Tenía 82 años. Se destacó en gráfica, radio y televisión. Su dura infancia, su gran amor por Cristina Seoane y su trayectoria profesional
La muerte de Samuel “Chiche” Gelblung representa el cierre de una de las trayectorias más influyentes, polémicas y brillantes del periodismo argentino. A lo largo de más de cinco décadas, dejó su sello en prensa escrita, radio y televisión, consolidando una figura sin concesiones y de gran impacto en la cultura de los medios nacionales.
El periodista falleció esta mañana en el Sanatorio Los Arcos, del Barrio de Palermo, donde había ingresado el martes por la mañana por un cuadro respiratorio. La noticia fue confirmada por la familia del periodista. Era la cuarta internación que atravesaba en el año; pero a pesar de estas complicaciones de salud, trabajó hasta sus últimos días.
Nacido en 1944 en Buenos Aires, se convirtió en un protagonista central de las últimas décadas en la historia de los medios, reconocido por su estilo directo y su capacidad para innovar en diferentes formatos. Su legado abarca desde la dirección de revistas emblemáticas hasta la conducción de programas de televisión que marcaron época.
Siendo aún adolescente emancipado, el periodismo lo llevó a nuevas experiencias y le permitió viajar a Europa como premio por su desempeño vendiendo la Enciclopedia Británica. “A los 16 ya conocía Londres, París, Roma, Ámsterdam y Lisboa”, destacaba. La autoformación en bibliotecas y el contacto temprano con la independencia forjaron una personalidad autodidacta.
El primer gran salto aconteció tras una cadena de estrategias poco convencionales. Con el secundario incompleto y un título falsificado —avalado por una maniobra con un sacerdote jesuita— logró ingresar a una escuela de periodismo y, enseguida, colarse en redacciones emblemáticas como Editorial Atlántida, donde ingresó en 1966 como pasante. Allí consiguió su primera gran primicia a los 22 años, al infiltrarse en una reunión privada con el expresidente Illia, oportunidad que inició formalmente su carrera. Su jefe, Raúl Urtizberea, le comentó una frase que recordaría: “No sé si te irá bien en la letra, pibe. Pero vos tenés la música”.
En la dirección de la revista Gente, entre 1975 y 1981, y de La Semana en los 80, apostó a la audacia y la creatividad, desarrollando investigaciones sociales empíricas. Gelblung no rehuía al sensacionalismo: “Me causa gracia que digan periodismo amarillo; hay una sola manera de hacer periodismo”, defendía. Estudió el modelo de los tabloides británicos y siempre priorizó la cercanía con el público.
Durante los años 90, Chiche Gelblung se consolidó como exponente del periodismo televisivo con formatos que iban del análisis a lo declarativo y lo experimental. Programas como Memoria (Canal 9) marcaron época por la osadía de sus investigaciones y por cruzar con irreverencia los límites entre la crónica y la ficción. Entre las notas más resonantes se cuentan las investigaciones sobre el estafador Ricardo Gil Lecha y la desmitificación de la autopsia del extraterrestre de Roswell.
Con la mirada puesta en el compromiso personal, declaraba: “Guardias de 24 horas, de 48 horas, yo las hice. No le pido a nadie algo que no pueda hacer yo mismo”, explicó. Era reconocido como “jefe exigente”, pero defendía un liderazgo basado en el ejemplo y en la honestidad con sus equipos: “Nunca falté el respeto, jamás acosé a nadie. Soy gritón, pero bajo mis mismas reglas”.
La actividad periodística se extendió a ciclos radiales en La Red, Continental, Radio 10, Radio Rivadavia y La 100, así como la creación de portales digitales como Minuto Uno, Infoveloz y Rating Cero. Gelblung se definía a sí mismo como impulsado por la “curiosidad” y destacaba “el hambre como fórmula de vitalidad”.
Incluso en sus últimos años, al frente de su programa de Crónica TV, Chiche mantuvo una agenda intensa y realizó coberturas internacionales en zonas de guerra, como Ucrania en 2022, a los 79 años. “Hay que estar donde hay que estar. Roma, París, Vietnam, Biafra, Yom Kipur, la guerra de los Seis Días… siempre elegí los escenarios complejos”, decía.
Su vida, marcada por el desafío constante y el impulso de la curiosidad, permanece como testimonio para quienes buscan comprender la historia reciente de los medios en Argentina. El recorrido de Gelblung confirma que, mientras existan sueños, la historia personal nunca está realmente concluida.