La Universidad Nacional de Tucumán en modo “casta”: la re-reelección que pone en jaque el ejemplo institucional

El actual rector, Sergio Pagani, junto a su compañera, Mercedes Leal (vicerrectora), y que cumplen dos mandatos seguidos (legal), inscribieron su fórmula para competir por el período 2026-2030 (sería el tercero)

Por SIN CODIGO

La política tucumana tiene una vieja maña: cuando la ley incomoda, se interpreta; cuando limita, se reforma; y cuando prohíbe, se rodea. Ahora, esa lógica —tan criticada en la dirigencia— parece haber cruzado de lleno las puertas de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT).

El rector Sergio Pagani oficializó su candidatura para un nuevo período (2026-2030) junto a la actual vicerrectora Mercedes Leal, reabriendo una discusión que ya no es solo jurídica, sino profundamente ética e institucional. Porque según el estatuto universitario, solo pueden aspirar a dos mandatos seguidos.

La postulación no es un hecho aislado: ocurre luego de semanas de tensión, presentaciones judiciales y un fallo federal que evitó pronunciarse sobre la legalidad de una eventual tercera candidatura, dejando la puerta abierta a interpretaciones.

El argumento: “borrón y cuenta nueva”

El oficialismo universitario sostiene que la reforma del estatuto habilita una nueva lectura de los mandatos. En otras palabras, que con nuevas reglas, el contador vuelve a cero.

Pero aquí aparece el primer problema: distintos sectores sostienen que el estatuto vigente mantiene el límite de una sola reelección consecutiva, lo que impediría un tercer mandato.

Es decir, la discusión no es técnica. Es política. Y sobre todo, es moral.

La peligrosa familiaridad con la vieja política

El mecanismo no es nuevo. En Tucumán ya se vio algo similar con el ex gobernador José Alperovich, o con el formoseño Gildo Insfrán: reformas, reinterpretaciones y la misma conclusión de siempre —seguir en el poder.

La lógica es conocida: no es reelección, es continuidad institucional. No es perpetuarse, es garantizar estabilidad.

Pero la traducción social suele ser otra: no se quieren ir.

La universidad como espejo o como excepción

Aquí es donde el caso adquiere una dimensión más delicada. No se trata de un municipio ni de una gobernación. Se trata de una Universidad Pública, una institución que debería formar ciudadanos críticos, respetuosos de las normas y comprometidos con la ética pública.

La Universidad Nacional de Tucumán no es un poder del Estado más: es un espacio de construcción de pensamiento, de debate, de formación democrática.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿Qué mensaje se le da a la sociedad —y sobre todo a los estudiantes— cuando se busca forzar los límites de la norma para sostenerse en el poder?

Más que una candidatura, una señal

La candidatura de Pagani no solo define quién conducirá la UNT. Define algo más profundo:
si la universidad se diferencia de la política tradicional… o si termina pareciéndose demasiado.

Porque cuando la interpretación de las reglas se vuelve funcional al poder de turno, la institucionalidad deja de ser un marco y pasa a ser una herramienta. Y ahí, la discusión deja de ser legal. Pasa a ser de valores.

En tiempos donde la política argentina es cuestionada por su falta de límites, la Universidad Nacional de Tucumán tiene la oportunidad —y la obligación— de marcar un camino distinto.

Si no lo hace, si repite las mismas prácticas que dice criticar, el problema ya no será de la política. Será de la educación. Y eso es mucho más grave.

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