Acevedo blanqueó su intención de volver a integrar la fórmula con Osvaldo Jaldo en 2027
Por SIN CODIGO
Hay dirigentes que dejan huella. Y hay otros que dejan apenas una sombra borrosa de haber pasado por un cargo.
El vicegobernador de Tucumán, Miguel Acevedo, ya blanqueó su deseo de volver a acompañar a Osvaldo Jaldo en la fórmula gubernamental de cara a las elecciones del 2027. La pregunta es inevitable: ¿repetir qué exactamente?
Porque si algo caracterizó a Acevedo en estos años fue su capacidad casi sobrenatural para pasar desapercibido ocupando uno de los cargos más importantes de la provincia.
Su gestión al frente de la Legislatura más cara del país será recordada por una sola cosa: la irrelevancia, o mejor dicho “la neutralidad”.
Acevedo nunca llegó por mérito electoral propio. Fue una solución de emergencia de Juan Manzur cuando la Justicia le cerró la puerta a su candidatura, en el 2023. Un vice de ocasión. Un nombre puesto a dedo. Un dirigente que no figuraba en el radar electoral y que terminó confirmando por qué no figuraba.
Desde que asumió:
- No impulsó una sola reforma estructural de peso.
- No hubo ley de acceso a la información pública.
- No hubo boleta única.
- No hubo intento serio de terminar con el escándalo de los acoples.
- No hubo reducción del gasto político.
- No hubo austeridad.
- No hubo modernización.
Lo que sí hubo fue más presupuesto, más estructura y más burocracia para una Legislatura que ya era obscenamente costosa.
- Tampoco se lo vio en las grandes discusiones de Tucumán.
- No destrabó conflictos.
- No articuló consensos.
- No generó poder político propio.
- No fue nexo con sectores productivos.
- No acercó inversiones.
- No ayudó a diseñar una provincia más competitiva.
Acevedo fue un vicegobernador decorativo, al menos hasta ahora. Su gestión se resume en fotos, placas, homenajes, actos protocolares y sonrisas institucionales. O el polémico respaldo al Encuentro Global de Infancias Trans, que luego se suspendió.
Cuando Tucumán sufrió inundaciones devastadoras, su presencia fue prácticamente inexistente. Pero para asistir a una función de circo sí hubo tiempo. Una imagen casi perfecta de su mandato: mientras la provincia se inundaba, el vice estaba en el espectáculo.

De hecho, Acevedo parece sentirse más cómodo en actos municipales junto a Rossana Chahla que en la primera línea de la gestión provincial.
En tiempos donde la política exige liderazgo, decisión y coraje para empujar transformaciones, Acevedo eligió la comodidad del silencio.
Por eso, su pretensión de repetir no parece una construcción política seria sino un acto de fantasía personal. Aunque en política todo se puede esperar.
Acevedo será recordado como el hombre que presidió la Legislatura más cara del país…
sin hacer prácticamente nada memorable con ella.
Y aun así quiere otros cuatro años. En política, pedir continuidad después de una gestión así no es ambición. Es desconocer la realidad.
