Nueve de los diez sismos más fuertes registrados en 2026 ocurrieron en la zona que enmarca al mayor océano del planeta. Las razones científicas detrás de la marcada estadística
El Cinturón de Fuego del Pacífico concentra el 90% de los terremotos y más de la mitad de los volcanes activos del planeta, lo que lo convierte en la región sísmica y volcánica más activa de la Tierra.
El reciente terremoto de magnitud 7,7 en Indonesia y el de 7,4 registrado en Colombia, ocurridos en menos de una semana, evidenció una vez más la intensidad y la frecuencia de los fenómenos extremos que caracterizan a este extenso anillo tectónico.
Este último terremoto, que tuvo epicentro en San José del Palmar, en el Departamento del Chocó, y una profundidad de 107 kilómetros, dejó casi 300 muertos, miles de heridos y provocó el derrumbe de edificios en ciudades como Cali, Pereira y Manizales, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
De acuerdo con el monitoreo de USGS, entre el 7 y el 14 de agosto se registraron 98 sismos de magnitud 4.5 o superior alrededor del mundo. Y aquí el Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona en la que convergen y se rozan varias placas tectónicas, fue protagonista.
Esta región, también conocida como cinturón circumpacífico, recorre más de 40.000 kilómetros alrededor del Océano Pacífico y conecta países tan diversos como Chile, México, Japón, Filipinas, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Canadá, entre otros.
“En el caso de América del Sur, todo el fondo del océano Pacífico, que es conformado por las tres placas tectónicas llamadas Cocos, Nazca y Antártica, se hunde por debajo de Sudamérica. Cocos está en Centroamérica, Nazca va desde Colombia hasta la mitad de Chile, y Antártica es la parte sur de Chile a Argentina”, explicó el geólogo Andrés Folguera, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador del CONICET,
Según detalló, también hay sectores donde la placa pacífica se hunde por debajo del continente. En México, está en las Aleutianas, en Kamchatka, y también las hay en Japón, en las islas Filipinas, en Papúa Nueva Guinea y Nueva Zelanda. Son todas las zonas en las cuales el fondo del Océano Pacífico se hunde por debajo del continente.
El reciente evento sísmico en Colombia se relacionó directamente con el fenómeno de subducción, un proceso geológico en el que la placa de Nazca, situada en el Pacífico, se desplaza bajo la placa Sudamericana.
Este movimiento tectónico, que avanza hacia el este, explica la recurrencia de sismos en la región y su intensidad. La acumulación y liberación de energía en la corteza terrestre es una consecuencia inevitable del desplazamiento y fricción de las placas, lo que determina la alta frecuencia de estos fenómenos en la zona.
El Cinturón de Fuego del Pacífico no solo destaca por su actividad sísmica alberga también la mayor cantidad de volcanes y supervolcanes del planeta. Según el Smithsonian Global Volcanism Program, en esta franja existen 687 volcanes que registraron actividad durante el Holoceno, lo que representa cerca del 57% de los volcanes activos del mundo.
La intensa actividad tectónica y volcánica de la región se refleja también en los sistemas de monitoreo y prevención desarrollados por los países más expuestos, como Japón, Chile, México y Estados Unidos, que han implementado protocolos de evacuación y normas estrictas de construcción para reducir los riesgos ante eventos extremos.
Un anillo que recorre América, Asia y Oceanía
El Anillo de Fuego circunda el Océano Pacífico y atraviesa la costa occidental de América Latina, desde Chile hasta Canadá, pasando por países como Colombia, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, México y Estados Unidos.
Al norte, el cinturón se dobla a la altura de las Islas Aleutianas, entre Alaska y la península de Kamchatka, para descender luego por la costa y las islas de Rusia oriental, Japón, Taiwán, Filipinas, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Tonga, Vanuatu y Nueva Zelanda.
La lista de países puede variar según la definición tectónica usada, ya que el término tiene un uso divulgativo y no existe una frontera oficial, como advierte el Smithsonian Institution.
La clave de la elevada actividad sísmica y volcánica del Cinturón de Fuego reside en la interacción de numerosas placas tectónicas. Entre las principales se encuentran la del Pacífico, Nazca, Cocos, Caribe, Norteamericana, Sudamericana, Filipina y Juan de Fuca.
En cada sector, estas placas pueden chocar, separarse o deslizarse lateralmente, generando enormes cantidades de energía almacenada. Cuando la tensión acumulada supera la resistencia de las rocas, se libera de forma repentina y da origen a terremotos y, en ocasiones, a tsunamis si el movimiento sísmico desplaza verticalmente el fondo marino.
El fenómeno de subducción, por el cual una placa tectónica se introduce bajo otra, explica la formación de zonas de gran peligro sísmico y volcánico. En el caso de Colombia, la subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana fue la causa del reciente sismo. En otros puntos del anillo, la interacción de placas como la del Pacífico y la Norteamericana, o la de Filipinas y la Euroasiática, crea zonas de alta complejidad tectónica y riesgo elevado.
La actividad del Cinturón de Fuego es constante. Solo en las últimas semanas, dos terremotos de magnitud 6,3 sacudieron Filipinas y las islas Kermadec, en el Pacífico, a lo que se sumó otro frente a las costas de México y un cuarto de magnitud 6,8 en la región japonesa de Kumamoto. El archipiélago japonés, en la confluencia de cuatro placas tectónicas, es un ejemplo de la frecuencia de los sismos en esta zona, donde los temblores forman parte de la vida cotidiana.
El riesgo geológico del Cinturón de Fuego no implica que un terremoto importante sea inminente en cualquier punto de la región. La ciencia permite identificar fallas, estimar probabilidades y vigilar la acumulación de tensión, pero no existe un método capaz de predecir con precisión el día, la hora y el lugar exactos de un gran terremoto.
La vigilancia permanente mediante redes modernas de sensores y comunicaciones digitales permite detectar movimientos sísmicos en tiempo real y compartir la información de manera inmediata en todo el mundo.
La elevada exposición de los países situados en el Cinturón de Fuego explica el desarrollo de sistemas avanzados de monitoreo sísmico, normas especiales para la construcción de infraestructuras y protocolos de evacuación. Japón, por ejemplo, cuenta con una de las redes de sensores más densas y tecnológicamente avanzadas, mientras que Chile y México aplican estrictos códigos de edificación para reducir el impacto de futuros eventos extremos.
El Cinturón de Fuego del Pacífico seguirá bajo observación permanente. La interacción de las placas tectónicas continúa acumulando y liberando energía, haciendo de esta franja geológica la mayor zona de riesgo sísmico y volcánico del mundo.
La diferencia respecto a épocas anteriores radica en la capacidad de detección y la inmediatez de la información, que permite a la sociedad prepararse mejor ante los desafíos de una región donde la Tierra demuestra, de forma constante, su poder de transformación.
Créditos: Víctor Ingrassia