La Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) es una de las empresas de la provincia más cuestionada por los ciudadanos. La falta de agua potable en diferentes barrios, la presencia de líquidos cloacales en las calles y la ausencia de tapas en las bocacalles que ocasionan accidentes
Tucumán se ha convertido en una provincia donde caminar por la calle implica esquivar olores fétidos, efluentes cloacales y trampa tras trampa en el pavimento. La Sociedad Aguas del Tucumán (SAT), conducida por Marcelo Caponio, acumula cuestionamientos diarios de una ciudadanía agotada que no encuentra correlato entre los discursos de gestión y la desgarradora realidad que se respira en los barrios de la provincia.
El punto límite de esta crisis se rozó hace apenas unos días en el Barrio Villa Luján: un niño de tres años cayó dentro de una excavación abierta con líquidos servidos y sin la correspondiente señalización de seguridad. El menor debió permanecer internado tras ingerir aguas residuales.
Aunque afortunadamente el pequeño fue dado de alta y evoluciona favorablemente, el hecho encendió todas las alarmas sobre el peligro latente al que están expuestos a diario miles de tucumanos.
Promesas y números que distan del mapa urbano
En declaraciones ante la consulta del medio SIN CODIGO sobre la falta de resultados palpables en la gestión de la empresa estatal, Caponio ofreció una mirada diametralmente opuesta a la percepción de los vecinos: “Estamos solucionando la provisión de agua potable. Cuando asumí había 100 barrios sin agua potable, hoy no sucede eso”, aseveró el titular de la SAT.
Sin embargo, para las miles de familias que sufren baja presión permanente, cortes intempestivos o directamente la ausencia del recurso en días de altas temperaturas, las estadísticas oficiales resultan abstractas.
Respecto al crónico colapso de las redes de saneamiento, Caponio reconoció el estancamiento pero pidió tiempo: “Va a llevar un tiempo solucionarlo, pero estamos trabajando. Estamos saliendo de la crisis de agua potable, vamos a poner todo el esfuerzo en recuperar todos estos problemas. Sabemos de los reclamos, sabemos de dónde venimos. Hay muchos problemas, pero estamos solucionándolos”.
La pregunta que resuena en las calles es cuánto tiempo más requiere una infraestructura que ya no admite demoras ni parches. Mientras las autoridades afirman “estar trabajando”, las esquinas de San Miguel de Tucumán y municipios aledaños continúan inundadas de aguas servidas que no solo destruyen el pavimento, sino que representan un foco infeccioso constante a la vista de todos.
Morosidad del 50%: ¿Falta de voluntad de pago o falta de servicio?
Otro de los puntos álgidos abordados por el funcionario fue la situación financiera de la entidad. Caponio remarcó que existe una morosidad de alrededor del 50% en el pago de la factura del agua e instó a la comunidad a regularizar sus deudas, advirtiendo que la SAT se sostiene únicamente con la recaudación propia y el auxilio del Gobierno provincial.
La apelación de la empresa abre un debate ético y legal en la sociedad tucumana: ¿se le puede exigir el pago puntual de un servicio esencial a un usuario que pasa días sin agua en el grifo o que convive con un río de aguas servidas en la puerta de su casa? La resistencia al pago, más que un acto de morosidad irresponsable, se ha transformado en un síntoma directo de la desatención del servicio.
Una gestión contra el reloj
La tragedia rozada con el accidente del menor en Villa Luján desnudó que la desidia en la vía pública ya no solo implica un problema de infraestructura o calidad de vida, sino un riesgo directo para la integridad física de la población.
Entre la herencia recibida y los tiempos de ejecución, la conducción de Marcelo Caponio apela a la paciencia. Pero en una provincia donde los pozos sin tapa se tragan peatones y las cloacas desbordadas tapizan los barrios, la paciencia social ya parece haberse agotado por completo.