La crisis del agua en Tucumán: promesas secas y respuestas que no llegan

Desde esta columna se ha remarcado en reiteradas oportunidades la ausencia, en diferentes zonas de la provincia, de un recurso básico y esencial para la vida humana: el agua potable

Por la redacción de SIN CODIGO

No estamos ante una crisis focalizada ni ante un drama exclusivo del interior profundo; la escasez afecta al corazón de la capital y a los municipios del Gran San Miguel. Tampoco se limita a sectores vulnerables donde históricamente la inversión estatal ha sido relegada: afecta de lleno a zonas de alto poder adquisitivo, como el centro tucumano o Yerba Buena.

Ante este panorama, la pregunta que se hace el ciudadano común es inevitable: ¿está la empresa estatal Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) a la altura de las circunstancias? ¿Lo está su presidente, Marcelo Caponio?

Mientras el gobernador Osvaldo Jaldo transita la recta final de su mandato, la problemática en lugar de amainar empeora a diario. La duda persiste: ¿se trata de una falta estructural de inversión o de la ineficiencia en la gestión conducida por Caponio? Son interrogantes cotidianos que hasta ahora solo encuentran silencio o respuestas evasivas. La crisis del agua arrastra años, pero en el periodo reciente con la actual conducción al frente, los resultados no han mostrado mejoría.

Y cabe aclarar el término: falta agua potable, porque de aguas servidas y derrames cloacales la provincia está colmada. Aquí un punto. Caponio tuvo la gran idea de pedir a la Municipalidad de San Miguel de Tucumán que no autorice la construcción de más edificios por tener una red cloacal obsoleta. ¿No se le ocurrió a Caponio hacer obras cloacales ante la modernización de la Ciudad?

Tampoco ha mejorado la atención al usuario. Semanas atrás se expuso el caso de un vecino de la calle José Colombres al 300, en la capital, que permaneció diez días consecutivos sin suministro. Tras acudir personalmente a las oficinas de la SAT sin obtener respuesta ni solución, la situación apenas mutó a un servicio intermitente. La solución terminó siendo privada y por cuenta propia. La SAT, bien gracias.

Otro caso que llega con frecuencia a la redacción de SIN CODIGO es el de los vecinos de Yerba Buena, en calle Caracas al 2300. Allí la lógica se invirtió: lo habitual es no tener agua; lo excepcional es que salga algo de la canilla. La respuesta oficial se repite como un libreto automatizado: “Hubo un inconveniente en la zona y estamos trabajando para solucionarlo”. Sin embargo, el fallo se reitera semana a semana y año a año.

Más allá de cualquier evaluación subjetiva, los hechos y los resultados de la gestión estatal están a la vista de la comunidad. Quienes dirigen los destinos de la provincia deberían detenerse a considerar las necesidades prioritarias de los ciudadanos a los que acudirán a pedir el voto en las elecciones.

La paciencia tiene un límite y la demanda exige soluciones concretas conducidas por equipos aptos para la tarea.

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