El duro testimonio de Ghada, la mujer siria que a los 17 años la obligaron a casarse y la enviaron a Tucumán: “Mañana no vas a la escuela, te casás”

Detrás de cada rostro hay una historia que merece ser contada. En diálogo con SIN CODIGO TUCUMÁN, Ghada, una mujer siria nacida en una provincia cercana a Alepo, abrió su corazón para repasar una vida marcada por la distancia, las imposiciones culturales y las secuelas de un matrimonio violento

Por la redacción de SIN CODIGO

Hace 51 años que vive en Tucumán, tierra donde enfrentó en soledad los momentos más duros de su existencia.

Su travesía comenzó cuando apenas era una adolescente. “En aquel tiempo mis padres me dijeron ‘mañana no vas al colegio y te casas con tal persona’, o sea que fue un arreglo entre padres”, recuerda con claridad. En apenas una semana, su destino quedó sellado lejos de su hogar: “En siete días me armaron un casamiento y me mandaron para Argentina”.

El peso de una cultura machista

Al reflexionar sobre los afectos, Ghada que actualmente tiene 68 años, habla con un profundo dejo de tristeza: “La verdad nunca hubo amor, mi ex quería de mí únicamente que tenga hijos y nada más. Como no tuve un hijo varón y como en Medio Oriente es un mundo machista, solo le interesaba que tenga un varón”.

Ghada tuvo cuatro hijas mujeres, una realidad que desencadenó años de maltrato psicológico por parte de su entorno familiar y la llevó a buscar ayuda profesional.

Fue su psiquiatra quien le dio la fortaleza para poner un límite al hostigamiento cotidiano: “Mi psiquiatra me decía ‘cuando vengan a insultarla o faltarle el respeto, usted dígale: suegrita, cuñadita, ¿ustedes qué son, no son mujeres?’. Y desde ese entonces dejaron de insultarme”.

Esa contención profesional resultó determinante para tomar la decisión de separarse, a pesar de las presiones sociales y culturales. Sin embargo, el costo fue altísimo: “Él se quedó con mis cuatro hijas y con todos mis bienes”. Divorciada desde hace más de dos décadas, remarca la crudeza de su presente: “Enfrenté situaciones muy feas de mi vida sola. Y hasta el día de hoy estoy muy sola”.

Diferencias de realidades y la lucha por un local

Al comparar su tierra natal con el país que la albergó, Ghada reconoce avances significativos en los derechos de las mujeres: “Es otra cultura; acá la mujer camina a la par del hombre. Además, la división de bienes es 50 y 50 entre el hombre y la mujer. Allá no, todo se queda el hombre”.

Actualmente está jubilada y percibe el haber mínimo, pero mantiene encendida la esperanza de recuperar la estabilidad económica a través del trabajo. Su meta inmediata es recuperar un local comercial ubicado en Lomas de Tafí para continuar con su actividad en el rubro textil.

Un mensaje de valentía y fe

A pesar de las marcas que dejó el pasado, Ghada alza la voz para dejar una enseñanza a otras mujeres que atraviesan situaciones de abuso: “Sean valientes. Si ven un hombre violento que pega física o psicológicamente, apártense”.

Apegada a sus valores éticos y espirituales, prioriza la dignidad por sobre lo material: “Más vale tener un buen nombre que muchas riquezas materiales”, afirma, agregando que busca “caminar rectamente delante de todo el mundo”.

“Jehová es justo y ama la justicia, así que yo confío en la justicia divina y en la humana”, sostiene al reflexionar sobre su presente y el futuro de su reclamo.

Con la serenidad de quien dio cada batalla con entereza, concluye: “No me siento feliz, pero ando con la conciencia tranquila”.

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