En el tablero político de Tucumán, las impugnaciones por residencia suelen ser un recurso recurrente cuando faltan argumentos de fondo. El antecedente de Ramón “Palito” Ortega
Por la redacción de SIN CODIGO
El blanco reciente de estas críticas es Lisandro Catalán, referente de La Libertad Avanza en la provincia, a quien ciertos sectores intentan acorralar cuestionando su arraigo territorial a la luz del Artículo 88 de la Constitución Provincial, el cual exige dos años de residencia inmediata para aspirar a la gobernación.
O el cuestionamiento al diputado nacional del mismo partido, Federico Pelli, que si vive en Yerba Buena -donde pretende ser candidato a Intendente- o vive a cuadras del límite del Municipio. Sin embargo, el debate tropieza rápidamente con la realidad de los hechos y la propia historia parlamentaria tucumana.
Raíces, derecho y la realidad del desarraigo
El primer dato insoslayable es que Lisandro Catalán es tucumano de nacimiento y de formación. Se crió y estudió en la provincia y se graduó como abogado en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Si en algún momento trasladó su centro de actividades a Buenos Aires, fue por el mismo devenir personal y profesional que afecta a miles de tucumanos que deben migrar en busca de oportunidades académicas o laborales.
Tildar de “foráneo” a quien se formó en las aulas de la UNT y tiene su domicilio legal en la provincia resulta, en el mejor de los casos, una contradicción lógica; en el peor, una chicana electoral de vuelo corto.
El precedente de 1991: la lección de Palito Ortega
Quienes hoy rasgan sus vestiduras por la residencia de Catalán o lo llaman “El Foráneo” parecen sufrir una conveniente amnesia histórica. Tucumán ya sentó un precedente definitivo sobre este tema a principios de los años noventa, de la mano de una figura emblemática del propio peronismo: Ramón “Palito” Ortega.
En 1991, impulsado por el entonces Presidente Carlos Menem (PJ), Ortega regresó del exterior para competir por la gobernación de Tucumán. Vale aclarar que “Palito” residía en Miami, Estados Unidos, por cuestiones laborales. Es sabido que el cantante nació en Lules, Tucumán, y migró a Buenos Aires, primero, donde creció artísticamente y se convirtió en un ícono de la música.
La oposición tucumana de aquel entonces intentó frenarlo con el argumento de la residencia. La respuesta institucional y jurídica fue contundente: su condición de nativo de la provincia, sumada a la regularización de su domicilio formal, fue suficiente para desestimar las impugnaciones y permitirle competir —y ganar— en las urnas. Finalmente, Palito asumió la gobernación de la provincia el 29 de octubre de 1991.
Miedos de trinchera y la hora de las urnas
Nadie dudó jamás de la tucumanía de Palito Ortega por haber triunfado fuera de su tierra. Aplicar un rasero distinto, para Catalán o para Pelli, expone la doble vara con la que opera cierta dirigencia local.
En lugar de recurrir a artilugios legalistas para entorpecer la participación de nuevos actores, la política tucumana debería discutir proyectos, gestión e ideas para la provincia.
A la hora de la verdad, la tucumanía no se mide en sellos de pasaporte ni en carpetas burocráticas: se somete y se revalida directamente en las urnas.