
Molinuevo representa al espacio libertario, cuya mirada pone el acento en la reducción del gasto político, la eficiencia administrativa y una menor intervención estatal allí donde, según esa concepción, pueden actuar mejor los privados.
No son exactamente la misma receta. Y ahí está el verdadero debate.
Porque detrás de una promesa de pavimentar diez cuadras existe una pregunta más profunda: ¿Con qué Estado se va a hacer?
Detrás de una propuesta de construir una obra pública aparece otra discusión: ¿Quién la financia y cuánto cuesta?
Detrás de una política social aparece también el interrogante sobre hasta dónde debe llegar el municipio y cómo se financian esas políticas.
Y detrás de una reducción de estructuras aparece la pregunta inversa: qué servicios podrían verse afectados y cómo se garantizarían las prestaciones municipales.
La Capital como laboratorio político
La elección municipal puede terminar siendo mucho más importante de lo que parece. San Miguel de Tucumán concentra una enorme cantidad de electores y, además, funciona como una vidriera política de toda la provincia. Lo que ocurra en la Capital tendrá inevitablemente impacto sobre la discusión provincial.
Chahla buscará defender la continuidad de su modelo de gestión. Molinuevo intentará convertir el malestar con determinados problemas de la ciudad en una demanda de cambio.
Una hablará desde la experiencia de gobernar. La otra, desde la promesa de transformar la manera de gobernar.
Una tendrá obras para mostrar y cuentas que defender. La otra tendrá críticas para formular y un modelo alternativo que explicar.
Por eso, la elección no debería reducirse a quién promete más pavimento, más luminarias o más árboles. La pregunta de fondo será otra: ¿Qué modelo de Estado quieren los capitalinos para los próximos cuatro años?
En Europa, y particularmente en España, las diferencias entre gobiernos de izquierda y derecha suelen expresarse también en la discusión sobre el tamaño del Estado, el gasto público, los impuestos y el alcance de las políticas sociales. Pero Tucumán tendrá su propia discusión, con sus propios problemas y sus propias cuentas.
La Capital tucumana no votará solamente una intendente. También votará, en buena medida, una determinada concepción de cómo administrar la ciudad.
Y si la elección termina reducida a estos dos espacios, habrá algo que ya parece definido: el 9 de mayo de 2027, la Capital tucumana podría elegir entre dos mujeres que representan dos miradas políticas muy diferentes.
Después de las campañas, las promesas y los discursos, la decisión será de los vecinos. La última palabra la tendrán los votantes.