Actos oficiales y caos vehicular: una costumbre que castiga a los tucumanos

Cada vez que se anuncia un acto oficial en Tucumán, miles de ciudadanos saben que deberán prepararse para una consecuencia inevitable: cortes de calles, embotellamientos y demoras que alteran por completo la rutina diaria

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Cada vez que se anuncia un acto oficial en Tucumán, miles de ciudadanos saben que deberán prepararse para una consecuencia inevitable: cortes de calles, embotellamientos y demoras que alteran por completo la rutina diaria

Por SIN CODIGO

Este martes volvió a ocurrir. El Gobierno provincial realizó el acto por los 85 años del Instituto Superior de Policía, una ceremonia institucional importante y merecedora de reconocimiento. Sin embargo, la polémica no estuvo en el homenaje sino en el lugar elegido para llevarlo adelante: la avenida Mate de Luna, a la altura del parque Avellaneda, una de las arterias más transitadas y estratégicas de la capital tucumana.

La Mate de Luna no es una calle cualquiera. Se trata de una vía neurálgica que conecta a Yerba Buena con San Miguel de Tucumán y por donde circulan diariamente miles de automovilistas, motociclistas, unidades de transporte público y servicios esenciales. Realizar allí un acto en plena hora pico implicó complicaciones para una enorme cantidad de personas que intentaban cumplir con sus obligaciones cotidianas.

Decenas de lectores se comunicaron con SIN CÓDIGO para expresar su malestar. Padres que debían llevar a sus hijos a la escuela, trabajadores que llegaron tarde a sus empleos, pacientes que perdieron turnos médicos programados desde hacía semanas y ciudadanos que quedaron atrapados en interminables filas de vehículos manifestaron su impotencia ante una situación que consideran evitable.

La pregunta que surge es simple: ¿no existen otros lugares para realizar este tipo de actos sin paralizar parte de la ciudad? Tucumán cuenta con numerosos espacios públicos, predios y dependencias donde pueden desarrollarse ceremonias oficiales sin afectar de manera tan directa la circulación urbana.

Nadie discute la importancia de los actos institucionales ni el derecho del Gobierno a realizarlos. Lo que muchos ciudadanos cuestionan es la falta de planificación y de consideración hacia quienes deben trabajar, estudiar o atender cuestiones de salud. Las calles no pertenecen a los funcionarios de turno sino a toda la comunidad.

Y si por razones de organización resulta inevitable efectuar cortes programados, al menos debería existir una política seria de información previa. En tiempos donde las redes sociales permiten llegar de manera instantánea a miles de personas, resulta incomprensible que no se implementen campañas de difusión con suficiente anticipación para que los vecinos puedan reorganizar sus recorridos y evitar inconvenientes.

La falta de previsión termina alimentando un malestar social cada vez más evidente. Porque mientras los funcionarios participan de actos protocolares, miles de tucumanos ven alterada su jornada por decisiones tomadas sin tener en cuenta el impacto que generan.

Tal vez haya llegado el momento de que las autoridades comprendan que gobernar también implica respetar el tiempo de los ciudadanos.

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