El senador y exgobernador tucumano, Juan Manzur, recorre toda la provincia. Ante una importante cantidad de dirigentes, en Yerba Buena, dio un discurso que dará qué hablar en el peronismo y que seguro incomoda a la Casa de Gobierno
Por la redacción de SIN CODIGO
El peronismo tucumano ya no disimula los dejos de piedad ni los buenos modales. Lo que hasta hace poco se jugaba en duelos de pasillo y gestos fríos en actos oficiales, acaba de convertirse en una guerra abierta.
Desde Yerba Buena, y custodiado por sus leales Pablo Yedlin y Fernando Juri Debo, Manzur levantó la voz para lanzar una ofensiva directa contra el oficialismo provincial con un libreto cargado de dinamita política.
El exgobernador dejó en claro que su retorno a la cancha local es un hecho y que la puesta en escena busca descolocar al armado oficial. Al prometer un gran anuncio de candidatura rodeado por la estructura pesada del peronismo nacional —gobernadores, intendentes, la conducción de la CGT y legisladores nacionales—, Manzur proyecta un mensaje contundente: la marca registrada del PJ le pertenece a él, mientras que Osvaldo Jaldo opera, según su lectura, bajo el paraguas y la sintonía del Gobierno de Javier Milei.
“Cuando tengamos que hacer el anuncio que el peronismo está esperando acá en Tucumán, no tengan dudas, van a venir mucha gente, van a venir gobernadores peronistas de Argentina, van a venir intendentes de toda la Argentina peronista, van a venir los secretarios generales de los gremios y la CGT que defienden a los trabajadores, van a venir senadores nacionales, van a venir senadores nacionales, diputados nacionales”, expresó a la dirigencia Manzur.
Y continuó, “Y con todo el peronismo aquí en Tucumán, vamos a decirles comenzamos la reconstrucción para que Tucumán vuelva a ser peronista compañeros”. Para finalizar dijo: “A no bajar los brazos, no es para asustarse compañeros y compañeras, y vamos por un gran triunfo del peronismo en Tucumán”.
El trazo grueso del discurso es brutal. Al sostener que en ese hipotético acto se dará inicio a “la reconstrucción de Tucumán para que vuelva a ser peronista”, Manzur borra de un plumazo la identidad partidaria de la actual gestión y sitúa explícitamente a Jaldo fuera del movimiento. Es la primera vez que el senador nacional le pone megáfono a la fractura con semejante nivel de definición.
En las oficinas de 25 de Mayo y San Martín el impacto no pasará desapercibido. La jugada de Manzur busca acorralar al jaldismo en el terreno ideológico, forzándolo a definir si su pragmatismo con la Casa Rosada es una estrategia de gobernabilidad o una conversión definitiva al credo libertario.
La contienda apenas empieza y el tablero provincial promete movimientos telúricos en los próximos días. Las cartas ya están sobre la mesa: un manzurismo que busca la legitimación federal y un jaldismo que ostenta la lapicera y la territorialidad cotidiana.